/ miércoles 3 de junio de 2020

La pandemia del desempleo

Uno de los impactos más grandes que ha dado la pandemia por Covid-19 en el mundo entero es el relacionado con el desempleo. Las afectaciones a grandes, medianas y pequeñas empresas son absorbidas en mayor medida por el factor humano, lo cual ha traído consigo un gran número de despidos por parte de empresas que los único que buscan es sobrevivir. En el peor de los casos, la empresa desaparece y no hay forma de paliar las crisis personales.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en materia de empleo nos encontramos en una circunstancia similar a la que se sufrió durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Al inicio de la pandemia ya se veían venir las crisis laborales, ya que cuatro de cada cinco empleados a nivel mundial o perdían sus empleos o sus horas de trabajo se veían drásticamente reducidas. Esta situación, de acuerdo con esa organización, provocará la pérdida de 195 millones de empleos a nivel global.

Lamentablemente, a la pandemia y sus estragos financieros se le suman las circunstancias anteriores a la entrada de la crisis, ya que, en buena medida no podemos culpar a esta situación de la precariedad laboral en muchos países. Desde luego, México se encuentra entre ellos.

Los datos oficiales a febrero arrojaban que nos encontrábamos ya en el registro más alto de subocupación en los últimos ocho años. De hecho, en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo elaborada por el INEGI, se encontró que 5.3 millones de trabajadores requería más hora laborales o un segundo empleo para apenas cubrir sus gastos esenciales. Por esto la perspectiva se vislumbra absolutamente oscura.

Ante esta falta de creación de empleos, el país se encontraba sumamente vulnerable frente a una pandemia que vino a destrozar todavía más a las empresas que, por si fuera poco, ha sido abandonado por su gobierno evadiendo medidas fiscales, económicas y productivas que pudieran evitar el hundimiento de la iniciativa privada.

Con las medidas de confinamiento se estima que 12 millones de mexicanos perdieron su empleo o tuvieron que suspender la búsqueda por uno de ellos debido a la contracción económica que golpeó fuertemente a todo tipo de empresas.

Pensando a futuro el panorama es menos alentador, ya que, justamente la población que se observa como aquella que puede cambiar la crisis, es decir, los jóvenes, es el sector más golpeado por el desempleo, ya que la OIT detalló en un informe que, debido a la pandemia, uno de cada seis jóvenes menores de 29 años perdieron su trabajo.

Los datos gubernamentales en nuestro país estiman que “si nos va bien” se perderán menos de 1 millón de empleos en el segundo trimestre del año, lo cual no es alentador por dos cosas: por un lado, nos hemos acostumbrado que las cifras oficiales, a fin de no afectar la imagen de quienes ocupan la administración pública, se ocultan, maquillan o se tergiversan; por otro lado, no contamos con instituciones serias que tengan capacidad de reacción para contener y revertir la problemática.

Lamentablemente será el pueblo mexicano el que sufrirá las consecuencias de una pandemia global desastrosa y, al mismo tiempo, de medidas inexistentes o deficientes en materia de rescate al empleo y la economía en general. Es momento de encontrar soluciones inmediatas y apoyar a las empresas de todos los niveles para hacer que el impacto sea lo menor posible.

Uno de los impactos más grandes que ha dado la pandemia por Covid-19 en el mundo entero es el relacionado con el desempleo. Las afectaciones a grandes, medianas y pequeñas empresas son absorbidas en mayor medida por el factor humano, lo cual ha traído consigo un gran número de despidos por parte de empresas que los único que buscan es sobrevivir. En el peor de los casos, la empresa desaparece y no hay forma de paliar las crisis personales.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en materia de empleo nos encontramos en una circunstancia similar a la que se sufrió durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Al inicio de la pandemia ya se veían venir las crisis laborales, ya que cuatro de cada cinco empleados a nivel mundial o perdían sus empleos o sus horas de trabajo se veían drásticamente reducidas. Esta situación, de acuerdo con esa organización, provocará la pérdida de 195 millones de empleos a nivel global.

Lamentablemente, a la pandemia y sus estragos financieros se le suman las circunstancias anteriores a la entrada de la crisis, ya que, en buena medida no podemos culpar a esta situación de la precariedad laboral en muchos países. Desde luego, México se encuentra entre ellos.

Los datos oficiales a febrero arrojaban que nos encontrábamos ya en el registro más alto de subocupación en los últimos ocho años. De hecho, en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo elaborada por el INEGI, se encontró que 5.3 millones de trabajadores requería más hora laborales o un segundo empleo para apenas cubrir sus gastos esenciales. Por esto la perspectiva se vislumbra absolutamente oscura.

Ante esta falta de creación de empleos, el país se encontraba sumamente vulnerable frente a una pandemia que vino a destrozar todavía más a las empresas que, por si fuera poco, ha sido abandonado por su gobierno evadiendo medidas fiscales, económicas y productivas que pudieran evitar el hundimiento de la iniciativa privada.

Con las medidas de confinamiento se estima que 12 millones de mexicanos perdieron su empleo o tuvieron que suspender la búsqueda por uno de ellos debido a la contracción económica que golpeó fuertemente a todo tipo de empresas.

Pensando a futuro el panorama es menos alentador, ya que, justamente la población que se observa como aquella que puede cambiar la crisis, es decir, los jóvenes, es el sector más golpeado por el desempleo, ya que la OIT detalló en un informe que, debido a la pandemia, uno de cada seis jóvenes menores de 29 años perdieron su trabajo.

Los datos gubernamentales en nuestro país estiman que “si nos va bien” se perderán menos de 1 millón de empleos en el segundo trimestre del año, lo cual no es alentador por dos cosas: por un lado, nos hemos acostumbrado que las cifras oficiales, a fin de no afectar la imagen de quienes ocupan la administración pública, se ocultan, maquillan o se tergiversan; por otro lado, no contamos con instituciones serias que tengan capacidad de reacción para contener y revertir la problemática.

Lamentablemente será el pueblo mexicano el que sufrirá las consecuencias de una pandemia global desastrosa y, al mismo tiempo, de medidas inexistentes o deficientes en materia de rescate al empleo y la economía en general. Es momento de encontrar soluciones inmediatas y apoyar a las empresas de todos los niveles para hacer que el impacto sea lo menor posible.

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