/ miércoles 29 de mayo de 2024

Que la participación sea histórica y que la unidad sea el camino

Estamos a unos cuantos días de la elección federal del dos de junio, en la cual se elegirán 19 mil personas para ocupar diversos cargos, desde la titularidad del Ejecutivo Federal, hasta planillas de Ayuntamiento para hacer frente a las necesidades municipales. Es una de las jornadas electorales más grandes de la historia y que más expectativas han creado porque es un escenario inexplorado, toda vez que se da en el marco de una administración pública de una postura política que nunca antes habíamos tenido y que servirá de parámetro para definir la satisfacción de las personas con el gobierno actual o, en dado caso, elegir una opción que no es única sino el producto de una coalición con fuerzas políticas que hace apenas algunos años eran opositoras entre sí. Adicionalmente, se entiende que la sociedad está más politizada que nunca y eso genera expectativas de una participación histórica.

Es precisamente ese giro en la participación social que nos hace reflexionar en torno a lo que se ha construido desde la sociedad civil en cuanto a cultura política, ya que el cambio de gobierno representó el replanteamiento de políticas públicas que estuvieron al alcance del análisis general a través de la información que algunos medios de comunicación hacían pública; ello, en conjunto con la gran influencia de las redes sociales, ha despertado voces que anteriormente no eran escuchadas, no sólo por falta de atención sino por la inexistencia de canales como los que hoy tenemos.

Más allá de las opciones políticas que se nos presentan e, incluso, del contenido de las campañas políticas o la completitud o no de los debates que se nos presentaron, hoy la conversación gira en torno a diferentes modelos de un país que sigue viviendo carencias y necesidades básicas, además se mantener aún ciertos problemas que deben solucionarse al corto, mediano y largo plazo, pero con una noción más robusta de la realidad social.

Ello es lo que ilusiona, ya que generará que cada vez más personas salgan a votar fortaleciendo una visión democrática que, aunque ha dado un giro importante en cuanto a democracia participativa a través de diversos mecanismos y organismos, sigue en nuestras opciones la democracia representativa como aquella que, a sabiendas, de la densidad demográfica, delega en representantes populares la solución d ellos asuntos públicos.

Esta jornada electoral debe ir en torno a la unidad como país, para lo cual se requieren reflexiones profundas en torno a lo que somos como nación, entendiendo que las diferencias ideológicas pueden existir, sin embargo, la permanencia del derecho a disentir fortalece seriamente a cualquier comunidad, ya que se convierte a la entrada del diálogo y a la noción de que es sólo una parte de nuestras vidas, por lo que, una vez resuelto eso, debemos trabajar en conjunto para quien la mayoría decida, con respeto, con entrega y sin el más mínimo atisbo de violencia.

El que vayan más personas a las urnas ni siquiera implica de entrada un beneficio para alguna de las opciones políticas, pero sí nos hace pensar que la participación copiosa es sinónimo de una democracia sana y que va en buen camino, ya que las opciones que se presenten deben ser analizadas y los votos que se otorguen deben dar una lectura del momento histórico en el que nos encontremos.

No importa la opción que elijan en todos y cada uno de los cargos por los cuales emitirán su sufragio, eso será tarea de los partidos políticos para realizar una reflexión interna, pero entre más personas acudan y haya una participación histórica, entonces quienes nos gobierne tendrá una legitimidad mayor y entenderá que deberá ser el constructor de un país más prospero y la persona encargada de sanar las heridas, de generar unidad y de dejar muy claro que gobernará para todos, incluso para quienes no eligieron la opción.

Más que por los cargos, las opciones políticas o el costo de una elección, está será una jornada histórica porque está en juego más que una diputación, una presidencia o cualquier cargo, está en juego la vigencia democrática, así como el respeto y madurez del pueblo mexicano.


Estamos a unos cuantos días de la elección federal del dos de junio, en la cual se elegirán 19 mil personas para ocupar diversos cargos, desde la titularidad del Ejecutivo Federal, hasta planillas de Ayuntamiento para hacer frente a las necesidades municipales. Es una de las jornadas electorales más grandes de la historia y que más expectativas han creado porque es un escenario inexplorado, toda vez que se da en el marco de una administración pública de una postura política que nunca antes habíamos tenido y que servirá de parámetro para definir la satisfacción de las personas con el gobierno actual o, en dado caso, elegir una opción que no es única sino el producto de una coalición con fuerzas políticas que hace apenas algunos años eran opositoras entre sí. Adicionalmente, se entiende que la sociedad está más politizada que nunca y eso genera expectativas de una participación histórica.

Es precisamente ese giro en la participación social que nos hace reflexionar en torno a lo que se ha construido desde la sociedad civil en cuanto a cultura política, ya que el cambio de gobierno representó el replanteamiento de políticas públicas que estuvieron al alcance del análisis general a través de la información que algunos medios de comunicación hacían pública; ello, en conjunto con la gran influencia de las redes sociales, ha despertado voces que anteriormente no eran escuchadas, no sólo por falta de atención sino por la inexistencia de canales como los que hoy tenemos.

Más allá de las opciones políticas que se nos presentan e, incluso, del contenido de las campañas políticas o la completitud o no de los debates que se nos presentaron, hoy la conversación gira en torno a diferentes modelos de un país que sigue viviendo carencias y necesidades básicas, además se mantener aún ciertos problemas que deben solucionarse al corto, mediano y largo plazo, pero con una noción más robusta de la realidad social.

Ello es lo que ilusiona, ya que generará que cada vez más personas salgan a votar fortaleciendo una visión democrática que, aunque ha dado un giro importante en cuanto a democracia participativa a través de diversos mecanismos y organismos, sigue en nuestras opciones la democracia representativa como aquella que, a sabiendas, de la densidad demográfica, delega en representantes populares la solución d ellos asuntos públicos.

Esta jornada electoral debe ir en torno a la unidad como país, para lo cual se requieren reflexiones profundas en torno a lo que somos como nación, entendiendo que las diferencias ideológicas pueden existir, sin embargo, la permanencia del derecho a disentir fortalece seriamente a cualquier comunidad, ya que se convierte a la entrada del diálogo y a la noción de que es sólo una parte de nuestras vidas, por lo que, una vez resuelto eso, debemos trabajar en conjunto para quien la mayoría decida, con respeto, con entrega y sin el más mínimo atisbo de violencia.

El que vayan más personas a las urnas ni siquiera implica de entrada un beneficio para alguna de las opciones políticas, pero sí nos hace pensar que la participación copiosa es sinónimo de una democracia sana y que va en buen camino, ya que las opciones que se presenten deben ser analizadas y los votos que se otorguen deben dar una lectura del momento histórico en el que nos encontremos.

No importa la opción que elijan en todos y cada uno de los cargos por los cuales emitirán su sufragio, eso será tarea de los partidos políticos para realizar una reflexión interna, pero entre más personas acudan y haya una participación histórica, entonces quienes nos gobierne tendrá una legitimidad mayor y entenderá que deberá ser el constructor de un país más prospero y la persona encargada de sanar las heridas, de generar unidad y de dejar muy claro que gobernará para todos, incluso para quienes no eligieron la opción.

Más que por los cargos, las opciones políticas o el costo de una elección, está será una jornada histórica porque está en juego más que una diputación, una presidencia o cualquier cargo, está en juego la vigencia democrática, así como el respeto y madurez del pueblo mexicano.