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Acervo

  • Pedro Luis Noble

Constitucionalismo

Pachuca, Hidalgo.- Del latín ismo en castellano es un sufijo a una palabra que forma un sustantivo de un concepto: actitud o tendencia: egoísmo, mesianismo, individualismo, etcétera. Igualmente se convierte en sustantivo de actividades deportivas: ciclismo, automovilismo, entre otros. Se forma el sustantivo cuando se emplean en términos de la ciencia médica para señalar padecimientos como astigmatismo, alcoholismo por ejemplo. En ese sentido se configura el sustantivo que se asigna a un movimiento, escuela, academia, doctrina, filosofía o sistema político-jurídico.
Para esta columna haremos el sustantivo referente a la Constitución Política de nuestro país y así trataremos datos sobre el CONSTITUCIONALISMO mexicano. En este concepto se comprenden las normas máximas, los principios básicos, derechos fundamentales y obligaciones a cumplir. De la misma manera la organización del Estado Mexicano, derechos del pueblo, separación de poderes, el régimen democrático, representativo y federal; la administración y distribución de la riqueza nacional.
Este concepto político-jurídico nos concede a los mexicanos derechos y prerrogativas y oportunidades por un lado, pero igual nos obliga a observar y cumplir actitudes y pautas de comportamiento que se establecen en nuestra ley fundamental de nuestro país. De la máxima ley emanan todas las leyes secundarias quedan reguladas y supeditadas al articulado general de la Constitución. Cuando una ley se promulga y de esta se observa que es contraria al espíritu o a los principios constitucionales cabe la posibilidad de que se pida la declaración de inconstitucionalidad de toda o algunas partes de la ley cuestionada.
Salazar Ugarte, en www.revistas.unam.mx, hace un análisis de la obra del jurista, filósofo y politólogo italiano Norberto Bobio (1999-2004) y nos dice que “derecho y poder son las dos caras de una misma moneda”. Para Bobbio, la relación entre ambos conceptos, siempre compleja, es una relación de interdependencia recíproca. En el estudio mencionado se analizan elementos jurídicos y políticos y ambos tienen un solo hilo conductor: el concepto del poder.
Lo jurídico y lo político es lo que da vida al Constitucionalismo. El orden constitucional, el Estado de derecho, la igualdad, la libertad y la paz social han permitido que crezcamos como país, que el México independiente venga construyendo desde 1824 (la primera Constitución) la de Apatzingán la estructura, donde se sostienen nuestras libertades y la plataforma para la defensa de nuestros derechos.
El pasado cinco de febrero nuestra actual Constitución cumplió 101 años de plena vigencia. A más de un siglo la constitución está actualizada para atender el anhelo de nuestro pueblo. Se ha reformado para poder coexistir en el concierto de las naciones y en el mundo nos hemos ya destacado como una de las 20 economías de más desarrollo. A lo largo de más de 200 años de vida independiente han prevalecido los valores superiores colectivos. En ese transcurrir han sucumbido imperios y caudillismos para que gocemos ahora de una democracia en plenitud, con regulaciones y con alta competencia, con libertades para pensar y decir lo que a cada ciudadano desee. Eso es resultado del Constitucionalismo.
En ese contexto es lo que todos debemos cuidar: que no se rompa el orden constitucional. Que nadie mande al demonio a las instituciones y menos pretenda mutilar nuestros derechos con ofertas falsas o con propuestas inviables. El Constitucionalismo es nuestro acervo, es más poderoso que cualquier populismo, caudillismo o mesianismo.
Febrero 8 de 2018