/ sábado 18 de mayo de 2019

Mexicana por decisión, Chavela Vargas

MaríaIsabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, reza el documento, nació en Costa Rica el 17 abril de 1919. Relató siempre que tuvo una infancia difícil. Lo único que la envolvió de niña fue el desamor que sentía. Siendo pequeña enfermó de poliomelitis, pasó mucho tiempo para que un herrero le construyera un arnés, mientras tanto permanecía postrada en una silla, mirando, mirando, suspirando y tarareando canciones. Relató que unos chamanes le devolvieron la salud. Años más adelante tuvo un padecimiento en los ojos. Un chamán la trató y también le ayudó a recuperar la vista. De ahí su amor por la medicina tradicional y a los chamanes. Chavela nunca tuvo una muñeca, sus juegos eran a campo abierto, montar a caballo, mirar y meterse al río. Después llegó la orfandad, murieron sus padres y se fue a vivir con sus tíos, con ellos los trabajos eran muy duros; “me levantaban muy temprano y me ponían a cortar café”, recordaba. Su carácter se fue haciendo hosco, rebelde, retador y un día su vestimenta fue acompañada siempre de pantalones, eran los años 30, ¡un escándalo para su familia! por lo que decidieron casarla. Chavela Vargas se opuso y decidió escapar de su familia y su destino fue México. Y ya en la capital del país desempeñó diversos trabajos sin alejarse de su meta: ser cantante. Y un día debutó vestida con un jorongo y pantalón, acompañada de su grito de rebeldía, la aceptación y el éxito fueron inmediatos. El tema que la encumbró fue Macorina,el que se convirtió en un himno. Chavela aparecía en el escenario con un poncho rojo, descalza y ropa de manta. Todos los teatros y desveladeros abrieron sus puertas y se rindieron ante la presencia de Chavela Vargas. Su vida también tuvo excesos. Sabía cómo empezaba la noche, pero pocas veces supo cómo terminaba, “El Tenampa”, en Garibaldi, fue testigo de esos amaneceres. En los años cincuenta actuó en Acapulco, Guerrero, cantó en la boda de Elizabeth Taylor y Mike Todd. Chavela hizo amistad con Ava Gardner, Rock Hudson y Grace Kelly, con Diego Rivera y Frida Kahlo. Con Picasso, Neruda, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Juan Rulfo y Agustín Lara. Fueron más de 15 años de desvelos y borracheras, y luego 12 años alejada de los escenarios. Reapareció en México, fue a España, Buenos Aires, Nueva York, París y finalmente fue aclamada en El Palacio de Bellas Artes. El 5 de agosto de 2012 la parte mortal de Chavela Vargas se ausentó de este sistema. Su canto permanece y su himno, presente; “ponme la mano aquí, Macorina, ponme la mano aquí”.

MaríaIsabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, reza el documento, nació en Costa Rica el 17 abril de 1919. Relató siempre que tuvo una infancia difícil. Lo único que la envolvió de niña fue el desamor que sentía. Siendo pequeña enfermó de poliomelitis, pasó mucho tiempo para que un herrero le construyera un arnés, mientras tanto permanecía postrada en una silla, mirando, mirando, suspirando y tarareando canciones. Relató que unos chamanes le devolvieron la salud. Años más adelante tuvo un padecimiento en los ojos. Un chamán la trató y también le ayudó a recuperar la vista. De ahí su amor por la medicina tradicional y a los chamanes. Chavela nunca tuvo una muñeca, sus juegos eran a campo abierto, montar a caballo, mirar y meterse al río. Después llegó la orfandad, murieron sus padres y se fue a vivir con sus tíos, con ellos los trabajos eran muy duros; “me levantaban muy temprano y me ponían a cortar café”, recordaba. Su carácter se fue haciendo hosco, rebelde, retador y un día su vestimenta fue acompañada siempre de pantalones, eran los años 30, ¡un escándalo para su familia! por lo que decidieron casarla. Chavela Vargas se opuso y decidió escapar de su familia y su destino fue México. Y ya en la capital del país desempeñó diversos trabajos sin alejarse de su meta: ser cantante. Y un día debutó vestida con un jorongo y pantalón, acompañada de su grito de rebeldía, la aceptación y el éxito fueron inmediatos. El tema que la encumbró fue Macorina,el que se convirtió en un himno. Chavela aparecía en el escenario con un poncho rojo, descalza y ropa de manta. Todos los teatros y desveladeros abrieron sus puertas y se rindieron ante la presencia de Chavela Vargas. Su vida también tuvo excesos. Sabía cómo empezaba la noche, pero pocas veces supo cómo terminaba, “El Tenampa”, en Garibaldi, fue testigo de esos amaneceres. En los años cincuenta actuó en Acapulco, Guerrero, cantó en la boda de Elizabeth Taylor y Mike Todd. Chavela hizo amistad con Ava Gardner, Rock Hudson y Grace Kelly, con Diego Rivera y Frida Kahlo. Con Picasso, Neruda, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Juan Rulfo y Agustín Lara. Fueron más de 15 años de desvelos y borracheras, y luego 12 años alejada de los escenarios. Reapareció en México, fue a España, Buenos Aires, Nueva York, París y finalmente fue aclamada en El Palacio de Bellas Artes. El 5 de agosto de 2012 la parte mortal de Chavela Vargas se ausentó de este sistema. Su canto permanece y su himno, presente; “ponme la mano aquí, Macorina, ponme la mano aquí”.

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