/ miércoles 22 de diciembre de 2021

Navidad en familia pero con responsabilidad

En cuestiones emocionales, espirituales, místicas, de cohesión familiar y de reflexión, la celebración de Navidad arraiga a muchas y muchos mexicanos con la intención de pasar tiempo en el núcleo que ha sido severamente lastimado por unas circunstancias de salud y económicas sumamente graves para un país que de por sí había sufrido mucho antes de la pandemia por COVID 19.

Quizá más que el 2020, el 2021 fue un año denso para muchas personas que perdieron sus empleos o que frente a una vacunación acelerada no alcanzaron a ver a todos los miembros de sus familias inoculado y quedaron en la orilla entre vivir y morir. Un año que cimbró estructuras sociales que, incluso, eclipsaron el sueño de emprendedores y de empleos medianamente estables ante una falta de apoyo económico.

Navidad es un espacio perfecto para la reflexión personal ya que aún sin enfocarse en todo lo sucedido en el año, es una introspección individual que culmina con buenos deseos a nuestro alrededor para mejorar como seres humanos en todos los ámbitos de nuestra vida. Es importante transmitir paz y tranquilidad en épocas como esta dado que buscamos dar en reciprocidad todo lo que hemos recibido de nuestros seres queridos.

Lo lamentable de la situación es que, a pesar de que son de las mejores épocas del año que nos permite reencontrarnos con seres queridos, la pandemia que azota al mundo no nos ha dado tregua. Si bien ya tenemos una vacuna, es cierto que contamos con más medicamentos probados para afrontar esa terrible enfermedad, la variante Ómicron pone nuevamente sobre la palestra lo frágiles que somos regresándonos al ojo del huracán de la situación.

Los últimos descubrimientos afirman que esta nueva cepa es más resistente a los medicamentos que curan la enfermedad, es más contagiosa y, además, tiene mayor capacidad de transmisión entre personas vacunadas o que ya sufrieron la enfermedad, lo cual echa por la borda buena parte de la intención de la vacunación volviendo al punto inicial en que las medidas más simples son las que nos pueden salvar.

En efecto, la sana distancia, el lavado de manos y el uso permanente de cubrebocas en espacios tanto abiertos como cerrados, son al día de hoy la única vía para parar los contagios crecientes en medio de una época en que proliferan las enfermedades respiratorias y en que la distancia social se convierte en una resistencia absoluta por parte de las personas.

Una sociedad que ha sufrido tanto se niega a sacrificar un milímetro más de su cotidianeidad en restaurantes, reuniones familiares, trabajos, negocios y muchas otras actividades diarias que, estrictamente, debieran cerrarse para dar lugar a un confinamiento generalizado, sobre todo cuando vemos de frente lo que sucede en países de Europa y en los propios Estados Unidos de América en donde el colapso de los hospitales vuelve.

Con todo eso, la resiliencia, la paciencia, la hermandad, el compañerismo y muchas otras virtudes que hemos desarrollado como sociedad, deben salir a flote para contrarrestar lo que podría ser uno de los tramos más difíciles de la pandemia y que sólo pueden combatirse con conciencia social. Por ello, entendemos el enorme deseo de abrazar a nuestras familias y amigos, sin embargo, ese amor profundo por ellos nos debe llevar a la mesura y a la toma de precauciones para evitar que en un par de meses lo lamentemos. En Navidad, necesitamos reflexionar para incluirnos en una dinámica donde el cariño se debe demostrar con responsabilidad.

En cuestiones emocionales, espirituales, místicas, de cohesión familiar y de reflexión, la celebración de Navidad arraiga a muchas y muchos mexicanos con la intención de pasar tiempo en el núcleo que ha sido severamente lastimado por unas circunstancias de salud y económicas sumamente graves para un país que de por sí había sufrido mucho antes de la pandemia por COVID 19.

Quizá más que el 2020, el 2021 fue un año denso para muchas personas que perdieron sus empleos o que frente a una vacunación acelerada no alcanzaron a ver a todos los miembros de sus familias inoculado y quedaron en la orilla entre vivir y morir. Un año que cimbró estructuras sociales que, incluso, eclipsaron el sueño de emprendedores y de empleos medianamente estables ante una falta de apoyo económico.

Navidad es un espacio perfecto para la reflexión personal ya que aún sin enfocarse en todo lo sucedido en el año, es una introspección individual que culmina con buenos deseos a nuestro alrededor para mejorar como seres humanos en todos los ámbitos de nuestra vida. Es importante transmitir paz y tranquilidad en épocas como esta dado que buscamos dar en reciprocidad todo lo que hemos recibido de nuestros seres queridos.

Lo lamentable de la situación es que, a pesar de que son de las mejores épocas del año que nos permite reencontrarnos con seres queridos, la pandemia que azota al mundo no nos ha dado tregua. Si bien ya tenemos una vacuna, es cierto que contamos con más medicamentos probados para afrontar esa terrible enfermedad, la variante Ómicron pone nuevamente sobre la palestra lo frágiles que somos regresándonos al ojo del huracán de la situación.

Los últimos descubrimientos afirman que esta nueva cepa es más resistente a los medicamentos que curan la enfermedad, es más contagiosa y, además, tiene mayor capacidad de transmisión entre personas vacunadas o que ya sufrieron la enfermedad, lo cual echa por la borda buena parte de la intención de la vacunación volviendo al punto inicial en que las medidas más simples son las que nos pueden salvar.

En efecto, la sana distancia, el lavado de manos y el uso permanente de cubrebocas en espacios tanto abiertos como cerrados, son al día de hoy la única vía para parar los contagios crecientes en medio de una época en que proliferan las enfermedades respiratorias y en que la distancia social se convierte en una resistencia absoluta por parte de las personas.

Una sociedad que ha sufrido tanto se niega a sacrificar un milímetro más de su cotidianeidad en restaurantes, reuniones familiares, trabajos, negocios y muchas otras actividades diarias que, estrictamente, debieran cerrarse para dar lugar a un confinamiento generalizado, sobre todo cuando vemos de frente lo que sucede en países de Europa y en los propios Estados Unidos de América en donde el colapso de los hospitales vuelve.

Con todo eso, la resiliencia, la paciencia, la hermandad, el compañerismo y muchas otras virtudes que hemos desarrollado como sociedad, deben salir a flote para contrarrestar lo que podría ser uno de los tramos más difíciles de la pandemia y que sólo pueden combatirse con conciencia social. Por ello, entendemos el enorme deseo de abrazar a nuestras familias y amigos, sin embargo, ese amor profundo por ellos nos debe llevar a la mesura y a la toma de precauciones para evitar que en un par de meses lo lamentemos. En Navidad, necesitamos reflexionar para incluirnos en una dinámica donde el cariño se debe demostrar con responsabilidad.

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