/ miércoles 29 de diciembre de 2021

Por un 2022 sano

Los ciclos traen consigo la esperanza de un nuevo inicio y, al mismo tiempo, el aprendizaje o las cicatrices de todo lo vivido. Es una invitación mística y emocional a la reflexión de todo por lo que pasamos en 365 días y la construcción de nuevos proyectos, nuevas metas, nuevos propósitos que nos conduzcan, sobre todo a ser mejores personas.

Vaya que el 2021 nos deja enormes enseñanzas para implementar. Supimos que no hay nada más importante que la salud y que lo que damos por sentado se nos puede escapar de las manos en cualquier momento y, por eso, debemos dirigir todos nuestros esfuerzos a ser felices y a propiciar que nuestros semejantes alcances esa felicidad con la simpleza de las cosas que ni todo el dinero del mundo nos puede obsequiar.

Entendimos que la unión familiar sigue siendo el arma más poderosa para superar todo tipo de vicisitudes porque, con la salud que tengamos todas y todos los miembros de familia tendremos lo mínimo indispensable para sonreír, para abrazar, para llegar a la plenitud a la que debe aspirar todo ser humano.

En este camino sinuoso, aún con vacunas, vimos como muchas personas queridas, con las que convivíamos día con día, de un momento a otro adquirieron una enfermedad que sigue siendo tan desconocida como el hecho de no saber con certeza cuáles serán sus consecuencias a corto lo largo plazo. Y a pesar de ello seguimos en pie, tratando de confrontar los nuevos retos que el COVID nos impone conforme se va descubriendo sus avances y mutaciones.

Comprendimos que la bendición de un empleo no es el trabajo en sí, sino la posibilidad de levantarnos cada día para realizar una actividad que otorgue a nuestras familias alimento, vestido, vivienda, más allá de lo dignificante que es otorgar nuestras capacidades al desempeño de un empleo. Por ello la importancia de conservarlo, apreciarlo y potenciarlo para llevar nuestras capacidades a otro nivel.

Si nos preguntáramos qué hubiese pasado si esta difícil etapa en la vida de la humanidad la viviéramos sin estar cerca de nuestra familia, sin duda, llegaríamos a la conclusión de que no nos sería posible, siquiera, resistir el embate de una condición que no sólo nos lastima la salud física sino que, como vimos a lo largo del año, lacera nuestra estabilidad emocional y salud mental a niveles que muchas personas han ignorado.

Es momento de agradecer nuestra estancia hoy, de saber que cumplimos un nuevo ciclo y que debemos felicitarnos por el hecho de sobreponernos a todo lo malo entregando todo lo bueno. Es momento de abrazarnos y de considerarnos fuertes por estar de pie y con el corazón listo para seguir construyendo un mejor futuro para nuestras hijas e hijos.

Es buen espacio para reflexionar, para saber que si como mexicanos estamos acá es producto de la empatía, la resiliencia y la solidaridad que se respira en las calles. Que el núcleo familiar nos acogió y es momento de cuidarlo como debemos cuidar nuestra salud en otro bache que vivimos en esta pandemia. No me queda duda que la inteligencia y el amor del pueblo de México podrá con eso y con más. Por ello les invito a seguir las recomendaciones como evitar aglomeraciones y seguir tomando todas las medidas para cuidar de nosotros y de nuestros seres queridos.

Los ciclos traen consigo la esperanza de un nuevo inicio y, al mismo tiempo, el aprendizaje o las cicatrices de todo lo vivido. Es una invitación mística y emocional a la reflexión de todo por lo que pasamos en 365 días y la construcción de nuevos proyectos, nuevas metas, nuevos propósitos que nos conduzcan, sobre todo a ser mejores personas.

Vaya que el 2021 nos deja enormes enseñanzas para implementar. Supimos que no hay nada más importante que la salud y que lo que damos por sentado se nos puede escapar de las manos en cualquier momento y, por eso, debemos dirigir todos nuestros esfuerzos a ser felices y a propiciar que nuestros semejantes alcances esa felicidad con la simpleza de las cosas que ni todo el dinero del mundo nos puede obsequiar.

Entendimos que la unión familiar sigue siendo el arma más poderosa para superar todo tipo de vicisitudes porque, con la salud que tengamos todas y todos los miembros de familia tendremos lo mínimo indispensable para sonreír, para abrazar, para llegar a la plenitud a la que debe aspirar todo ser humano.

En este camino sinuoso, aún con vacunas, vimos como muchas personas queridas, con las que convivíamos día con día, de un momento a otro adquirieron una enfermedad que sigue siendo tan desconocida como el hecho de no saber con certeza cuáles serán sus consecuencias a corto lo largo plazo. Y a pesar de ello seguimos en pie, tratando de confrontar los nuevos retos que el COVID nos impone conforme se va descubriendo sus avances y mutaciones.

Comprendimos que la bendición de un empleo no es el trabajo en sí, sino la posibilidad de levantarnos cada día para realizar una actividad que otorgue a nuestras familias alimento, vestido, vivienda, más allá de lo dignificante que es otorgar nuestras capacidades al desempeño de un empleo. Por ello la importancia de conservarlo, apreciarlo y potenciarlo para llevar nuestras capacidades a otro nivel.

Si nos preguntáramos qué hubiese pasado si esta difícil etapa en la vida de la humanidad la viviéramos sin estar cerca de nuestra familia, sin duda, llegaríamos a la conclusión de que no nos sería posible, siquiera, resistir el embate de una condición que no sólo nos lastima la salud física sino que, como vimos a lo largo del año, lacera nuestra estabilidad emocional y salud mental a niveles que muchas personas han ignorado.

Es momento de agradecer nuestra estancia hoy, de saber que cumplimos un nuevo ciclo y que debemos felicitarnos por el hecho de sobreponernos a todo lo malo entregando todo lo bueno. Es momento de abrazarnos y de considerarnos fuertes por estar de pie y con el corazón listo para seguir construyendo un mejor futuro para nuestras hijas e hijos.

Es buen espacio para reflexionar, para saber que si como mexicanos estamos acá es producto de la empatía, la resiliencia y la solidaridad que se respira en las calles. Que el núcleo familiar nos acogió y es momento de cuidarlo como debemos cuidar nuestra salud en otro bache que vivimos en esta pandemia. No me queda duda que la inteligencia y el amor del pueblo de México podrá con eso y con más. Por ello les invito a seguir las recomendaciones como evitar aglomeraciones y seguir tomando todas las medidas para cuidar de nosotros y de nuestros seres queridos.

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