/ miércoles 10 de julio de 2024

Sin representación y sin rumbo en la dirigencia priista

Las derrotas en la política no se dan ni de manera sorpresiva ni de la noche a la mañana, ya que las diferentes herramientas demoscópicas dan una lectura clara del sentir de la gente con los gobiernos o, específicamente, con decisiones que pueden afectar directamente la prestación de servicios desde cualquier nivel de gobierno o, incluso, aquellas acciones que se pueden dar en el seno de un instituto político pero no cumplen con los valores que la sociedad de la demarcación comparte, es decir, lo que pudiera ser la vida interna de los partidos políticos, no impacta exclusivamente a sus miembros, sino que las formas y los fondos se convierten en un mensaje para la ciudadanía que incide en las urnas.

Lo que pasa en el Partido Revolucionario Institucional en Hidalgo es lamentable y triste en el entendido que ha sido la fuerza política que durante décadas construyó el Estado desde sus inicios ha ido perdiendo posiciones por la misma razón que a nivel federal: la dirigencia ha asumido una postura unilateral cuya única finalidad es mantenerse a la cabeza encontrando formas jurídicas y políticas de alejar a cuadros relevantes.

Hidalgo, un bastión histórico del priísmo se perdió después de más de 9 décadas, sin embargo, las decisiones de la dirigencia anteriores a esa catástrofe generaron un olvido de la militancia, una endeble oposición y una pésima imagen para con la ciudadanía, lo que llevó a que las y los diputados del Congreso local renunciaran de forma irrevocable.

El PRI se recomponía con decisiones, con cercanía a la ciudadanía y seriedad en la forma en que se asumían los problemas, sin embargo, en los últimos años la puerta cerrada a quienes auténticamente hacen al partido y las decisiones cupulares de los dirigentes, propiciaron caídas estrepitosas como el hecho de que, a diferencia de años que se encabezaba la mayoría de las presidencias municipales, ahora el PRI solo encabeza un municipio mientras que en alianza apenas 4 más.

Además, resulta que para la siguiente legislatura no se obtuvo ni un solo diputado de mayoría, además de que no hubo un solo distrito federal en que el PRI obtuviera representación.

Los militantes de años, que han entregado su esfuerzo y trabajo a cambio de la unidad, del compromiso, de las mejores políticas públicas, no fueron escuchados en nuestro Estado y el resultado ahí está. Cuando se pretende que las posiciones los ocupen amigos, familiares y personal que no ha trabajado el estado el resultado está ahí. Además había una plataforma de diálogo para grupos que deseaban aclarar o darle un rumbo diferente al partido.

No tener representación en el Congreso y gobernar apenas unos cuantos municipios parece que implica una de esas derrotas de las que no puede levantarse un partido político, sin embargo, la realidad nos dice que siempre es posible revivir en política, el problema está en que para que eso suceda debe haber autocrítica por parte de la dirigencia y entender que no se pueden cerrar como se está haciendo y que las decisiones de fondo como el hacerse a un lado deben tomarse con carácter de urgente.

Y sí, el problema está en que a pesar de los malos resultados, se avala la reelección de la dirigencia con una reforma estatutaria que, además, pretende ser replicada a nivel estatal.

En Hidalgo habrá que esperar las nuevas ocurrencias de los dirigentes, ya que, de prevalecer así, la poca representación queda desalentara a la militancia y propiciará una despedida inminente.



Las derrotas en la política no se dan ni de manera sorpresiva ni de la noche a la mañana, ya que las diferentes herramientas demoscópicas dan una lectura clara del sentir de la gente con los gobiernos o, específicamente, con decisiones que pueden afectar directamente la prestación de servicios desde cualquier nivel de gobierno o, incluso, aquellas acciones que se pueden dar en el seno de un instituto político pero no cumplen con los valores que la sociedad de la demarcación comparte, es decir, lo que pudiera ser la vida interna de los partidos políticos, no impacta exclusivamente a sus miembros, sino que las formas y los fondos se convierten en un mensaje para la ciudadanía que incide en las urnas.

Lo que pasa en el Partido Revolucionario Institucional en Hidalgo es lamentable y triste en el entendido que ha sido la fuerza política que durante décadas construyó el Estado desde sus inicios ha ido perdiendo posiciones por la misma razón que a nivel federal: la dirigencia ha asumido una postura unilateral cuya única finalidad es mantenerse a la cabeza encontrando formas jurídicas y políticas de alejar a cuadros relevantes.

Hidalgo, un bastión histórico del priísmo se perdió después de más de 9 décadas, sin embargo, las decisiones de la dirigencia anteriores a esa catástrofe generaron un olvido de la militancia, una endeble oposición y una pésima imagen para con la ciudadanía, lo que llevó a que las y los diputados del Congreso local renunciaran de forma irrevocable.

El PRI se recomponía con decisiones, con cercanía a la ciudadanía y seriedad en la forma en que se asumían los problemas, sin embargo, en los últimos años la puerta cerrada a quienes auténticamente hacen al partido y las decisiones cupulares de los dirigentes, propiciaron caídas estrepitosas como el hecho de que, a diferencia de años que se encabezaba la mayoría de las presidencias municipales, ahora el PRI solo encabeza un municipio mientras que en alianza apenas 4 más.

Además, resulta que para la siguiente legislatura no se obtuvo ni un solo diputado de mayoría, además de que no hubo un solo distrito federal en que el PRI obtuviera representación.

Los militantes de años, que han entregado su esfuerzo y trabajo a cambio de la unidad, del compromiso, de las mejores políticas públicas, no fueron escuchados en nuestro Estado y el resultado ahí está. Cuando se pretende que las posiciones los ocupen amigos, familiares y personal que no ha trabajado el estado el resultado está ahí. Además había una plataforma de diálogo para grupos que deseaban aclarar o darle un rumbo diferente al partido.

No tener representación en el Congreso y gobernar apenas unos cuantos municipios parece que implica una de esas derrotas de las que no puede levantarse un partido político, sin embargo, la realidad nos dice que siempre es posible revivir en política, el problema está en que para que eso suceda debe haber autocrítica por parte de la dirigencia y entender que no se pueden cerrar como se está haciendo y que las decisiones de fondo como el hacerse a un lado deben tomarse con carácter de urgente.

Y sí, el problema está en que a pesar de los malos resultados, se avala la reelección de la dirigencia con una reforma estatutaria que, además, pretende ser replicada a nivel estatal.

En Hidalgo habrá que esperar las nuevas ocurrencias de los dirigentes, ya que, de prevalecer así, la poca representación queda desalentara a la militancia y propiciará una despedida inminente.