/ domingo 26 de diciembre de 2021

Inversión y turismo se alejan de Tula

Las inundaciones y hechos violentos aquejan a la región

TULA DE ALLENDE. “Tula no se inundó, la inundaron”, reza un espectacular colocado en la entrada del municipio que deja claro que la población no olvidará una de las tragedias recientes que cambió su destino. El olor a lodo podrido se fue y la ciudad poco a poco se levanta con el esfuerzo de su gente, porque el apoyo gubernamental no existe, sin embargo, nada volverá a ser lo mismo de antes.

La emblemática ciudad de los atlantes ha dejado de ser atractiva para la inversión no sólo por las afectaciones provocadas por las inundaciones, sino también por los hechos relacionados con la inseguridad que aquejan a esa región, en donde a inicios de este mes un grupo delictivo explotó coches bomba, señaló el vicepresidente de Cámara Nacional de Comercio Servicios y Turismo delegación Tula, Rigoberto Aguilar Zavala.

El efecto pandemia y la falta de apoyo de las autoridades de los tres niveles de gobierno, que han descuidado por completo la rehabilitación de la ciudad y han dejado sin apoyo a pobladores y comerciantes, son otra de las causas de que Tula viva una realidad muy diferente a la que vivía hace dos décadas, cuando se le consideraba una ciudad prospera y tranquila. “Hace 20 años, Tula era una ciudad prospera, una ciudad tranquila, nada que ver, ahora somos un cadáver que se está echando a perder, mucha culpa la tenemos los ciudadanos que no nos juntamos para exigir que las autoridades cumplan”, aseguró el dirigente de la Canaco en Tula. Al ser cuestionado sobre el tema de la competitividad de ese municipio, el dirigente recalcó: “Desgraciadamente en Tula a parte del problema que tenemos de la inundación, tenemos un fuerte problema de inseguridad”.

Como ejemplo de ello, el dirigente mencionó la cancelación de un encuentro de negocios entre empresarios provenientes de diferentes puntos del país y comerciantes afectados por el desbordamiento de los ríos Tulas y Salado a fin de apoyarlos en la reactivación de sus establecimientos.

Los participantes, dijo, ya no quisieron venir al municipio debido a que su seguridad no estaba garantizada luego de que un comando armado explotó autos bomba en el Cereso de Tula para liberar a nueve reos, entre ellos José Artemio Maldonado Mejía, alias El Michoacano, líder de la organización delincuencial Pueblos Unidos.

“Habíamos conseguido, a través de Concanaco, que vinieran varias empresas a hacer un encuentro entre comerciantes para que les dieran apoyo económico, créditos en especie, pero pedían garantizar su seguridad y no podemos hacer eso, entonces se tuvo que cancelar ese evento que iba a ser una semana después de la fuga”, relató.

Por otra parte, el dirigente mencionó que la falta de oportunidades es otro problema que afecta a Tula, toda vez que tras el anuncio de que se iba a rehabilitar la Refinería de Tula la gente invirtió en locales, en casas, “y todo se vino abajo, no hay nada, desgraciadamente económicamente Tula está parado”.

“Son muchas cosas las que le están pegando a Tula aparte de la inundación, la inseguridad, la falta de oportunidades”, recalcó.

También hizo notar que la zona arqueológica de Tula, que es importante para captar turismo, está completamente abandonada, aunado a que las autoridades tardaron un año y medio en reabrirla por el confinamiento.

Aguilar Zavala señaló que tomando en cuenta que existen otras ciudades que ofrecen mayor movimiento económico y seguridad, será muy difícil que la gente vaya a Tula, “se va a tener que trabajar mucho para cambiar lo que piensan los empresarios de la región”.

“No hay semana que no pase algo, la gente tiene miedo de salir a las calles, porque uno no sabe qué va a pasar se ha corrido el rumor de que eso pasa porque están llegando los cárteles tratando de entrar a Tula, son rumores, pero la gente tiene miedo y no vemos que haya un plan de seguridad para prevenir”, comentó el vicepresidente de Canaco Tula.

YA NO ES LO MISMO DE ANTES: COMERCIANTES

Tula ya no es la de antes, aseguró en entrevista Martín Cruz, locatario dedicado a la venta de pollo en el tianguis municipal.

“La inseguridad está al cien, no solo lo que es el centro, sino las colonias alrededor, como Barrio Alto, Tesoro y La Malinche, son casos extremos que no pensamos vivir”, comentó.

De acuerdo con el comerciante, en esos puntos hay venta de drogas y robos a viviendas. Además, recalcó, acontecimientos como la amenaza de bomba en los juzgados penales ocurrido en pleno centro de la ciudad el pasado 16 de diciembre, golpean la economía de los negocios, pues la zona se quedó vacía.

“Nosotros que nos dedicamos a la venta de alimentos, perdimos nuestra mercancía, porque ya no había ventas, eso se tiene que tirar o regalar”, precisó.

La inseguridad, relató, también es la causa de que los negocios en el primer cuadro de la capital cierren temprano, de manera que la actividad económica se paraliza alrededor de las 7:00 de la noche.

“Hay venta de drogas, delincuencia, robos a viviendas, mucho chamaco drogadicto, Tula ya es como un barrio del estilo de Tepito, la inseguridad los ha llenado de miedo”, comentó.

Aunado a la problemática de inseguridad, la inundación causada por el desbordamiento del Río Tula, según el testimonio del comerciante, provocó que muchas tiendas de cadena se fueran de la ciudad, específicamente las localizadas en las inmediaciones de la Presidencia y de la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

En las calles aledañas, los locales vacíos y letreros de “se renta” son parte del paisaje. Además, el alquiler de un local, que por la zona estaba en 40 mil pesos, actualmente ronda en los 10 mil pesos.

Por su parte, Alejandro Hernández, quien es comerciante en la región desde hace 39 años, afirmó que la falta de empleo, aunado a las afectaciones generadas por la pandemia y la inseguridad, ha golpeado a Tula, “es multifactorial, son varias cosas que se van juntando”.

“Yo tengo 39 años aquí en este negocio, la falta de empleo nos perjudica, luego de ahí, otra cosa que se nos vino encima fue la pandemia, eso nos ha pegado duro, además, la delincuencia, aquí a las cinco o seis de la tarde se queda solo en plena temporada decembrina, cuando antes eran las nueve de la noche y aun había gente”, relató.

El también coincidió en que el día de la amenaza de bomba, las calles se vaciaron en detrimento de las ventas. Es decir, el centro se devaluó.

Junto a los casos de bombas, los vecinos de Tula recuerdan el intento de robo de un cajero automático instalado en la alcaldía, así como el asesinato de un agente de la Fiscalía General de la República a manos de un comando armado afuera de una tienda de conveniencia, hechos que preocupan a la ciudadanía.

AUTORIDADES ABANDONAN AL SECTOR TURÍSTICO

En el Corredor Quetzalcóatl, uno de los principales atractivos turísticos de Tula y que conecta al centro con la Zona Arqueológica de Tula, vecinos y locatarios se sienten triste y solos, confesó Guillermina, una mujer habitante del lugar, quien afirmó que tras la inundación ocurrida en septiembre pasado todo se vino abajo, “ya no es lo mismo”.

Recordó que con el objetivo de activar la zona se había autorizado que quienes ahí habitan, instalaran puestos para la venta de alimentos sin pagar permisos y había mucha actividad porque la zona es el paso hacia el puente colgante que conecta con la zona, no obstante, el desbordamiento de los ríos Tula y Salado, puso fin a esos planes.

“Aquí se ha juntado todo, la inseguridad, no hay economía, el día de la bomba, todo estaba vacío, entrabas al tianguis estaba solo; además, hay comentarios de que la ciudad está sucia y no hay camiones para la basura, se pide apoyo a la Presidencia y dice que no hay recursos”, precisó.

Por su parte, el señor Arturo García, también vecino del lugar, coincidió en que la actividad turística en el lugar se fue para abajo. El agua, recordó, se llevó bancas, macetones y por si fuera poco, por las noches no hay electricidad y el alcalde no ha hecho nada para arreglar la situación.

“Pasaba a mucha gente y estaba muy bonito, a veces la gente venía únicamente a conocer el puente colgante, luego allá atrás de esa casa están las pirámides y todo eso se fue para abajo. Yo rentaba aquí unos cuartitos para sostenerme y ahora ya nadie quiere saber nada”, narró.

Rigoberto Aguilar Zavala señaló que la Zona Arqueológica de Tula está en el abandono, pese a ser una de las más importantes en el centro del país. Este diario lo comprobó, pues hoy, su acceso peatonal está en total abandono y descuido.

Aunque el plan era conectar al complejo con el centro de Tula a través de un puente colgante localizado al finalizar el andador Quetzalcóatl, hoy ambos puntos están en ruinas.

De acuerdo con el líder empresarial, ese ingreso de peatones nunca se abrió, mientras que al puente quedó destruido con el reciente desbordamiento del río y hasta ahora, no hay noticias, ni indicios de que las autoridades planeen rehabilitarlo, pese a la importancia del mismo.

Para entrar al complejo de herencia Tolteca, es necesario arribar a una zona de estacionamiento para la cual no se requiere pasar por el centro, por lo que los pocos visitantes pueden entrar y salir sin visitar la ciudad.

“Se han querido hacer eventos de luz y sonido, obras, pero el INAH siempre nos ha frenado, ha raíz de eso, la inundación, la pandemia y últimamente la inseguridad, las amenazas de bomba, los asesinatos, a la gente no quiere venir a Tula”, dijo.

Actualmente, aseguró, no hay fechas en el calendario para rehabilitar la ciudad. “Tenemos que levantar la ciudad, cómo vamos a hacer que la gente venga a Tula, a qué va a venir”. Actualmente, estimó el dirigente, la ocupación hotelera en la zona ronda entre 20 y 25 por ciento.

Por su parte, Nora, una guía de turistas en el lugar, aseguró que tanto la pandemia, como las inundaciones y la reciente fuga de reos han afectado la actividad turística. En el primero caso, dijo, debido a que el complejo turístico se cerró más de un año, y al abrir la zona limitaron el acceso. De acuerdo con comerciantes, empresarios y ciudadanos, ni el gobernador Omar Fayad Meneses, ni el presidente Andrés Manuel López Obrador, se han acercado a los afectados por el desbordamiento del río.

Incluso, cuestionaron el hecho de que el mandatario estatal acudiera el pasado miércoles a poner la primera piedra del Walmart en el municipio, sin visitar el centro de la ciudad. “Vino se bajó del helicóptero y se fue”.

En tanto, ciudadanos entrevistados por este medio, señalaron que el alcalde, Manuel Hernández Badillo, no ha hecho nada para atender las necesidades de la población y que jamás visitó las zonas afectadas por las inundaciones.

Así cierra el año Tula, azotada por los desastres naturales y la delincuencia organizada, esperando que se levante la economía del municipio que al momento está abandono por las autoridades.

TULA DE ALLENDE. “Tula no se inundó, la inundaron”, reza un espectacular colocado en la entrada del municipio que deja claro que la población no olvidará una de las tragedias recientes que cambió su destino. El olor a lodo podrido se fue y la ciudad poco a poco se levanta con el esfuerzo de su gente, porque el apoyo gubernamental no existe, sin embargo, nada volverá a ser lo mismo de antes.

La emblemática ciudad de los atlantes ha dejado de ser atractiva para la inversión no sólo por las afectaciones provocadas por las inundaciones, sino también por los hechos relacionados con la inseguridad que aquejan a esa región, en donde a inicios de este mes un grupo delictivo explotó coches bomba, señaló el vicepresidente de Cámara Nacional de Comercio Servicios y Turismo delegación Tula, Rigoberto Aguilar Zavala.

El efecto pandemia y la falta de apoyo de las autoridades de los tres niveles de gobierno, que han descuidado por completo la rehabilitación de la ciudad y han dejado sin apoyo a pobladores y comerciantes, son otra de las causas de que Tula viva una realidad muy diferente a la que vivía hace dos décadas, cuando se le consideraba una ciudad prospera y tranquila. “Hace 20 años, Tula era una ciudad prospera, una ciudad tranquila, nada que ver, ahora somos un cadáver que se está echando a perder, mucha culpa la tenemos los ciudadanos que no nos juntamos para exigir que las autoridades cumplan”, aseguró el dirigente de la Canaco en Tula. Al ser cuestionado sobre el tema de la competitividad de ese municipio, el dirigente recalcó: “Desgraciadamente en Tula a parte del problema que tenemos de la inundación, tenemos un fuerte problema de inseguridad”.

Como ejemplo de ello, el dirigente mencionó la cancelación de un encuentro de negocios entre empresarios provenientes de diferentes puntos del país y comerciantes afectados por el desbordamiento de los ríos Tulas y Salado a fin de apoyarlos en la reactivación de sus establecimientos.

Los participantes, dijo, ya no quisieron venir al municipio debido a que su seguridad no estaba garantizada luego de que un comando armado explotó autos bomba en el Cereso de Tula para liberar a nueve reos, entre ellos José Artemio Maldonado Mejía, alias El Michoacano, líder de la organización delincuencial Pueblos Unidos.

“Habíamos conseguido, a través de Concanaco, que vinieran varias empresas a hacer un encuentro entre comerciantes para que les dieran apoyo económico, créditos en especie, pero pedían garantizar su seguridad y no podemos hacer eso, entonces se tuvo que cancelar ese evento que iba a ser una semana después de la fuga”, relató.

Por otra parte, el dirigente mencionó que la falta de oportunidades es otro problema que afecta a Tula, toda vez que tras el anuncio de que se iba a rehabilitar la Refinería de Tula la gente invirtió en locales, en casas, “y todo se vino abajo, no hay nada, desgraciadamente económicamente Tula está parado”.

“Son muchas cosas las que le están pegando a Tula aparte de la inundación, la inseguridad, la falta de oportunidades”, recalcó.

También hizo notar que la zona arqueológica de Tula, que es importante para captar turismo, está completamente abandonada, aunado a que las autoridades tardaron un año y medio en reabrirla por el confinamiento.

Aguilar Zavala señaló que tomando en cuenta que existen otras ciudades que ofrecen mayor movimiento económico y seguridad, será muy difícil que la gente vaya a Tula, “se va a tener que trabajar mucho para cambiar lo que piensan los empresarios de la región”.

“No hay semana que no pase algo, la gente tiene miedo de salir a las calles, porque uno no sabe qué va a pasar se ha corrido el rumor de que eso pasa porque están llegando los cárteles tratando de entrar a Tula, son rumores, pero la gente tiene miedo y no vemos que haya un plan de seguridad para prevenir”, comentó el vicepresidente de Canaco Tula.

YA NO ES LO MISMO DE ANTES: COMERCIANTES

Tula ya no es la de antes, aseguró en entrevista Martín Cruz, locatario dedicado a la venta de pollo en el tianguis municipal.

“La inseguridad está al cien, no solo lo que es el centro, sino las colonias alrededor, como Barrio Alto, Tesoro y La Malinche, son casos extremos que no pensamos vivir”, comentó.

De acuerdo con el comerciante, en esos puntos hay venta de drogas y robos a viviendas. Además, recalcó, acontecimientos como la amenaza de bomba en los juzgados penales ocurrido en pleno centro de la ciudad el pasado 16 de diciembre, golpean la economía de los negocios, pues la zona se quedó vacía.

“Nosotros que nos dedicamos a la venta de alimentos, perdimos nuestra mercancía, porque ya no había ventas, eso se tiene que tirar o regalar”, precisó.

La inseguridad, relató, también es la causa de que los negocios en el primer cuadro de la capital cierren temprano, de manera que la actividad económica se paraliza alrededor de las 7:00 de la noche.

“Hay venta de drogas, delincuencia, robos a viviendas, mucho chamaco drogadicto, Tula ya es como un barrio del estilo de Tepito, la inseguridad los ha llenado de miedo”, comentó.

Aunado a la problemática de inseguridad, la inundación causada por el desbordamiento del Río Tula, según el testimonio del comerciante, provocó que muchas tiendas de cadena se fueran de la ciudad, específicamente las localizadas en las inmediaciones de la Presidencia y de la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

En las calles aledañas, los locales vacíos y letreros de “se renta” son parte del paisaje. Además, el alquiler de un local, que por la zona estaba en 40 mil pesos, actualmente ronda en los 10 mil pesos.

Por su parte, Alejandro Hernández, quien es comerciante en la región desde hace 39 años, afirmó que la falta de empleo, aunado a las afectaciones generadas por la pandemia y la inseguridad, ha golpeado a Tula, “es multifactorial, son varias cosas que se van juntando”.

“Yo tengo 39 años aquí en este negocio, la falta de empleo nos perjudica, luego de ahí, otra cosa que se nos vino encima fue la pandemia, eso nos ha pegado duro, además, la delincuencia, aquí a las cinco o seis de la tarde se queda solo en plena temporada decembrina, cuando antes eran las nueve de la noche y aun había gente”, relató.

El también coincidió en que el día de la amenaza de bomba, las calles se vaciaron en detrimento de las ventas. Es decir, el centro se devaluó.

Junto a los casos de bombas, los vecinos de Tula recuerdan el intento de robo de un cajero automático instalado en la alcaldía, así como el asesinato de un agente de la Fiscalía General de la República a manos de un comando armado afuera de una tienda de conveniencia, hechos que preocupan a la ciudadanía.

AUTORIDADES ABANDONAN AL SECTOR TURÍSTICO

En el Corredor Quetzalcóatl, uno de los principales atractivos turísticos de Tula y que conecta al centro con la Zona Arqueológica de Tula, vecinos y locatarios se sienten triste y solos, confesó Guillermina, una mujer habitante del lugar, quien afirmó que tras la inundación ocurrida en septiembre pasado todo se vino abajo, “ya no es lo mismo”.

Recordó que con el objetivo de activar la zona se había autorizado que quienes ahí habitan, instalaran puestos para la venta de alimentos sin pagar permisos y había mucha actividad porque la zona es el paso hacia el puente colgante que conecta con la zona, no obstante, el desbordamiento de los ríos Tula y Salado, puso fin a esos planes.

“Aquí se ha juntado todo, la inseguridad, no hay economía, el día de la bomba, todo estaba vacío, entrabas al tianguis estaba solo; además, hay comentarios de que la ciudad está sucia y no hay camiones para la basura, se pide apoyo a la Presidencia y dice que no hay recursos”, precisó.

Por su parte, el señor Arturo García, también vecino del lugar, coincidió en que la actividad turística en el lugar se fue para abajo. El agua, recordó, se llevó bancas, macetones y por si fuera poco, por las noches no hay electricidad y el alcalde no ha hecho nada para arreglar la situación.

“Pasaba a mucha gente y estaba muy bonito, a veces la gente venía únicamente a conocer el puente colgante, luego allá atrás de esa casa están las pirámides y todo eso se fue para abajo. Yo rentaba aquí unos cuartitos para sostenerme y ahora ya nadie quiere saber nada”, narró.

Rigoberto Aguilar Zavala señaló que la Zona Arqueológica de Tula está en el abandono, pese a ser una de las más importantes en el centro del país. Este diario lo comprobó, pues hoy, su acceso peatonal está en total abandono y descuido.

Aunque el plan era conectar al complejo con el centro de Tula a través de un puente colgante localizado al finalizar el andador Quetzalcóatl, hoy ambos puntos están en ruinas.

De acuerdo con el líder empresarial, ese ingreso de peatones nunca se abrió, mientras que al puente quedó destruido con el reciente desbordamiento del río y hasta ahora, no hay noticias, ni indicios de que las autoridades planeen rehabilitarlo, pese a la importancia del mismo.

Para entrar al complejo de herencia Tolteca, es necesario arribar a una zona de estacionamiento para la cual no se requiere pasar por el centro, por lo que los pocos visitantes pueden entrar y salir sin visitar la ciudad.

“Se han querido hacer eventos de luz y sonido, obras, pero el INAH siempre nos ha frenado, ha raíz de eso, la inundación, la pandemia y últimamente la inseguridad, las amenazas de bomba, los asesinatos, a la gente no quiere venir a Tula”, dijo.

Actualmente, aseguró, no hay fechas en el calendario para rehabilitar la ciudad. “Tenemos que levantar la ciudad, cómo vamos a hacer que la gente venga a Tula, a qué va a venir”. Actualmente, estimó el dirigente, la ocupación hotelera en la zona ronda entre 20 y 25 por ciento.

Por su parte, Nora, una guía de turistas en el lugar, aseguró que tanto la pandemia, como las inundaciones y la reciente fuga de reos han afectado la actividad turística. En el primero caso, dijo, debido a que el complejo turístico se cerró más de un año, y al abrir la zona limitaron el acceso. De acuerdo con comerciantes, empresarios y ciudadanos, ni el gobernador Omar Fayad Meneses, ni el presidente Andrés Manuel López Obrador, se han acercado a los afectados por el desbordamiento del río.

Incluso, cuestionaron el hecho de que el mandatario estatal acudiera el pasado miércoles a poner la primera piedra del Walmart en el municipio, sin visitar el centro de la ciudad. “Vino se bajó del helicóptero y se fue”.

En tanto, ciudadanos entrevistados por este medio, señalaron que el alcalde, Manuel Hernández Badillo, no ha hecho nada para atender las necesidades de la población y que jamás visitó las zonas afectadas por las inundaciones.

Así cierra el año Tula, azotada por los desastres naturales y la delincuencia organizada, esperando que se levante la economía del municipio que al momento está abandono por las autoridades.

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