/ miércoles 11 de septiembre de 2019

Oscar de la Torre llegó a Europa sin nada, pero su voz le dio fortuna

Tras prepararse en su país, el tenor mexicano hizo carrera en Europa

Pidió un boleto sólo de ida. Cuando estrenó en Italia un par de obras de los compositores mexicanos Juan Trigos y Ricardo Zhon-Muldoon (De cachetito raspado y Comala, respectivamente), el tenor sonorense Oscar de la Torre vio una oportunidad que para un espíritu más sosegado podría ser temeraria. Decidió entonces quedarse en Europa sin dinero, sin amistades, sin hablar el idioma. No tenía nada, salvo su voz.

"Me quedé con mis propios miedos, digo, medios", recuerda en entrevista telefónica desde Munich. "Siempre había tenido la corazonada de venir a Alemania, sabía de la infraestructura de los teatros y de la actividad musical, yo canto ópera y concierto y me gusta mucho cantar oratorios, desde Bach, Haendel, Mozart, Schumann, Mendelssohn, todas las épocas de música sacra", comparte quien tenía en mente abrirse paso en Europa como cantante de ópera y concertista. Y lo logró.

"Gracias a Dios se me han abierto las puertas de las salas de concierto más importantes del mundo y eso me ha dado mucha motivación, alegría, fue como mi confirmación, mi bestätigung, dicen los alemanes, para quedarme", asegura el tenor, que ha cantado en los principales escenarios de Austria, Suiza, Eslovaquia, Croacia, Bulgaria, Dinamarca, Italia, República Checa y otros en Europa, así como Estados Unidos y México, donde cantó Cenicienta en el Teatro del Bicentenario y El barbero de Sevilla en la Ópera de Monterrey.

Así que en aquel diciembre de 2007, en lugar de pedir boleto de regreso a México, pidió uno de Italia a Alemania. Estaba decidido a no regresar a México, tal como lo había acordado con su esposa, quien años más tarde lo alcanzó en Munich, donde ambos radican actualmente. "Ella me dijo 'si te vas, no regreses', animándome a emprender esta aventura", recuerda.

En menos de una semana, ya había debutado en Sttutgart, tenía una agencia que le consiguió una audición en Suiza, donde lo tomó una compañía en la cual Cecilia Bartoli era patrocinadora, para el rol protagónico de Cenicienta "y aquí en Alemania me ofrecieron contratos para conciertos de varios años". Estaba destinado a quedarse en el país donde lo nombraron El cisne mexicano.

De la Torre fue certificado el 15 de agosto por la Fundación Karl Orff, por cumplir cien representaciones de Carmina Burana en escenarios europeos, una marca que también le valió ser integrado a la lista de Líderes mexicanos en Alemania del Consulado nacional.

La breve parte que ha interpretado ahora ya más de cien veces, es un aria de tres minutos que, reconoce, "tiene su grado de dificultad, es super aguda, muy incómoda para la voz, no hay recitativos, es un riesgo y puede salir mal. Es sobre un cisne que habla de su reflejo en el agua, luego el coro le responde 'pobre, lo están quemando' y él después describe cómo ve dientes afilados a punto de devorarlo. Karl Orff lo escribió tan agudo, para transmitir esa angustia, ese dolor, la frecuencia del tenor en esas notas es estridente".

Mientras espera a concretar algunas fechas en México y con agenda llena por lo que resta del año en Europa, el tenor participará este 16 de septiembre en el Festival de Música Sacra del Vaticano, donde cantará la Misa en do mayor de Beethoven.

Del príncipe de Cenicienta, al Barbero de Sevilla o el Cisne de Carmina Burana, la tesitura de Oscar del Río tiene un amplio registro, que le da también para lied y conciertos. Ese talento lo sostuvo a su llegada a Europa, donde se afincó sin nada, excepto la voz.

Pidió un boleto sólo de ida. Cuando estrenó en Italia un par de obras de los compositores mexicanos Juan Trigos y Ricardo Zhon-Muldoon (De cachetito raspado y Comala, respectivamente), el tenor sonorense Oscar de la Torre vio una oportunidad que para un espíritu más sosegado podría ser temeraria. Decidió entonces quedarse en Europa sin dinero, sin amistades, sin hablar el idioma. No tenía nada, salvo su voz.

"Me quedé con mis propios miedos, digo, medios", recuerda en entrevista telefónica desde Munich. "Siempre había tenido la corazonada de venir a Alemania, sabía de la infraestructura de los teatros y de la actividad musical, yo canto ópera y concierto y me gusta mucho cantar oratorios, desde Bach, Haendel, Mozart, Schumann, Mendelssohn, todas las épocas de música sacra", comparte quien tenía en mente abrirse paso en Europa como cantante de ópera y concertista. Y lo logró.

"Gracias a Dios se me han abierto las puertas de las salas de concierto más importantes del mundo y eso me ha dado mucha motivación, alegría, fue como mi confirmación, mi bestätigung, dicen los alemanes, para quedarme", asegura el tenor, que ha cantado en los principales escenarios de Austria, Suiza, Eslovaquia, Croacia, Bulgaria, Dinamarca, Italia, República Checa y otros en Europa, así como Estados Unidos y México, donde cantó Cenicienta en el Teatro del Bicentenario y El barbero de Sevilla en la Ópera de Monterrey.

Así que en aquel diciembre de 2007, en lugar de pedir boleto de regreso a México, pidió uno de Italia a Alemania. Estaba decidido a no regresar a México, tal como lo había acordado con su esposa, quien años más tarde lo alcanzó en Munich, donde ambos radican actualmente. "Ella me dijo 'si te vas, no regreses', animándome a emprender esta aventura", recuerda.

En menos de una semana, ya había debutado en Sttutgart, tenía una agencia que le consiguió una audición en Suiza, donde lo tomó una compañía en la cual Cecilia Bartoli era patrocinadora, para el rol protagónico de Cenicienta "y aquí en Alemania me ofrecieron contratos para conciertos de varios años". Estaba destinado a quedarse en el país donde lo nombraron El cisne mexicano.

De la Torre fue certificado el 15 de agosto por la Fundación Karl Orff, por cumplir cien representaciones de Carmina Burana en escenarios europeos, una marca que también le valió ser integrado a la lista de Líderes mexicanos en Alemania del Consulado nacional.

La breve parte que ha interpretado ahora ya más de cien veces, es un aria de tres minutos que, reconoce, "tiene su grado de dificultad, es super aguda, muy incómoda para la voz, no hay recitativos, es un riesgo y puede salir mal. Es sobre un cisne que habla de su reflejo en el agua, luego el coro le responde 'pobre, lo están quemando' y él después describe cómo ve dientes afilados a punto de devorarlo. Karl Orff lo escribió tan agudo, para transmitir esa angustia, ese dolor, la frecuencia del tenor en esas notas es estridente".

Mientras espera a concretar algunas fechas en México y con agenda llena por lo que resta del año en Europa, el tenor participará este 16 de septiembre en el Festival de Música Sacra del Vaticano, donde cantará la Misa en do mayor de Beethoven.

Del príncipe de Cenicienta, al Barbero de Sevilla o el Cisne de Carmina Burana, la tesitura de Oscar del Río tiene un amplio registro, que le da también para lied y conciertos. Ese talento lo sostuvo a su llegada a Europa, donde se afincó sin nada, excepto la voz.

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