/ domingo 15 de marzo de 2020

Coronavirus

El coronavirus (COVID-19), que surgió en Wuhan, China, ha cobrado proporciones inesperadas a grado tal que la Organización Mundial de la Salud lo ha clasificado como una pandemia, atendiendo a la velocidad con la que se está propagando por el mundo.

Este virus ha puesto en jaque a diversos países, por el número de infectados que en muchos casos supera la capacidad hospitalaria y por otro lado ha ocasionado un impacto en las bolsas de valores, en la certidumbre del mercado económico y en la estabilidad de las monedas como está ocurriendo con la caída del peso, frente al dólar.

Diversos países han tomado medidas drásticas para tratar de reducir los contagios, desde poner en cuarentena a todo viajero que haya pasado por países en estado de alerta, hasta cerrar las fronteras a vuelos internacionales provenientes de Europa como hizo Estados Unidos.

Llama la atención que, ante una emergencia de salud pública de alcance internacional, el gobierno mexicano no dimensione la situación y sus posibles consecuencias. No tenemos posición frente a la cancelación de vuelos provenientes de Europa hacia Estados Unidos dejando abierta la posibilidad que esos vuelos lleguen a México.

Además de los estragos económicos, el coronavirus significa para México un reto enorme en materia de salud, en virtud de que, recientemente nos quedó claro el colapso del sistema de salud pública ante la incapacidad del actual gobierno de mantener una cobertura universal de salud, derivado del recorte presupuestal para reorientarlo a programas populistas y electorales.

Este tipo de emergencia debe obligar a reflexionar al actual gobierno a tener presente dos cosas: primero, no podemos sustraernos del mundo ya que estamos interconectados; segundo, hay temas como la salud, que exigen una visión de Estado, no una visión populista o irresponsable.

El coronavirus (COVID-19), que surgió en Wuhan, China, ha cobrado proporciones inesperadas a grado tal que la Organización Mundial de la Salud lo ha clasificado como una pandemia, atendiendo a la velocidad con la que se está propagando por el mundo.

Este virus ha puesto en jaque a diversos países, por el número de infectados que en muchos casos supera la capacidad hospitalaria y por otro lado ha ocasionado un impacto en las bolsas de valores, en la certidumbre del mercado económico y en la estabilidad de las monedas como está ocurriendo con la caída del peso, frente al dólar.

Diversos países han tomado medidas drásticas para tratar de reducir los contagios, desde poner en cuarentena a todo viajero que haya pasado por países en estado de alerta, hasta cerrar las fronteras a vuelos internacionales provenientes de Europa como hizo Estados Unidos.

Llama la atención que, ante una emergencia de salud pública de alcance internacional, el gobierno mexicano no dimensione la situación y sus posibles consecuencias. No tenemos posición frente a la cancelación de vuelos provenientes de Europa hacia Estados Unidos dejando abierta la posibilidad que esos vuelos lleguen a México.

Además de los estragos económicos, el coronavirus significa para México un reto enorme en materia de salud, en virtud de que, recientemente nos quedó claro el colapso del sistema de salud pública ante la incapacidad del actual gobierno de mantener una cobertura universal de salud, derivado del recorte presupuestal para reorientarlo a programas populistas y electorales.

Este tipo de emergencia debe obligar a reflexionar al actual gobierno a tener presente dos cosas: primero, no podemos sustraernos del mundo ya que estamos interconectados; segundo, hay temas como la salud, que exigen una visión de Estado, no una visión populista o irresponsable.

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