/ miércoles 15 de diciembre de 2021

Salud mental para México

En mi paso como legisladora tengo muy claro el hecho de que trabajamos para millones de personas, para soluciones macro que lleguen a un mayor número de mexicanas y mexicanos, sin embargo, cuando pienso en productos legislativos en beneficio de la ciudadanía no puedo desprenderme de la particularidad, es decir, de personas en lo individualidad que viven una situación propia que les modifica sus vidas.

Ese fue el caso particular de la iniciativa que presenté hace algunos meses en materia de atención a la salud mental, ya que si bien una característica de la ley es la generalidad, las historias, las sensibilidades humanas, las circunstancias de gente que se me acercaba, hicieron que buscara la forma para que esas y muchas otras personas fueran atendidas con dignidad respecto de condiciones sumamente complicadas no sólo por lo que se vive al interior, sino por la estigmatización y la falta de atención.

Normalmente nos enfocamos en los problemas físicos que merman la calidad de vida de las personas, circunstancias detectables con cierta facilidad que, desde luego, tienen una importancia enorme porque el bienestar de los seres humanos es la primera necesidad que se debe cubrir, sin embargo, tenemos la fortuna que en los últimos años, la sociedad civil junto con especialistas han puesto sobre la mesa la importancia de la salud mental.

Importancia que se robustece porque, antes de cualquier otro paso, necesitamos visibilizarla, quitarle toda clase de estigmas y poner manos a la obra mediante acciones afirmativas que permitan que todas y todos aquellos que sufren de alguna enfermedad o condición mental, puedan acudir ante los servicios de salud para obtener un tratamiento eficaz, expedito y respetuoso.

Esta iniciativa que se acumuló a otras más de compañeras y compañeros legisladores, que además fue robustecida en comisiones, así como en el propio pleno, hoy es una realidad ante la aprobación por 90 votos esperando que en la cámara revisora se apruebe para que sea una realidad para todas y todos los pacientes mentales que existen en México.

La pandemia hizo tangible la cercanía que tenemos con la salud mental, ya que el encierro, el estrés, el miedo al contagio y las circunstancias de vida por las que estábamos pasando, demostraron que todas las personas somos susceptibles de pasar por inconvenientes en nuestra salud mental, sobre todo, porque los expertos han logrado demostrar que una gran parte de la población sufre o ha sufrido depresión debido al ritmo de vida que llevamos.

Entre muchas otras cosas, hemos conseguido la aprobación a estas iniciativas en el Senado para que la atención de la salud mental se otorgue desde el primer nivel de atención médica para atacar condiciones como ansiedad, depresión, esquizofrenia y adicciones con un personal médico bien capacitado en la materia para que ningún paciente sea rechazado o minimizado cuando acuda por ayuda.

Este sólo es un paso que seguiremos muy de cerca para poder dar el siguiente, porque la plenitud del pueblo de México depende, en buena medida, de quienes tenemos los instrumentos legislativos al alcance que permitan dar un giro de bienestar completo a quienes piden ayuda con urgencia y que se les ha negado porque no estamos preparados para ello.

En mi paso como legisladora tengo muy claro el hecho de que trabajamos para millones de personas, para soluciones macro que lleguen a un mayor número de mexicanas y mexicanos, sin embargo, cuando pienso en productos legislativos en beneficio de la ciudadanía no puedo desprenderme de la particularidad, es decir, de personas en lo individualidad que viven una situación propia que les modifica sus vidas.

Ese fue el caso particular de la iniciativa que presenté hace algunos meses en materia de atención a la salud mental, ya que si bien una característica de la ley es la generalidad, las historias, las sensibilidades humanas, las circunstancias de gente que se me acercaba, hicieron que buscara la forma para que esas y muchas otras personas fueran atendidas con dignidad respecto de condiciones sumamente complicadas no sólo por lo que se vive al interior, sino por la estigmatización y la falta de atención.

Normalmente nos enfocamos en los problemas físicos que merman la calidad de vida de las personas, circunstancias detectables con cierta facilidad que, desde luego, tienen una importancia enorme porque el bienestar de los seres humanos es la primera necesidad que se debe cubrir, sin embargo, tenemos la fortuna que en los últimos años, la sociedad civil junto con especialistas han puesto sobre la mesa la importancia de la salud mental.

Importancia que se robustece porque, antes de cualquier otro paso, necesitamos visibilizarla, quitarle toda clase de estigmas y poner manos a la obra mediante acciones afirmativas que permitan que todas y todos aquellos que sufren de alguna enfermedad o condición mental, puedan acudir ante los servicios de salud para obtener un tratamiento eficaz, expedito y respetuoso.

Esta iniciativa que se acumuló a otras más de compañeras y compañeros legisladores, que además fue robustecida en comisiones, así como en el propio pleno, hoy es una realidad ante la aprobación por 90 votos esperando que en la cámara revisora se apruebe para que sea una realidad para todas y todos los pacientes mentales que existen en México.

La pandemia hizo tangible la cercanía que tenemos con la salud mental, ya que el encierro, el estrés, el miedo al contagio y las circunstancias de vida por las que estábamos pasando, demostraron que todas las personas somos susceptibles de pasar por inconvenientes en nuestra salud mental, sobre todo, porque los expertos han logrado demostrar que una gran parte de la población sufre o ha sufrido depresión debido al ritmo de vida que llevamos.

Entre muchas otras cosas, hemos conseguido la aprobación a estas iniciativas en el Senado para que la atención de la salud mental se otorgue desde el primer nivel de atención médica para atacar condiciones como ansiedad, depresión, esquizofrenia y adicciones con un personal médico bien capacitado en la materia para que ningún paciente sea rechazado o minimizado cuando acuda por ayuda.

Este sólo es un paso que seguiremos muy de cerca para poder dar el siguiente, porque la plenitud del pueblo de México depende, en buena medida, de quienes tenemos los instrumentos legislativos al alcance que permitan dar un giro de bienestar completo a quienes piden ayuda con urgencia y que se les ha negado porque no estamos preparados para ello.

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