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De frente y con resultados

  • José Luis Lima

Nuestras Carceles

Pachuca, Hidalgo. El hacer señalamientos en estos tiempos sobre el tema de inseguridad es algo que durante las últimas semanas hemos leído, escuchado y mencionado en muchos foros, y en la mayoría de los casos es con el deseo de manifestar la inconformidad que existe en gran parte de las entidades federativas, por la creciente ola de delitos que se ha registrado durante este año 2017.
Mis dos últimas intervenciones se han abocado a señalar que el gobierno federal, como los gobiernos estatales, tiene el enorme deseo de procurar que desde las mismas cárceles se vayan mermando lo delitos, ya que para nadie es desconocido que muchos de los delincuentes que ingresan en lugar de readaptación dan señales que ponen a los criminales en condiciones de aprendizaje en materia delincuencial. Para nadie es un secreto que las grandes mafias se desarrollan y se encumbran la mayoría de las veces en los centros de reclusión, por esto es importante que sepamos qué está sucediendo en los CEFERESOS y cómo mermar los controles que se dan dentro de los mismos centros.
En el país se habla mucho de la importancia que se ha dado a cada uno de los reclusorios y en especial a 3, los cuales se dice son los de máxima seguridad, aunque de dos, y esto ya lo escribimos, Joaquín Guzmán se escapó. El CEFERESO 3 “Noreste” ubicado en Matamoros, Tamaulipas, es uno de ellos, en donde también están recluidos delincuentes de alta peligrosidad; éste se encuentra a 17 kilómetros de Matamoros e inició sus operaciones en junio del 2000.
Este centro federal tiene 230 mil metros cuadrados, de los cuales 27 mil 900 componen las instalaciones y los demás son considerados como áreas de seguridad; desgraciadamente no podemos dejar de señalar que como una constante en los centros de reclusión, en éste hay una sobrepoblación de 39%. Se hace mención que en función del espacio con el que cuenta debería tener una población de 836 personas, lo que no ha sido posible ya que alberga, con base en los últimos reportes, más de 1000 reclusos.
Sus evaluaciones han sido en sentido negativo y esto radica principalmente en la cantidad de delincuentes y la incorrecta aplicación de las programas de readaptación, por esto es que el Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria lo ubica desde hace algunos años en el lugar número 20 respecto a las condiciones de gobernabilidad, y si de algo se puede distinguir este centro es que en el 2014 fue en el que más riñas se registraron y de graves consecuencias por la alta de peligrosidad que existe entre sus sentenciados.
En este tema hay que ser puntual, ya que dentro de las estrategias penitenciarias se comenta que un penal para su correcto funcionamiento en todos los índices debe tener un máximo de 520 internos, y es claro que está muy rebasado; esto nos lleva precisamente a que sus controles y niveles de vigilancia sean vulnerables.
No podemos ignorar que la cuestión financiera no es el impedimento. En este rubro es justo reconocer que el Congreso ha autorizado millones de pesos para la correcta atención tanto de los reos como el mejoramiento de la instalaciones; desgraciadamente no hemos visto una respuesta que satisfaga a toda la comunidad que conoce de estos temas y mucho menos a la sociedad, que está muy pendiente de cómo se llevan a cabo los trabajos de reinserción social. Algunos estudios señalan que se gasta más en un reo que en un estudiante de la UNAM; en el sistema penitenciario federal se eroga aproximadamente 140 pesos diarios para mantener a un recluso; los penales federales es el segundo programa con más presupuesto de seguridad, y hay que remarcar que en esto se invierte más en nuestra nación que lo que gasta Chile o Colombia.
Las mejoras tienen que darse y estás no pueden esperar a tiempo políticos, hoy vemos con tristeza que lo que se invierte no está dando el resultado que todos esperamos, y como dicen los estudiosos, la problemática del sistema penitenciario se ha complicado demasiado por la errónea política criminológica, que lo único que ha propiciado es que los reos se hayan duplicado en 10 años, contando a la fecha con aproximadamente 25 mil de alta peligrosidad. Podría haber muchas soluciones, pero es urgente tratar el tema en las instancias gubernamentales, es muy necesario abocarse a mejorar los programas de readaptación social y tener mejores programas de seguridad para desterrar todo espacio que se preste a la corrupción y se den los famosos autogobiernos.
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