/ sábado 16 de marzo de 2019

Mancha urbana ha borrado vestigios

TULANCINGO

No queda rastro de un Temazcal Prehispánico descubierto en 1970 que estaba ubicado en las faldas de los acantilados de la colonia La Cañada en Tulancingo.

De igual manera, fue encontrado un barrio de artesanos de obsidiana que utilizaban el Temazcal de manera terapéutica y que data del periodo Epiclásico (del 600 al 900 d. C.), cerca de la mina de material volcánico conocido como “El Pizarrín” en Tulancingo.

El lugar fue descrito ampliamente por la arqueóloga Margarita Gaxiola González, quien a fines de la década de 1970 inicio el “Proyecto Huapalcalco”, con el cual deshebró varias líneas de investigación durante 30 años sobre la organización de la producción de instrumentos de obsidiana.

El temazcal estaba compuesto por una sala de vapor o cámara central de 3.4 por 2.6 metros que en su parte sur se producía el vapor.

La hornilla fue colocada en el centro del muro con una forma semicircular, una profundidad de 30 centímetros y abierta por el este.

Las paredes fueron hechas a base de varias capas de arcilla y tiestos de cuerpos de ollas cubiertas de lodo.

En su interior fueron encontradas materiales que se utilizaban para producir el vapor como piedras chicas porosas y quemadas, así como pequeñas bolas de barro.

El sistema de drenaje presenta una estructura peculiar de tres partes, con un piso enlosado pegado a la hornilla y construido desde el centro del cuarto.

De los elementos curativos que se encontraron en el lugar destacan punzones, navajas con el filo redondeado y navajas apuntadas, utilizadas para la perforación.

La técnica de perforación fue documentada por J.E. Clark en 1989, donde los punzones de obsidiana eran utilizados para sangrar en rituales de auto sacrificio.

Esta práctica curativa es conocida como “sangría” y fue descrita por Fray Bernardino de Sahagún, como parte de varios procedimientos terapéuticos para tratar dolor de cabeza, enfermedades de los ojos, fiebre, abscesos, hinchazones de la lengua, fracturas y dolor de articulaciones.

La mina sigue siendo explotada actualmente para la extracción de piedra pómez, tepetate y circulan camiones que muy probablemente destruyeron el lugar sin saber que pasaban encima del legado histórico de Tulancingo, además que la mancha urbana ya cubre por completo el paisaje.

No queda rastro de un Temazcal Prehispánico descubierto en 1970 que estaba ubicado en las faldas de los acantilados de la colonia La Cañada en Tulancingo.

De igual manera, fue encontrado un barrio de artesanos de obsidiana que utilizaban el Temazcal de manera terapéutica y que data del periodo Epiclásico (del 600 al 900 d. C.), cerca de la mina de material volcánico conocido como “El Pizarrín” en Tulancingo.

El lugar fue descrito ampliamente por la arqueóloga Margarita Gaxiola González, quien a fines de la década de 1970 inicio el “Proyecto Huapalcalco”, con el cual deshebró varias líneas de investigación durante 30 años sobre la organización de la producción de instrumentos de obsidiana.

El temazcal estaba compuesto por una sala de vapor o cámara central de 3.4 por 2.6 metros que en su parte sur se producía el vapor.

La hornilla fue colocada en el centro del muro con una forma semicircular, una profundidad de 30 centímetros y abierta por el este.

Las paredes fueron hechas a base de varias capas de arcilla y tiestos de cuerpos de ollas cubiertas de lodo.

En su interior fueron encontradas materiales que se utilizaban para producir el vapor como piedras chicas porosas y quemadas, así como pequeñas bolas de barro.

El sistema de drenaje presenta una estructura peculiar de tres partes, con un piso enlosado pegado a la hornilla y construido desde el centro del cuarto.

De los elementos curativos que se encontraron en el lugar destacan punzones, navajas con el filo redondeado y navajas apuntadas, utilizadas para la perforación.

La técnica de perforación fue documentada por J.E. Clark en 1989, donde los punzones de obsidiana eran utilizados para sangrar en rituales de auto sacrificio.

Esta práctica curativa es conocida como “sangría” y fue descrita por Fray Bernardino de Sahagún, como parte de varios procedimientos terapéuticos para tratar dolor de cabeza, enfermedades de los ojos, fiebre, abscesos, hinchazones de la lengua, fracturas y dolor de articulaciones.

La mina sigue siendo explotada actualmente para la extracción de piedra pómez, tepetate y circulan camiones que muy probablemente destruyeron el lugar sin saber que pasaban encima del legado histórico de Tulancingo, además que la mancha urbana ya cubre por completo el paisaje.

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