/ martes 30 de junio de 2020

Proteger a los mexicanos, nunca será politiquería

Han pasado 98 días desde que dio inicio la Jornada Nacional de Sana Distancia. En ese entonces se consideró que medidas como el confinamiento y la suspensión de actividades no esenciales, duraría solo unas pocas semanas. Sin embargo, como es evidente no ha ocurrido así.

Apenas ayer, en el Informe Nacional de Covid-19 de la Secretaría de Salud, se reportó un acumulado de 216,852 casos confirmados de la enfermedad y 26,648 defunciones por esa causa. Mucho hemos escrito acerca de la falta de infraestructura, medicamentos, equipo de seguridad para el personal médico, paramédico y administrativo, así como la falta de insumos suficientes para desempeñar con eficacia su labor, así que no ahondaremos al respecto.

Desafortunadamente, hemos estado en el ojo del huracán a nivel mundial, primero porque no hay credibilidad en las cifras que reporta la Secretaría de Salud federal, derivado de la falta de pruebas diagnósticas, y, en segundo término, por el pobre manejo que se le ha dado a la pandemia desde el punto de vista sanitario y económico.

A pesar de que se ha insistido en que lo pertinente es quedarse en casa, usar cubrebocas, guantes, lavarse frecuentemente las manos, sanitizar continuamente nuestro entorno y otras medidas, muchas personas no han seguido estas disposiciones debido a las señales contradictorias del Presidente que se niega a utilizar mascarilla o sanitizante, y ha decidido, de manera muy irresponsable, reanudar sus giras, con fines única y exclusivamente proselitistas. Entonces, para muchas personas, simple y sencillamente la pandemia por Covid-19 no existe o no representa riesgo, así que, han decidido seguir con sus actividades cotidianas.

Otro grupo de personas, muy numeroso por cierto, estaría dispuesto a seguir las medidas sanitarias establecidas por la autoridad, pero ante la falta de apoyos gubernamentales, sino trabajan, no comen y se ven obligados a salir de casa, aunque estén conscientes del enorme riesgo de contagio.

A la fecha se han perdido más de 12 millones de empleos, dejando a millones de familias en el desamparo, sumándose a los casi 60 millones de pobres que, según la Cepal tendrá nuestro país al cierre de 2020, de los cuales, 20 millones se encontrarán en pobreza extrema.

Las medidas sanitarias también han impactado fuertemente a las empresas: solo en el sector comercial y hotelero se reportan pérdidas por 243 mil 537 millones de pesos originadas por el cierre del 65% de los comercios y la inactividad del 80% de los hoteles. Los empresarios, los generadores de empleos tampoco han recibido ningún tipo de apoyo por parte del actual gobierno.

La desesperación de las personas ante su grave situación económica, que ya no les da ni para cubrir sus necesidades más básicas, es otro elemento de presión para volver a las calles.

Mientras tanto, la cifra de contagios aumenta sin control todos los días.

Así que, no debe sorprendernos que, hasta ahora, no se haya domado la pandemia y que estemos muy lejos de lograrlo.

En el afán de encontrar soluciones, senadores de todos los grupos parlamentarios han coincidido en proponer, con sus matices, medidas alternativas para apoyar a la población en estos momentos de emergencia económica a través de un apoyo económico directo, que en caso de los Senadores del PAN se denomina INGRESO BÁSICO UNIVERSAL PARA EMERGENCIAS, cuya finalidad es apoyar a los trabajadores formales e informales de México, con un apoyo económico de al menos $3,207 pesos al mes, para llevarlos a la Línea de Bienestar de CONEVAL.

De acuerdo con los cálculos realizados, el apoyo ascendería, en total, a 66,107.6 millones de pesos para un total de poco más de 20 millones 500 mil trabajadores formales; en el caso de los 31’314,249 trabajadores informales, la bolsa sería de 100,425.4 millones de pesos. Pero si el cálculo se hiciera considerando el salario mínimo diario general vigente, el costo total para los trabajadores formales sería de 76,199.9 millones de pesos, y para los informales de 115,756.2 millones de pesos.

Esta política pública está siendo adoptada por otros países para proteger a las empresas y las personas durante la disminución en la actividad económica por la pandemia, además representa una inyección al gasto y consumo privados que son motores que la economía necesitará para reactivarse, una vez que pase lo peor de la enfermedad.

Lamentablemente, la respuesta del Titular del Poder Ejecutivo Federal fue de total rechazo, a pesar de que claramente, es una medida por el bien común y apegada a una doctrina verdaderamente humanista.

La pandemia no le vino bien al Presidente, no ha sido capaz de tomar las decisiones oportunas y adecuadas. Y la población lo está resintiendo, lo está sufriendo.

La aceptación del Presidente está cayendo mucho más rápido de lo que imaginaba; ha perdido credibilidad, pues además de la pandemia, hay muchos pendientes que no se han atendido, como los niños y los adultos con cáncer, la carencia de otro tipo de medicamentos, la evidencia de la corrupción rampante de su gobierno, la necedad de concluir sus obras insignia, a sabiendas de su inviabilidad y de que representan enorme daño al erario público y grave impacto al desarrollo sostenible.

El Presidente está desesperado y en su desesperación, no está siendo asertivo.

Para colmo ha anunciado su visita a la Casa Blanca para “darle las gracias” a su amigo Donald Trump por el apoyo de su gobierno al pueblo de México. Que flaca memoria la del presidente López Obrador, y que visita tan inoportuna en plena campaña electoral donde Trump busca la relección ante el candidato demócrata Biden, cada vez con mayores posibilidades de lograr el triunfo electoral el próximo mes de noviembre.

Cada quien es libre de adoptar el papel que quiere jugar en la política, pero el presidente de México no puede olvidar que nos representa, si se humilla, la humillación nos alcanzará a todos. Esa si es politiquería, eso sí es degradar la investidura presidencial.

Han pasado 98 días desde que dio inicio la Jornada Nacional de Sana Distancia. En ese entonces se consideró que medidas como el confinamiento y la suspensión de actividades no esenciales, duraría solo unas pocas semanas. Sin embargo, como es evidente no ha ocurrido así.

Apenas ayer, en el Informe Nacional de Covid-19 de la Secretaría de Salud, se reportó un acumulado de 216,852 casos confirmados de la enfermedad y 26,648 defunciones por esa causa. Mucho hemos escrito acerca de la falta de infraestructura, medicamentos, equipo de seguridad para el personal médico, paramédico y administrativo, así como la falta de insumos suficientes para desempeñar con eficacia su labor, así que no ahondaremos al respecto.

Desafortunadamente, hemos estado en el ojo del huracán a nivel mundial, primero porque no hay credibilidad en las cifras que reporta la Secretaría de Salud federal, derivado de la falta de pruebas diagnósticas, y, en segundo término, por el pobre manejo que se le ha dado a la pandemia desde el punto de vista sanitario y económico.

A pesar de que se ha insistido en que lo pertinente es quedarse en casa, usar cubrebocas, guantes, lavarse frecuentemente las manos, sanitizar continuamente nuestro entorno y otras medidas, muchas personas no han seguido estas disposiciones debido a las señales contradictorias del Presidente que se niega a utilizar mascarilla o sanitizante, y ha decidido, de manera muy irresponsable, reanudar sus giras, con fines única y exclusivamente proselitistas. Entonces, para muchas personas, simple y sencillamente la pandemia por Covid-19 no existe o no representa riesgo, así que, han decidido seguir con sus actividades cotidianas.

Otro grupo de personas, muy numeroso por cierto, estaría dispuesto a seguir las medidas sanitarias establecidas por la autoridad, pero ante la falta de apoyos gubernamentales, sino trabajan, no comen y se ven obligados a salir de casa, aunque estén conscientes del enorme riesgo de contagio.

A la fecha se han perdido más de 12 millones de empleos, dejando a millones de familias en el desamparo, sumándose a los casi 60 millones de pobres que, según la Cepal tendrá nuestro país al cierre de 2020, de los cuales, 20 millones se encontrarán en pobreza extrema.

Las medidas sanitarias también han impactado fuertemente a las empresas: solo en el sector comercial y hotelero se reportan pérdidas por 243 mil 537 millones de pesos originadas por el cierre del 65% de los comercios y la inactividad del 80% de los hoteles. Los empresarios, los generadores de empleos tampoco han recibido ningún tipo de apoyo por parte del actual gobierno.

La desesperación de las personas ante su grave situación económica, que ya no les da ni para cubrir sus necesidades más básicas, es otro elemento de presión para volver a las calles.

Mientras tanto, la cifra de contagios aumenta sin control todos los días.

Así que, no debe sorprendernos que, hasta ahora, no se haya domado la pandemia y que estemos muy lejos de lograrlo.

En el afán de encontrar soluciones, senadores de todos los grupos parlamentarios han coincidido en proponer, con sus matices, medidas alternativas para apoyar a la población en estos momentos de emergencia económica a través de un apoyo económico directo, que en caso de los Senadores del PAN se denomina INGRESO BÁSICO UNIVERSAL PARA EMERGENCIAS, cuya finalidad es apoyar a los trabajadores formales e informales de México, con un apoyo económico de al menos $3,207 pesos al mes, para llevarlos a la Línea de Bienestar de CONEVAL.

De acuerdo con los cálculos realizados, el apoyo ascendería, en total, a 66,107.6 millones de pesos para un total de poco más de 20 millones 500 mil trabajadores formales; en el caso de los 31’314,249 trabajadores informales, la bolsa sería de 100,425.4 millones de pesos. Pero si el cálculo se hiciera considerando el salario mínimo diario general vigente, el costo total para los trabajadores formales sería de 76,199.9 millones de pesos, y para los informales de 115,756.2 millones de pesos.

Esta política pública está siendo adoptada por otros países para proteger a las empresas y las personas durante la disminución en la actividad económica por la pandemia, además representa una inyección al gasto y consumo privados que son motores que la economía necesitará para reactivarse, una vez que pase lo peor de la enfermedad.

Lamentablemente, la respuesta del Titular del Poder Ejecutivo Federal fue de total rechazo, a pesar de que claramente, es una medida por el bien común y apegada a una doctrina verdaderamente humanista.

La pandemia no le vino bien al Presidente, no ha sido capaz de tomar las decisiones oportunas y adecuadas. Y la población lo está resintiendo, lo está sufriendo.

La aceptación del Presidente está cayendo mucho más rápido de lo que imaginaba; ha perdido credibilidad, pues además de la pandemia, hay muchos pendientes que no se han atendido, como los niños y los adultos con cáncer, la carencia de otro tipo de medicamentos, la evidencia de la corrupción rampante de su gobierno, la necedad de concluir sus obras insignia, a sabiendas de su inviabilidad y de que representan enorme daño al erario público y grave impacto al desarrollo sostenible.

El Presidente está desesperado y en su desesperación, no está siendo asertivo.

Para colmo ha anunciado su visita a la Casa Blanca para “darle las gracias” a su amigo Donald Trump por el apoyo de su gobierno al pueblo de México. Que flaca memoria la del presidente López Obrador, y que visita tan inoportuna en plena campaña electoral donde Trump busca la relección ante el candidato demócrata Biden, cada vez con mayores posibilidades de lograr el triunfo electoral el próximo mes de noviembre.

Cada quien es libre de adoptar el papel que quiere jugar en la política, pero el presidente de México no puede olvidar que nos representa, si se humilla, la humillación nos alcanzará a todos. Esa si es politiquería, eso sí es degradar la investidura presidencial.