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Democracia a modo

  • Juan Manuel Sepúlveda

Pachuca, Hidalgo.-  Cotidianamente en nuestro ámbito de relación social directa y en los medios de comunicación se pone en evidencia un afán de manipular y tergiversar el término “democracia”. Muchas son las causas a las que podríamos atribuir este pernicioso afán; sin embargo, por razón de espacio yo me detendría, aunque fuese brevemente, para señalar dos de ellas.
La apatía del ciudadano común, que por regla general no se interesa por los temas que no tienen una relación evidente e inmediata sobre sus intereses meramente personales, simples e intrascendentes, en los que los temas políticos, considerados como tales los que trascienden a la vida comunitaria, están totalmente ausentes.
En el ciudadano común hay una errónea y comodina percepción de que los gobiernos son una especie de mal necesario y las elecciones son eventos marcados por la fatalidad, ante los cuales asumen una actitud compleja en donde el desinterés, el egoísmo y, desde luego, la malentendida comodidad, juegan un papel primordial.
Desde esta perspectiva, la democracia parece algo sumamente complicado y, lo que es más grave, como algo absurdo e inalcanzable cuya búsqueda es una ociosidad.
No cabe duda que la discusión amplia de los temas públicos es una herramienta básica para la democracia cuando el debate define y analiza los temas de trascendencia para la nación, a partir de los diferentes puntos de vista propios de una sociedad plural, pero que necesariamente esta confrontación concluya en acuerdos.
Sin embargo, los espacios de comunicación formales e informales, en la enorme mayoría de los casos se utilizan como verdaderos campos de batalla donde el discurso no tiene como fin la discusión civilizada en búsqueda de consensos y acuerdos políticos. Su finalidad es únicamente que a través de atacar al enemigo (entendiendo como tal a todo aquel que piensa diferente) pretenden convencer o mejor dicho embaucar a los electores reales o potenciales, de que el producto político que se vende, llámese partido o candidato, es el mejor.
Así mismo, se pervierte el término democracia cuando se pretende limitar su alcance únicamente al ámbito electoral. Esta limitación ocasiona que indebidamente nos preocupemos y ocupemos de la democracia en los tiempos y formas electorales, tiempos siempre limitados y formas que en la más de las veces tienen que ver con el uso mercadológico de temas coyunturales y llamativos con un enfoque que busca ante todo producir fuerte efecto o impresión en el ánimo.
Nuestra Constitución General de la República no deja el menor margen de duda, es clara y contundente cuando define el concepto de democracia que, si bien contempla como una parte de la misma al sistema electoral, establece además como elementos constitutivos de la democracia, la justa distribución de la riqueza, el estado de derecho, un desarrollo nacional integral y sustentable que recoja las verdaderas aspiraciones y demandas de la sociedad.
Este es el verdadero contenido y alcance de la democracia que no sólo se construye en lo electoral, sino fundamentalmente en lo social.
Ignorar o pretender olvidar el verdadero significado y sentido de la democracia nos ha conformado como una sociedad cada día más injusta, en la que el concepto de patria se nos ha desvanecido.