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Acoso sexual en el ámbito escolar

  • Hebert Morales Zaragoza

Pachuca, Hidalgo.-  Saludos, estimados lectores
Hemos sido testigos de la forma en que día a día ha ido creciendo de manera alarmante el fenómeno de la violencia escolar, desde nuestras diferentes trincheras muchos de nosotros luchamos por prevenirlo y combatirlo, por ello no podemos cerrar los ojos ante un tipo de acoso que se abre paso cada vez más, dañando a nuestras hijas e hijos; el acoso sexual es justamente este tipo de acoso el que abordaremos en nuestra columna del día de hoy.
Como sabemos, la violencia dentro de las escuelas puede venir disfrazada con un innumerable número de caretas, pero siempre persigue un mismo fin: que la persona que la ejerce pueda imponer su poder sobre otro u otros, a través de constantes amenazas, insultos, agresiones o vejaciones, y así tenerlos bajo su completo dominio a lo largo de meses e incluso años, en el caso del acoso sexual, el fin es exactamente el mismo, someter a la acosada o acosado pero como su nombre lo indica, con connotaciones y fines sexuales. Aunque un acto de violencia sexual puede tener distintas características, algunas de las manifestaciones más comunes de agresión sexual pueden ir desde “miradas lascivas, comentarios con connotación sexual e insinuaciones, hasta llegar a agresiones físicas, tocamientos, abuso sexual y la violación”.
El  20 de octubre de 2014, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos emitió al respecto la Recomendación General 21, sobre la prevención, atención y sanción de casos de violencia sexual en contra de niñas y niños en centros educativos públicos y privados, dirigida a la Secretaría de Educación Pública, a los gobiernos de los estados de la república y al jefe de gobierno del distrito federal. En dicha recomendación señalaba que de enero de 2000 a agosto de 2014 la CNDH había recibido 190 quejas en contra de la SEP y secretarías de educación de diversas entidades federativas por casos relacionados con abuso sexual, acoso sexual, tocamientos y violación.
La CNDH abordó la problemática tras un meticuloso estudio, partiendo de un diagnóstico elaborado con información solicitada a la SEP y a algunas otras autoridades educativas de los estados, en las conclusiones vertidas en este documento señala que un ataque sexual contra un infante, transgrede sus derechos a la libertad sexual, la integridad personal, al trato digno, a la educación y el desarrollo, y esto se vuelve aún más grave, destaca, cuando dichos ataques se cometen “en centros donde (los niños y niñas) deben ser formados y tratados con dignidad”.
Algunos de los síntomas en los agredidos son: “miedo, incapacidad de confiar en los demás, cólera y hostilidad, conductas sexuales inapropiadas para su edad, depresión, sentimientos de culpa y vergüenza, problemas en su desempeño escolar, problemas somáticos, trastornos de sueño y alimentarios y conductas fóbicas, evasivas, regresivas e incluso autodestructivas“.
Otra característica común en este tipo de agresiones sexuales es que las niñas y los niños guarden silencio y tengan un “sentimiento” de culpa debido a las amenazas que frecuentemente emplean los agresores, en contra de ellos o sus familias; además, se ha observado que la violencia sexual provoca cierta estigmatización y, consecuentemente, algunos padres ante el temor de que la situación se haga pública y que esto implique una revictimización de sus hijos no lo hacen del conocimiento de la autoridad competente; sin embargo, destaca la CNDH, “ignorar este tipo de casos puede tener como consecuencia que el agresor permanezca impune, que el daño sea irreparable en la víctima e, incluso, que se propicie la reincidencia”.
Se determinó, también, según los testimonios de menores de edad que fueron víctimas de agresiones sexuales, que los agresores aprovechaban los llamados “puntos ciegos”, donde la presencia de compañeros o docentes fuera casi nula, ya que los llevaban a lugares aislados, tales como sanitarios, salones en construcción, patios traseros, entre otros, por lo que la CNDH determinó que “el diseño, la construcción de los centros escolares o bien la disposición del mobiliario favorecen que la violencia sexual ocurra e, incluso, que ésta se presente de forma reiterada”. Se trata, según el organismo, de salones de clase que no cuentan con ventanas, o cuyas ventanas están veladas por cortinaje o tapiadas; salones que se encuentran “aislados del resto del plantel”, así como baños escolares que no son de uso exclusivo de los alumnos, sino que son compartidos con el personal del plantel, lo que genera “una situación de aislamiento idónea para que los agresores sexuales violenten a sus víctimas sin que nadie se percate sobre estos hechos”.
La Recomendación General 21 afirma que, además de los ataques sexuales, las niñas y los niños también sufrieron otros tipo de abusos, tales como golpes e insultos, después haber sido amenazados para no contar a nadie la agresión sufrida.
Entre las amenazas más frecuentes, según el testimonio de las víctimas, están aquellas en las que el agresor advierte que, de contar a alguien lo sucedido, la reputación del menor se verá afectada, o bien que nadie le creerá, además de amenazas con hacerles daño a ellos o algún ser querido, por lo cual, es común que guarden silencio.
Nos leemos pronto para seguir abordando este interesante tema.