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Debates

  • Marco Antonio Baños

Pachuca, Hidalgo.- La semana pasada se cumplieron 23 años de los primeros debates presidenciales que en 1994 se concretaron en México a instancia de la autoridad electoral federal y medios de comunicación electrónicos con alcance masivo.
El primer registro de un debate televisivo en nuestro país, México, no fue entre aspirantes presidenciales, sino entre candidatos a diputados. El 27 de junio de 1961 el programa “Mesa de celebridades” de Televicentro (hoy Televisa), el cual conducía Agustín Barrios Gómez, a las 21:30 horas, presentó aquél encuentro entre Tomás Carmona del Partido Acción Nacional y Antonio Vargas, del Partido Revolucionario Institucional, quienes competían por una curul en el Congreso y contrastaron posturas con Barrios como moderador.
Un año antes había sido el primer debate televisivo entre los candidatos a la Presidencia en los Estados Unidos, celebrado entre el aún senador del Partido Demócrata, John F. Kennedy y Richard Nixon, vicepresidente en ese año en el gobierno de Dwight D. Eisenhower. Los sondeos dieron ganador al demócrata en televisión, mientras que quienes lo siguieron por radio, escucharon un empate.
El impacto del encuentro Kennedy-Nixon generó resistencias que implicaron la cancelación de debates en tres elecciones presidenciales posteriores de ese país. Fue hasta 1976 cuando se retomaron por los candidatos Gerald Ford y James Carter, quienes aceptaron sostener tres debates y uno más entre aspirantes a la vicepresidencia.
Suecia es la cuna de los debates en el mundo. En 1948 organizó el primero de la época moderna de manera previa a las elecciones parlamentarias, práctica que se extendió en Europa: Holanda en 1967 y Alemania dos años después, aunque esas discusiones no fueron televisadas. Gran Bretaña lo hizo apenas hace siete años y en el caso de Francia fue hasta 1974, año en el que los dos candidatos con mayores preferencias en los sondeos, sostuvieron un encuentro que solo fue transmitido por radio. Estos ejercicios políticos se realizaban después de la segunda vuelta, aunque en los pasados comicios franceses, hubo un encuentro entre los 11 aspirantes a la presidencia, que prolongó la discusión por más de cuatro horas.
En Latinoamérica se arraigan cada vez más los debates, pese a sus formatos acartonados (salvo en países como Chile donde son bastante fluidos) hoy es difícil imaginar procesos electorales sin ellos. Se han llevado a cabo desde la década de los sesenta. Brasil es el pionero y las excepciones eran Argentina, que finalmente los aprobó hasta 2015 y República Dominicana que lo hizo apenas en 2016. Han sido intermitentes en Uruguay, que comenzaron en 1989 y se reanudaron hasta 1994, con otra pausa en 2005.
En México, el Instituto Federal Electoral organizó su primer debate a la presidencia en 1994, en rigor el primero fue el 11 de mayo con tres partidos políticos: Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN), Verde Ecologista de México (PVEM) y de la Unión Nacional Opositora (UNO); y un día después el famoso entre candidatos punteros: Cuauhtémoc Cárdenas del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Diego Fernández del PAN y Ernesto Zedillo del PRI.
Estos encuentros se dieron tras intensas negociaciones. No había legislación específica y ya fuera por declinación o exclusión, las candidatas Cecilia Soto, del Partido del Trabajo (PT) y Marcela Lombardo, del Partido Popular Socialista (PPS), además de Álvaro Pérez Treviño, del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), no participaron en ninguno de los debates pese a que tenían registro como candidatas y candidato.
La figura de los debates fue considerada formalmente hasta la reforma electoral de 1996, cuando se estableció como facultad del IFE organizarlos y apoyar su difusión, aunque debía haber antes petición de los partidos.
Así, México comenzó a realizar debates presidenciales ininterrumpidos y hasta un famoso pre debate que se transmitió en vivo el 23 de mayo del año 2000, cuando Vicente Fox acuñó la frase “hoy, hoy, hoy”. Con la reforma 2007-2008 se determinó obligatoriedad de llevar a cabo al menos dos debates presidenciales, así como la transmisión en vivo y sin cortes en emisoras públicas, más tarde, con la reforma 2014, ese mandato considera también obligatorio que las emisoras privadas de mayor audiencia los difundan y se previó impulsar espacios para que otros cargos en disputa debatan regularmente, por ejemplo en cada distrito, quienes buscan ser diputadas o diputados por mayoría relativa.
Es verdad que el reto es mejorar el formato y volverlo más ágil y propicio para el contraste de posturas en beneficio de las y los electores, aunque también es un hecho que cada día es más lejano, y qué bueno, imaginar elecciones sin debates.
*Consejero electoral del INE
@MarcoBanos