/ domingo 20 de diciembre de 2020

Oscar de la Borbolla, díptico del rebelde que nunca fue

Una edición del Fondo de Cultura Económica rescata dos personajes creados hace treinta años por el filósofo y escritor

Después de 30 años, Óscar de la Borbolla (Ciudad de México, 1949) echa una mirada atrás. Un vistazo a sus dos personajes más célebres de antaño: Gabriel y Gabriela quienes, casi literalmente, sacaron lo mejor del novelista quien a través de ellos experimentó las aventuras de un joven rebelde, las que en vida propia dejó pasar.

Gabriel protagonista de Nada es para tanto y Gabriela en Todo está permitido regresan en una edición conjunta a cargo del Fondo de Cultura Económica después de tres décadas de su primera edición. Hoy, a la distancia temporal, los personajes son una relectura de la búsqueda de libertad en los años 90 cuando se publicaron por primera vez.

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“Estas dos son mis primeras novelas y más o menos las dos están hundidas en el pasado. Yo en ese momento tenía como motivación sacarme de la espina algo que no había vivido. Había tenido una vida muy dedicada al estudio, era un nerd, había estudiado filosofía y me la pasaba toda mi juventud leyendo libros y en un momento pensé que me perdí lo mejor de mi vida, y como escritor decidí vivir eso en mis personajes. No tenía ningún otro objetivo más que pasármela bien”, refirió el autor en entrevista.

Las dos novelas, sin modificaciones, se presentan en una edición conjunta a modo de díptico. Y si bien son autónomas, la lectura continua permite asimilar conceptos como la libertad, el poder, el control, la sexualidad, el acoso sexual, la prostitución y la vida misma. El autor confiesa que en la relectura encontró tan actuales como reales los temas y escenas de hace 30 años.

“No creo que hayan envejecido, las leo y todo me parece tristemente contemporáneo porque la trama no tiene fecha”, acotó el también cuentista y poeta quien lamenta que lo único diferente sea su mirada: “hoy soy más viejo y amargo, antes era un joven de buen humor”, bromeó.

Es justo la ecuación de humor más erotismo lo que hacen de estas novelas un atractivo para el lector actual. De la Borbolla narra las diversas y alocadas experiencias sexuales de los protagonistas con un detalle pícaro que rebasa la línea de lo erótico para aterrizar en lo gracioso tal como debe asimilarse la vida, entre risas.

Por ejemplo, sobre Gabriel cuenta que su primer encuentro sexual es con una mujer de edad madura que al momento de desnudarse abre el cierre de una faja que deja caer sin aviso sus grandes lonjas las cuales alcanzan a llegar a sus tobillos; “olas de piel” que abrazan al protagonista.

En el relato de Gabriela, luego de inventar sinfín de maneras de tener relaciones sexuales, el autor decidió describir un encuentro erótico de la joven con un médico en un cuarto de rayos X, entonces no se miran sus cuerpos sino sus esqueletos penetrándose uno a otro. Sus palabras juguetonas hacen que la escena sea más pícara que erótica.

“El humor, que tenía a flor de piel en ese entonces porque era un sujeto feliz, era un elemento subversivo. La risa nos libera de la autoridad, y el erotismo más humor me daba una fórmula subversiva interesante que me llevó a considerar que nada es para tanto, que se puede quitar los prejuicios y vivir en libertad”, refirió.

Las novelas llevan al lector justo a reflexionar sobre la libertad. El novelista consideró que cuando uno lee la vida de Gabriel y Gabriela se antoja vivir así; entonces el lector tiene un efecto liberador para rebelarse de ataduras y prejuicios.

Después de 30 años, Óscar de la Borbolla (Ciudad de México, 1949) echa una mirada atrás. Un vistazo a sus dos personajes más célebres de antaño: Gabriel y Gabriela quienes, casi literalmente, sacaron lo mejor del novelista quien a través de ellos experimentó las aventuras de un joven rebelde, las que en vida propia dejó pasar.

Gabriel protagonista de Nada es para tanto y Gabriela en Todo está permitido regresan en una edición conjunta a cargo del Fondo de Cultura Económica después de tres décadas de su primera edición. Hoy, a la distancia temporal, los personajes son una relectura de la búsqueda de libertad en los años 90 cuando se publicaron por primera vez.

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“Estas dos son mis primeras novelas y más o menos las dos están hundidas en el pasado. Yo en ese momento tenía como motivación sacarme de la espina algo que no había vivido. Había tenido una vida muy dedicada al estudio, era un nerd, había estudiado filosofía y me la pasaba toda mi juventud leyendo libros y en un momento pensé que me perdí lo mejor de mi vida, y como escritor decidí vivir eso en mis personajes. No tenía ningún otro objetivo más que pasármela bien”, refirió el autor en entrevista.

Las dos novelas, sin modificaciones, se presentan en una edición conjunta a modo de díptico. Y si bien son autónomas, la lectura continua permite asimilar conceptos como la libertad, el poder, el control, la sexualidad, el acoso sexual, la prostitución y la vida misma. El autor confiesa que en la relectura encontró tan actuales como reales los temas y escenas de hace 30 años.

“No creo que hayan envejecido, las leo y todo me parece tristemente contemporáneo porque la trama no tiene fecha”, acotó el también cuentista y poeta quien lamenta que lo único diferente sea su mirada: “hoy soy más viejo y amargo, antes era un joven de buen humor”, bromeó.

Es justo la ecuación de humor más erotismo lo que hacen de estas novelas un atractivo para el lector actual. De la Borbolla narra las diversas y alocadas experiencias sexuales de los protagonistas con un detalle pícaro que rebasa la línea de lo erótico para aterrizar en lo gracioso tal como debe asimilarse la vida, entre risas.

Por ejemplo, sobre Gabriel cuenta que su primer encuentro sexual es con una mujer de edad madura que al momento de desnudarse abre el cierre de una faja que deja caer sin aviso sus grandes lonjas las cuales alcanzan a llegar a sus tobillos; “olas de piel” que abrazan al protagonista.

En el relato de Gabriela, luego de inventar sinfín de maneras de tener relaciones sexuales, el autor decidió describir un encuentro erótico de la joven con un médico en un cuarto de rayos X, entonces no se miran sus cuerpos sino sus esqueletos penetrándose uno a otro. Sus palabras juguetonas hacen que la escena sea más pícara que erótica.

“El humor, que tenía a flor de piel en ese entonces porque era un sujeto feliz, era un elemento subversivo. La risa nos libera de la autoridad, y el erotismo más humor me daba una fórmula subversiva interesante que me llevó a considerar que nada es para tanto, que se puede quitar los prejuicios y vivir en libertad”, refirió.

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