/ miércoles 9 de diciembre de 2020

Natural | Manufactura ligera, amenaza silenciosa al ambiente

El sector representa hoy el 7% de las emisiones de GEI, pero para 2050 será la segunda fuente más grande de contaminación en el país si no cambian su matriz energética

La manufactura ligera en México es responsable de producir 80 por ciento de los productos que se consumen en el país, pero se encamina también a ser la más contaminante si el sector privado no implementa una estrategia para cambiar sus métodos de producción a otros que resulten más sustentables, advierte el banco HSBC.

De acuerdo con el estudio Desafíos y Oportunidades de la Descarbonización para la Industria de la Manufactura Ligera en México, elaborado por el banco británico, esta rama de la industria produce poco más de siete por ciento del total de gases de efecto invernadero del país, con un crecimiento promedio anual de tres puntos porcentuales.

Asimismo, asegura que a este ritmo, los gases de efecto invernadero producidos por este sector industrial alcanzarían 20 por ciento de las emisiones totales de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en el país para 2050.

Esta proporción ubicaría a la industria transformadora empatada como la segunda fuente de mayor emisión de gases que generan el calentamiento global en el país, pues el transporte también emite una de cada cinco partículas de GEI.

Además, la manufactura ligera representa más de la mitad del consumo energético industrial final de México y aunque durante las últimas dos décadas el sector ha tomado medidas que le han permitido reducir su intensidad energética más de 20 por ciento, debido a su rápido crecimiento, estas acciones no han sido suficientes, ya que su demanda de energía sigue aumentando a una tasa anual de 2.3 por ciento.

Es bonito salvar el medio ambiente, pero también es un buen negocioGonzalo Monroy / Analista Energético

Ante la alta emisión de carbono en todo el mundo y el inminente calentamiento global derivado de la acumulación de GEI, se ha planteado como una alternativa poner en práctica una economía baja en carbono, la cual consiste en emitir un mínimo de GEI hacia la biósfera y, específicamente, un mínimo de dióxido de carbono (CO2).

No es novedad el hecho de que las sobreconcentraciones de los GEI están produciendo el calentamiento global que afecta directamente al clima a largo plazo, por ello, la economía baja en carbono se propone como un medio para evitar un cambio climático catastrófico y como antecesor de una sociedad cero carbono, todo ello con la ayuda de un proceso al que se le conoce como la descarbonización.

Hoy en día, dicho término es cada vez más utilizado y se refiere a las acciones que permiten eliminar el consumo de combustibles fósiles (como el carbón, el petróleo, sus derivados y el gas natural), los cuales poseen carbono y cuya combustión libera energía, pero no sólo eso, también contaminantes y GEI, que afectan la salud de las personas, así como al medio ambiente.

El reto de la descarbonización radica en la implementación de energías renovables o limpias, obtenidas a partir de recursos naturales inagotables, como el aire y el sol.

Pese a la importancia de estas acciones, y los acuerdos mundiales de los que México ha sido parte, como el Protocolo de Kioto, firmado en 1997, así como la Conferencia de las Partes de París (COP 21), en el país aún existe un rechazo a las energías limpias, pues se tiene un desconocimiento en torno a ellas.

“El rechazo a las energías renovables tiene mucho que ver con el hecho de que se dice que no son confiables. En México se habla de la intermitencia en su funcionamiento y de que son muy caras. La realidad es que esas posiciones atípicas resultan por la falta de datos en la industria. Hoy nos damos cuenta que, a gran escala, las energía solar y eólica son excelentes para sustituir a energías más contaminantes, como pueden ser el combustóleo o el carbón”, explicó Gonzalo Monroy, especialista del sector energético y director general de la consultora GMEC.

La manufactura ligera, aquella dedicada a la elaboración de bienes destinados al consumidor final es una actividad central, pues en México representa 14 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que el consumo aporta dos terceras partes del PIB.

ACCIONES PARA DESCARBORNIZACIÓN

Las energías renovables se han propuesto como la base principal de la economía baja en carbono, e incluso su implementación es una pieza clave para alcanzar uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), específicamente el séptimo, que habla de “garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos”.

No obstante, más allá de contribuir a reducir la emisión de los GEI, las energías limpias tienen un bajo costo, a diferencia de la energía obtenida a partir de combustibles fósiles, que cada vez encarece más. Por esta razón, aunado con la preocupación por el cambio climático, la inversión en las energías renovables en todo el mundo ha crecido significativamente en los últimos años.

“Es una cosa muy bonita salvar el medio ambiente, tener una menor huella de carbono, pero también es negocio. Hoy, para las empresas, conviene llevar sus operaciones hacia ese lado no solamente por responsabilidad corporativa, sino también precisamente por los costos”, dijo el experto en energía.

Relacionado con lo anterior, Monroy aseguró que “en la manufactura ligera no hay un plan global de reducción de emisiones. Lo hace prácticamente cada empresa, dependiendo cada una de sus posibilidades y ambiciones. Hemos visto grandes avances, por ejemplo, con Bimbo, Cemex, que está trabajando con energía solar”, indicó.

Por ello, el estudio de HSBC presentó algunas medidas que pueden contribuir en la reducción de 48 por ciento de las emisiones de la manufactura ligera, según se detalló, además de apoyar en la transición hacia la descarbonización.

La vía de descarbonización propuesta en el estudio presenta un enfoque de tres etapas. La primera consiste en la eficiencia de las operaciones internas, lo que traería “consigo beneficios a largo plazo altamente tangibles como mayor competitividad, mejora en la asequibilidad de la energía y reducción en las cuentas de luz, lo que a su vez permite reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y liberar fondos para invertirlos en otras áreas de la empresa”.

Asimismo, el documento señaló que cada vez surgen mejoras tecnológicas y proyectos de infraestructura que podrían permitir al sector hacer una transición hacia la generación de energía de baja o cero emisiones, en otras palabras, una introducción de energías renovables en su proceso de producción.

La siguiente etapa se refiere a la optimización de la cadena de valor, es decir, implementar materiales eficientes, la fabricación aditiva (impresión 3D) y la reutilización de productos, componentes o materiales, entre otros.

Esta fase implica la colaboración de todos aquellos que conforman una cadena de valor, quienes además, también se verán beneficiados.

Finalmente, HSBC plantea una tercera etapa, la de la implementación del modelo de economía circular, refiriéndose a que la “economía circular maximiza la utilización de materiales al extender la vida útil de los productos y extraer un valor óptimo de ellos una vez que se desechan para convertirlos en nuevos productos útiles”.

Una de las vías para reducir las emisiones es el uso de energías renovables, un sector que en México está detenido, debido a las políticas de la Secretaría de Energía / Foto: Cortesía RWE

¿POR QUÉ NO DESCARBONIZAMOS?

Pese a que la reducción de emisiones de carbono es un compromiso mundial, en México la falta de información sobre las oportunidades y tecnologías disponibles para reducir el uso de energía es una de las principales razones por la que las empresas no se descarbonizan.

“Está también el acceso a la financiación. El sector manufacturero está conformado en su mayoría (94 por ciento) por pequeñas y medianas empresas, las cuales muchas veces tienen acceso limitado a recursos financieros públicos y privados lo que, combinado con su falta de participación en la cadena de valor global, les impide invertir en sistemas energéticos renovables o innovadores o incluso, incorporar mejores prácticas de gestión que contribuirían a la reducción de GEI”, aseguro el estudio.

Otra barrera que señaló el banco británico son los riesgos técnicos y comerciales asociados a los proyectos de energía renovable, debido a que se estiman como demasiado altos y con largos periodos de retorno de la inversión.

Así, indicó que todas las medidas deben ir acompañadas de una combinación de políticas e instrumentos financieros que tengan un enfoque de largo plazo orientado a incrementar la competitividad de la industria manufacturera ligera a través de actividades y procesos con un bajo contenido de carbono.

Ante esta situación, México tiene un panorama lejano. Según indicó Gonzalo Monroy, hoy en día “hay poco apoyo en las energías renovables”, debido a que existen “acciones del gobierno que se han dado para beneficiar a la Comisión Federal de Electricidad (CFE)".

"Tal es el caso del famoso porcentaje deenergía de 54 por ciento para la paraestatal y 46 por ciento para el sector privado”, cifra que calificó como “arbitraria”.

Asimismo, agregó que “en la actualidad no hay nada que impida a la CFE crear más plantas de energía renovables, pero esto no ha sido ni siquiera considerado”, por el contrario, denunció que existen plantas “de combustóleo, de diésel, de carbón, que están paradas porque son demasiado ineficientes”.

“La secretaria de Energía, Rocío Nahle, dice que seremos autosuficientes en gasolina y que ya no vamos a importar, el problema es que el segundo producto que más generan nuestras refinerías es el combustóleo, pero trae un problema muy grave y es un el alto índice de azufre, por lo cual su eficiencia es muy baja en términos para la generación eléctrica y, como es alto en azufre, existen reglas muy específicas de organizaciones internacionales en las que se dice que ya no puede ser comprado ni utilizado esos combustibles.

“Pemex está produciendo un producto que no tiene mercado y mucho se lo está metiendo a la CFE para que lo pueda quemar en sus plantas eléctricas. Solamente se está utilizando a la CFE para aliviar las cargas a Pemex”, puntualizó.

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De acuerdo con el estudio Desafíos y Oportunidades de la Descarbonización para la Industria de la Manufactura Ligera en México, elaborado por el banco británico, esta rama de la industria produce poco más de siete por ciento del total de gases de efecto invernadero del país, con un crecimiento promedio anual de tres puntos porcentuales.

Asimismo, asegura que a este ritmo, los gases de efecto invernadero producidos por este sector industrial alcanzarían 20 por ciento de las emisiones totales de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en el país para 2050.

Esta proporción ubicaría a la industria transformadora empatada como la segunda fuente de mayor emisión de gases que generan el calentamiento global en el país, pues el transporte también emite una de cada cinco partículas de GEI.

Además, la manufactura ligera representa más de la mitad del consumo energético industrial final de México y aunque durante las últimas dos décadas el sector ha tomado medidas que le han permitido reducir su intensidad energética más de 20 por ciento, debido a su rápido crecimiento, estas acciones no han sido suficientes, ya que su demanda de energía sigue aumentando a una tasa anual de 2.3 por ciento.

Es bonito salvar el medio ambiente, pero también es un buen negocioGonzalo Monroy / Analista Energético

Ante la alta emisión de carbono en todo el mundo y el inminente calentamiento global derivado de la acumulación de GEI, se ha planteado como una alternativa poner en práctica una economía baja en carbono, la cual consiste en emitir un mínimo de GEI hacia la biósfera y, específicamente, un mínimo de dióxido de carbono (CO2).

No es novedad el hecho de que las sobreconcentraciones de los GEI están produciendo el calentamiento global que afecta directamente al clima a largo plazo, por ello, la economía baja en carbono se propone como un medio para evitar un cambio climático catastrófico y como antecesor de una sociedad cero carbono, todo ello con la ayuda de un proceso al que se le conoce como la descarbonización.

Hoy en día, dicho término es cada vez más utilizado y se refiere a las acciones que permiten eliminar el consumo de combustibles fósiles (como el carbón, el petróleo, sus derivados y el gas natural), los cuales poseen carbono y cuya combustión libera energía, pero no sólo eso, también contaminantes y GEI, que afectan la salud de las personas, así como al medio ambiente.

El reto de la descarbonización radica en la implementación de energías renovables o limpias, obtenidas a partir de recursos naturales inagotables, como el aire y el sol.

Pese a la importancia de estas acciones, y los acuerdos mundiales de los que México ha sido parte, como el Protocolo de Kioto, firmado en 1997, así como la Conferencia de las Partes de París (COP 21), en el país aún existe un rechazo a las energías limpias, pues se tiene un desconocimiento en torno a ellas.

“El rechazo a las energías renovables tiene mucho que ver con el hecho de que se dice que no son confiables. En México se habla de la intermitencia en su funcionamiento y de que son muy caras. La realidad es que esas posiciones atípicas resultan por la falta de datos en la industria. Hoy nos damos cuenta que, a gran escala, las energía solar y eólica son excelentes para sustituir a energías más contaminantes, como pueden ser el combustóleo o el carbón”, explicó Gonzalo Monroy, especialista del sector energético y director general de la consultora GMEC.

La manufactura ligera, aquella dedicada a la elaboración de bienes destinados al consumidor final es una actividad central, pues en México representa 14 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que el consumo aporta dos terceras partes del PIB.

ACCIONES PARA DESCARBORNIZACIÓN

Las energías renovables se han propuesto como la base principal de la economía baja en carbono, e incluso su implementación es una pieza clave para alcanzar uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), específicamente el séptimo, que habla de “garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos”.

No obstante, más allá de contribuir a reducir la emisión de los GEI, las energías limpias tienen un bajo costo, a diferencia de la energía obtenida a partir de combustibles fósiles, que cada vez encarece más. Por esta razón, aunado con la preocupación por el cambio climático, la inversión en las energías renovables en todo el mundo ha crecido significativamente en los últimos años.

“Es una cosa muy bonita salvar el medio ambiente, tener una menor huella de carbono, pero también es negocio. Hoy, para las empresas, conviene llevar sus operaciones hacia ese lado no solamente por responsabilidad corporativa, sino también precisamente por los costos”, dijo el experto en energía.

Relacionado con lo anterior, Monroy aseguró que “en la manufactura ligera no hay un plan global de reducción de emisiones. Lo hace prácticamente cada empresa, dependiendo cada una de sus posibilidades y ambiciones. Hemos visto grandes avances, por ejemplo, con Bimbo, Cemex, que está trabajando con energía solar”, indicó.

Por ello, el estudio de HSBC presentó algunas medidas que pueden contribuir en la reducción de 48 por ciento de las emisiones de la manufactura ligera, según se detalló, además de apoyar en la transición hacia la descarbonización.

La vía de descarbonización propuesta en el estudio presenta un enfoque de tres etapas. La primera consiste en la eficiencia de las operaciones internas, lo que traería “consigo beneficios a largo plazo altamente tangibles como mayor competitividad, mejora en la asequibilidad de la energía y reducción en las cuentas de luz, lo que a su vez permite reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y liberar fondos para invertirlos en otras áreas de la empresa”.

Asimismo, el documento señaló que cada vez surgen mejoras tecnológicas y proyectos de infraestructura que podrían permitir al sector hacer una transición hacia la generación de energía de baja o cero emisiones, en otras palabras, una introducción de energías renovables en su proceso de producción.

La siguiente etapa se refiere a la optimización de la cadena de valor, es decir, implementar materiales eficientes, la fabricación aditiva (impresión 3D) y la reutilización de productos, componentes o materiales, entre otros.

Esta fase implica la colaboración de todos aquellos que conforman una cadena de valor, quienes además, también se verán beneficiados.

Finalmente, HSBC plantea una tercera etapa, la de la implementación del modelo de economía circular, refiriéndose a que la “economía circular maximiza la utilización de materiales al extender la vida útil de los productos y extraer un valor óptimo de ellos una vez que se desechan para convertirlos en nuevos productos útiles”.

Una de las vías para reducir las emisiones es el uso de energías renovables, un sector que en México está detenido, debido a las políticas de la Secretaría de Energía / Foto: Cortesía RWE

¿POR QUÉ NO DESCARBONIZAMOS?

Pese a que la reducción de emisiones de carbono es un compromiso mundial, en México la falta de información sobre las oportunidades y tecnologías disponibles para reducir el uso de energía es una de las principales razones por la que las empresas no se descarbonizan.

“Está también el acceso a la financiación. El sector manufacturero está conformado en su mayoría (94 por ciento) por pequeñas y medianas empresas, las cuales muchas veces tienen acceso limitado a recursos financieros públicos y privados lo que, combinado con su falta de participación en la cadena de valor global, les impide invertir en sistemas energéticos renovables o innovadores o incluso, incorporar mejores prácticas de gestión que contribuirían a la reducción de GEI”, aseguro el estudio.

Otra barrera que señaló el banco británico son los riesgos técnicos y comerciales asociados a los proyectos de energía renovable, debido a que se estiman como demasiado altos y con largos periodos de retorno de la inversión.

Así, indicó que todas las medidas deben ir acompañadas de una combinación de políticas e instrumentos financieros que tengan un enfoque de largo plazo orientado a incrementar la competitividad de la industria manufacturera ligera a través de actividades y procesos con un bajo contenido de carbono.

Ante esta situación, México tiene un panorama lejano. Según indicó Gonzalo Monroy, hoy en día “hay poco apoyo en las energías renovables”, debido a que existen “acciones del gobierno que se han dado para beneficiar a la Comisión Federal de Electricidad (CFE)".

"Tal es el caso del famoso porcentaje deenergía de 54 por ciento para la paraestatal y 46 por ciento para el sector privado”, cifra que calificó como “arbitraria”.

Asimismo, agregó que “en la actualidad no hay nada que impida a la CFE crear más plantas de energía renovables, pero esto no ha sido ni siquiera considerado”, por el contrario, denunció que existen plantas “de combustóleo, de diésel, de carbón, que están paradas porque son demasiado ineficientes”.

“La secretaria de Energía, Rocío Nahle, dice que seremos autosuficientes en gasolina y que ya no vamos a importar, el problema es que el segundo producto que más generan nuestras refinerías es el combustóleo, pero trae un problema muy grave y es un el alto índice de azufre, por lo cual su eficiencia es muy baja en términos para la generación eléctrica y, como es alto en azufre, existen reglas muy específicas de organizaciones internacionales en las que se dice que ya no puede ser comprado ni utilizado esos combustibles.

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