/ miércoles 29 de julio de 2020

Unidad para el norte

Por si fuera poco la crisis que está viviendo nuestro país, tanto económica como de salud, generada por la pandemia de coronavirus, ahora ya tenemos encima la temporada de huracanes, de los cuales ya se han activado de forma importante, generando que uno de ellos ya haya dejado destrozos importantes en el norte de nuestro país.

El huracán Hanna tocó tierra en Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León, propiciando la muerte de tres personas y la desaparición de otras cuatro, además de cuantiosos daños a las viviendas de decenas de familia de esos estados a pesar de que ya se ha degradado su categoría a ciclón tropical. De hecho, esta catástrofe natural ha afectado hospitales de la zona generando inundaciones importantes y con ello la evacuación de pacientes que se encuentran enfrentando los estragos de la pandemia mundial.

Es importante señalar que México ha tenido que convivir siempre con este tipo de fenómenos naturales que han arrasado con colonias que, de por sí, viven inmersas en dificultades económicas y que hoy en día parece que la reconstrucción será más difícil y lenta en comparación con otras ocasiones en que el gobierno tenía capacidad económica y de respuesta. Hoy, sin duda, los gobiernos estatales y federales se encuentran más vulnerables que nunca.

Desde luego, el apoyo del Ejército como todas las otras ocasiones ha sido incondicional y de élite, ya que han demostrado siempre ser los mejores aliados de las y los mexicanos en las tragedias, es donde deben estar y es la mejor forma en que aportan día con día. Es un orgullo y un privilegio tener a un cuerpo de militares comprometido con su país más allá de señalamientos por sus actividades castrenses.

Asimismo, esta tragedia debe servir para determinar cuál es la capacidad gubernamental para empatizar con nuestras y nuestros hermanos que cayeron en desgracia. En este momento, tanto la federación como los estados deben mantenerse unidos, en comunicación y más proactivos que nunca, ya que deberán operar con rapidez, pero sin dejar de atender la pandemia que, en casos como el del paso de un huracán, los hacinamientos y la lucha contra las condiciones climáticas pueden volver más cruda la situación.

Por otro lado, este tipo de desgracias nos recuerdan que la naturaleza es implacable y que no distingue de circunstancias externas, por lo que la exigencia de unidad como pueblo mexicano debe prevalecer como en muchas otras circunstancias adversas que hemos vivido. Además de la resiliencia requerimos hermandad y sensibilidad para saber que todo el apoyo se debe volcar para esos estados que la están pasando mal no solo por lo inmediato, sino por las circunstancias de servicios y vivienda que, en breve, se convertirán en un problema a resolver.

En momentos así no hay partidos, no hay sectores, no hay divisiones, sino una idea de unidad que debe prevalecer por encima de los señalamientos que algunas personas persisten en mantener y dejar de lado sus convicciones humanitarias. Así, con lo grave de la situación, el huracán Hanna nos recuerda que contra la unidad no hay adversidad que pueda.

Por si fuera poco la crisis que está viviendo nuestro país, tanto económica como de salud, generada por la pandemia de coronavirus, ahora ya tenemos encima la temporada de huracanes, de los cuales ya se han activado de forma importante, generando que uno de ellos ya haya dejado destrozos importantes en el norte de nuestro país.

El huracán Hanna tocó tierra en Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León, propiciando la muerte de tres personas y la desaparición de otras cuatro, además de cuantiosos daños a las viviendas de decenas de familia de esos estados a pesar de que ya se ha degradado su categoría a ciclón tropical. De hecho, esta catástrofe natural ha afectado hospitales de la zona generando inundaciones importantes y con ello la evacuación de pacientes que se encuentran enfrentando los estragos de la pandemia mundial.

Es importante señalar que México ha tenido que convivir siempre con este tipo de fenómenos naturales que han arrasado con colonias que, de por sí, viven inmersas en dificultades económicas y que hoy en día parece que la reconstrucción será más difícil y lenta en comparación con otras ocasiones en que el gobierno tenía capacidad económica y de respuesta. Hoy, sin duda, los gobiernos estatales y federales se encuentran más vulnerables que nunca.

Desde luego, el apoyo del Ejército como todas las otras ocasiones ha sido incondicional y de élite, ya que han demostrado siempre ser los mejores aliados de las y los mexicanos en las tragedias, es donde deben estar y es la mejor forma en que aportan día con día. Es un orgullo y un privilegio tener a un cuerpo de militares comprometido con su país más allá de señalamientos por sus actividades castrenses.

Asimismo, esta tragedia debe servir para determinar cuál es la capacidad gubernamental para empatizar con nuestras y nuestros hermanos que cayeron en desgracia. En este momento, tanto la federación como los estados deben mantenerse unidos, en comunicación y más proactivos que nunca, ya que deberán operar con rapidez, pero sin dejar de atender la pandemia que, en casos como el del paso de un huracán, los hacinamientos y la lucha contra las condiciones climáticas pueden volver más cruda la situación.

Por otro lado, este tipo de desgracias nos recuerdan que la naturaleza es implacable y que no distingue de circunstancias externas, por lo que la exigencia de unidad como pueblo mexicano debe prevalecer como en muchas otras circunstancias adversas que hemos vivido. Además de la resiliencia requerimos hermandad y sensibilidad para saber que todo el apoyo se debe volcar para esos estados que la están pasando mal no solo por lo inmediato, sino por las circunstancias de servicios y vivienda que, en breve, se convertirán en un problema a resolver.

En momentos así no hay partidos, no hay sectores, no hay divisiones, sino una idea de unidad que debe prevalecer por encima de los señalamientos que algunas personas persisten en mantener y dejar de lado sus convicciones humanitarias. Así, con lo grave de la situación, el huracán Hanna nos recuerda que contra la unidad no hay adversidad que pueda.

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