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La estrategia mexicana TLCAN

  • Nuvia Mayorga

Pachuca, Hidalgo.- Conforme avanzan las negociaciones de revisión del Tratado de Libre Conercio de América del Norte (TLCAN), se hace evidente que la estrategia mexicana de negociación ha logrado contener presiones y construir diversas propuestas que abren opciones para las partes. Sin embargo, el estilo de negociación de la presente administración del gobierno de Estados Unidos continúa mostrando una posición que lleva al límite la discusión de sus propuestas.
De ahí que es de reconocer la firmeza del gobierno encabezado por el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, para mantener una estrategia caracterizada por la prudencia, la paciencia y la creatividad para dar salidas a los puntos más duros se la negociación. Esta forma de mantener el diálogo tripartita ha permitido que los gobiernos de Canadá y México acerquen posiciones y tengan puntos de vista comunes —o al menos similares— en varios puntos de la agenda de negociación.
Este tipo de acercamiento fortalece la posición mexicana, la cual también ha sido reconocida por quienes son los otros interlocutores en esta revisión del TLCAN: las principales empresas beneficiarias del acuerdo comercial. De este modo, más piezas de la negociación se mueven a favor de mantener el TLCAN y de avanzar en el fortalecimiento de la competitividad regional. Este es el caso de la industria automotriz.
En estos momentos de la negociación destacan las propuestas de los negociadores de Estados Unidos que proponen la cancelación inmediata del acuerdo comercial a los cinco años y, en todo caso, después ver si se continúa o no; la propuesta de elevar el contenido regional manufaturero de 62.5% a 80%, pero donde el 50% debe ser valor agregado por Estados Unidos, y desaparecer los mecanismos imparciales de resolucion de controversias para que sean atendidos en tribunales locales, lo que beneficia al vecino del norte, pues el país mayormente demandado es el propio Estados Unidos.
En estas condiciones, México ha seguido con su estrategia de construcción de alternativas, de modo que ante la idea de cancelar el TLCAN a los cinco años y luego ver qué pasa, propuso un proceso de evaluación sistemático a desarrollar cada cinco años a fin de ajustar o mejorar el acuerdo comercial. Esta idea permite evitar la incertidumbre que generaría la cancelación o suspensión quinquenal de un acuerdo que enmarca el intercambio comercial y le da una mayor certidumbre a la inversión. No hay que olvidar que el TLCAN abrió nuevas opciones de inversión ante las expectativas de contar con un amplio mercado de consumo, lo que quedaría cancelado si no hay un horizonte amplio de comercialización.
El tema de la resolución de controversias ya se había planteado por la administración del gobierno de Estados Unidos desde que advirtió que se saldría del otro gran acuerdo comercial que representaba el acuerdo comercial del Pacífico, el TPP. Es evidente que lo que se quiere es tener la facilidad de que todo litigio y controversia se atienda en sus tribunales, lo cual es inaceptable cuando existen mecanismos imparciales de negociación, arbitrajes con paneles de expertos, que incluso son avalados por la Organización Mundial de Comercio.
El tema del contenido nacional afecta no solo a México, sino a todas las partes, pues en primer lugar le resta atractivo a la inversión de terceros países en la región. Pensemos en Japón o Alemania, por ejemplo, así como en la industria automotriz. Por otra parte, es necesario reconocer que elevar el contenido regional puede resultar atractivo para los países involucrados siempre y cuando se cuente con la capacidad nacional para mejorar la inversión, desarrollar cadenas de valor, integrar empresas nacionales y regiones a los procesos de producción.
En este caso, lo importante es que pese a poder contar con ello, lo que no debe perderse de vista es la asimetría regional y, por lo tanto, el tipo de ventajas que cada país tiene pues esto es lo que le da competitividad a la región. Si bien hay que reforzar procesos internos, no se debe olvidar el desarrollo de la productividad y con ello el de la competitividad es regional, por lo que se deben aprovechar las ventajas que cada parte ya tiene y propone a la región.
Así, la posición mexicana, una estrategia que se reitera creativa, prudente y paciente, debe seguir prevaleciendo ante las exigencias del socio comercial más importante que tenemos, a la vez que refuerza lazos con Canadá y con las empresas —sobre todo estadounidenses— que le han apostado al TLCAN.