/ miércoles 5 de junio de 2019

Ya basta de actos cobardes y violentos

Formar parte del servicio público implica un compromiso absoluto para millones de personas, ya que muchas de las tareas que desempeñamos tienen que ver con el beneficio de la ciudadanía. Los horarios extendidos y lo exhaustivo de la tarea es con la finalidad de entregar buenos resultados, máxime si se trata de cargos obtenidos por elección popular.

A diferencia de otras épocas, muchas de las actividades que se realizan en este país han adquirido un carácter peligroso, ya que la inmersión de grupos de la delincuencia organizada ha crispado seriamente los ánimos, sobretodo si en las decisiones que acarrean esas profesiones se busca el bienestar general en detrimento de los privilegios de los que gozan algunos sectores.

Periodistas, defensores de derechos humanos, investigadores, cuerpos policiacos y militares, así como el servicio público relacionado con ello, viven en estado de vulnerabilidad frente a un Estado inerte y carente de soluciones a corto, mediano y largo plazo.

Hace unos pocos días se vivió un evento lamentable en uno de los recintos más importantes del país: el Senado de la República. La Senadora Citlali Hernández, recibió un libro en sus oficinas de la Cámara Alta, el cual en realidad era un explosivo que, al abrirlo, estalló provocando heridas a la legisladora, las cuales, dentro de todo lo malo de la situación, afortunadamente fueron leves. El atentado nos deja varias reflexiones que son importantes colocar sobre la mesa de discusión para posteriores análisis. Hasta la legislatura pasada, los estándares de seguridad en los espacios legislativos federales eran estrictos y con acciones clave en caso de algún siniestro. Al día de hoy, lamentablemente hay un estado de vulnerabilidad en dichos recintos y para muestra lo sucedido el pasado miércoles. Si bien se señaló que se encontró un resquicio, la situación es un ejemplo de lo frágiles que son las medidas de seguridad y que, por el bien de todos y cada uno de los empleados se debe fortalecer.

Por otro lado, el clima de confrontación que ha sido generado por algunos actores políticos nos ha dejado como consecuencia este tipo de cobardes actos. Y es que a pesar de que no coincidir en muchas de las posturas legislativas, la Senadora Citlali es una legisladora seria, trabajadora y transparente en su actuar, por lo que ni a ella ni a nadie más le debió ocurrir esto. Es momento de dialogar y conciliar por el bien del país a pesar de que haya personas a quienes una situación de comunión no les convenga para sus aspiraciones políticas.

A 6 meses de iniciado este gobierno, el avance en materia de seguridad ha sido magro, es más, lejos de existir un avance, las cifras nos demuestran que la seguridad está sufriendo más que nunca. Ya no son suficientes los discursos y las promesas para que este tipo de situaciones no vuelvan a ocurrir. Es necesario obtener resultados de inmediato por el bien, no solo de los legisladores, sino de toda la población de nuestro México que es la más lastimada en este lastimero proceso de reparto de culpas.

Desde aquí nuestra solidaridad con la Senadora Citlali, además de levantar la voz para que las autoridades del Senado de la República y de la Fiscalía General de la República esclarezcan los hechos y castiguen de forma ejemplar a los perpetradores de tan cobarde ataque.

Formar parte del servicio público implica un compromiso absoluto para millones de personas, ya que muchas de las tareas que desempeñamos tienen que ver con el beneficio de la ciudadanía. Los horarios extendidos y lo exhaustivo de la tarea es con la finalidad de entregar buenos resultados, máxime si se trata de cargos obtenidos por elección popular.

A diferencia de otras épocas, muchas de las actividades que se realizan en este país han adquirido un carácter peligroso, ya que la inmersión de grupos de la delincuencia organizada ha crispado seriamente los ánimos, sobretodo si en las decisiones que acarrean esas profesiones se busca el bienestar general en detrimento de los privilegios de los que gozan algunos sectores.

Periodistas, defensores de derechos humanos, investigadores, cuerpos policiacos y militares, así como el servicio público relacionado con ello, viven en estado de vulnerabilidad frente a un Estado inerte y carente de soluciones a corto, mediano y largo plazo.

Hace unos pocos días se vivió un evento lamentable en uno de los recintos más importantes del país: el Senado de la República. La Senadora Citlali Hernández, recibió un libro en sus oficinas de la Cámara Alta, el cual en realidad era un explosivo que, al abrirlo, estalló provocando heridas a la legisladora, las cuales, dentro de todo lo malo de la situación, afortunadamente fueron leves. El atentado nos deja varias reflexiones que son importantes colocar sobre la mesa de discusión para posteriores análisis. Hasta la legislatura pasada, los estándares de seguridad en los espacios legislativos federales eran estrictos y con acciones clave en caso de algún siniestro. Al día de hoy, lamentablemente hay un estado de vulnerabilidad en dichos recintos y para muestra lo sucedido el pasado miércoles. Si bien se señaló que se encontró un resquicio, la situación es un ejemplo de lo frágiles que son las medidas de seguridad y que, por el bien de todos y cada uno de los empleados se debe fortalecer.

Por otro lado, el clima de confrontación que ha sido generado por algunos actores políticos nos ha dejado como consecuencia este tipo de cobardes actos. Y es que a pesar de que no coincidir en muchas de las posturas legislativas, la Senadora Citlali es una legisladora seria, trabajadora y transparente en su actuar, por lo que ni a ella ni a nadie más le debió ocurrir esto. Es momento de dialogar y conciliar por el bien del país a pesar de que haya personas a quienes una situación de comunión no les convenga para sus aspiraciones políticas.

A 6 meses de iniciado este gobierno, el avance en materia de seguridad ha sido magro, es más, lejos de existir un avance, las cifras nos demuestran que la seguridad está sufriendo más que nunca. Ya no son suficientes los discursos y las promesas para que este tipo de situaciones no vuelvan a ocurrir. Es necesario obtener resultados de inmediato por el bien, no solo de los legisladores, sino de toda la población de nuestro México que es la más lastimada en este lastimero proceso de reparto de culpas.

Desde aquí nuestra solidaridad con la Senadora Citlali, además de levantar la voz para que las autoridades del Senado de la República y de la Fiscalía General de la República esclarezcan los hechos y castiguen de forma ejemplar a los perpetradores de tan cobarde ataque.

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