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No le pesa el apellido

Pachuca, Hidalgo.- Llegar a ser futbolista es difícil, y hay veces que tampoco el apellido ayuda mucho, Sebastián Fassi lo sabe.
Este portero de 23 años de edad, es el hijo mayor de Andrés Fassi, directivo del Pachuca y presidente de Talleres de Córdoba, en Argentina.
Sí, el futbol ha formado parte de su vida desde que tiene memoria.
“Siempre con los guantes y entre balones. Empecé como todo niño en la escuelita de futbol y luego hice el proceso de fuerzas básicas”, relata.
Fue campeón con la Sub-20 de Pachuca; incluso, estuvo considerado en el primer plantel hace dos años pero eligió ir a jugar en Costa Rica (con Belem) y Ecuador (con River).
Sin embargo, su primer gran logro llegó el fin de semana anterior.
Bajo los tres postes y con el gafete de capitán, fue pieza vital para el ascenso de Coyotes de Tlaxcala, coronándose bicampeón en Segunda División.
Meta cumplida.
“Desde hace un año me puse el objetivo de dar un golpe de autoridad, de hacer ruido con Coyotes, jugando todos los minutos y terminar con el ascenso. El equipo hizo un gran trabajo”, comparte en charla con El Sol de Hidalgo.
EL APELLIDO NO PESA
La pregunta obligada:
– ¿Apellidarse Fassi ayuda o es una carga?
‘Sebas’ ni toma aire para responder.
“Más que un peso mi apellido es una motivación. Me da un sentido de responsabilidad muy grande porque tengo ganas de trascender; sabe uno lo que carga en la espalda y me exijo el doble. No hay día que no agradezca ni me sienta orgulloso de mi origen”.
Además, asegura que tampoco ha sido ofendido por la misma razón.
“Nunca en mi paso por las canchas un entrenador, un compañero o un rival me han dicho algo por mi apellido. Claro, mi hermano (Juan Pablo) y yo sí hemos sentido alguna injusticia porque no falta quien trate de desahogar sus problemas con nosotros, pero es algo que asimilamos. Nos ayuda para seguir adelante”, señaló.
PAPÁ EXIGENTE
Ya en confianza, Fassi revela que en casa tiene a su principal fan y a su mayor crítico.
“Mi mamá es mi mayor hincha. Quien va a todos lados a apoyarme. Mi papá es más exigente. Desde el primer día me dijo: lo que sea que hagas, debe ser con pasión, con mucha disciplina y con el corazón”.
“Nunca me ordenó ser futbolista pero ya que tomé la decisión, me pidió que lo hiciera con toda la dedicación”.
Así, Sebastián optó por hacer su propio camino.
“Salí de mi zona de confort, de ser hijo de un directivo, me fui a probar suerte en la Primera de Costa Rica, donde debuté; lo mismo que en Ecuador. Dos experiencias que me ayudaron en lo personal y en lo profesional”.
Hace un año aceptó ir a Coyotes de Tlaxcala con la misma mentalidad.
Hoy, siente que “di otro pequeño paso en mi carrera”.
“Después del bicampeonato y el ascenso, ya tengo un nuevo objetivo: consolidarme en Liga de Ascenso donde espero jugar la próxima temporada. Es una categoría que demanda muchísimo más pero es un reto importantísimo”.
CALERO, INSPIRACIÓN
Joven, demasiado para el caso de un portero, el mayor del clan Fassi Álvarez, entiende que aún tiene mucho por aprender.
“Los procesos para un portero son más tardados porque la carrera es más larga”, asume.
Se preocupa por ser un arquero completo en todo sentido.
Inspiración no le falta.
Como muchos niños en Pachuca, creció admirando a Miguel Calero.
El colombiano es una imagen permanente a seguir.
“Es el portero al que más admiro y al que dedico una parte de todo lo que hago. Él fue para mí un parteaguas, quien me aconsejó hacer las cosas con el alma, con pasión. Un tipo íntegro que afrontaba así cada pelota a la que iba”, dice con la mirada iluminada.
SUEÑO AZUL Y BLANCO
El horizonte de Sebastián Fassi en las canchas promete.
Empeño y determinación que adereza con sueños.
“Quiero ser un exitoso jugador de Primera División”.
– ¿Sólo eso? ¿Y Pachuca?
“Por supuesto”, sonríe, “mi sangre es azul y blanca, así que mi máximo sueño es jugar en el Estadio Hidalgo con Pachuca pero sé que es un largo camino y hay mucho por hacer y demostrar”, contesta.
Por ahora, disfruta su momento en Tlaxcala, ilusionado y agradecido con su familia, con su novia y gente que apoya en escribir su propia historia.