/ sábado 11 de septiembre de 2021

Pal Kepenyes. La escultura tiene movimiento

PASO A DESNIVEL


México se convirtió en su nueva y segunda patria. Nació en Hungría en 1926. Fue un preso político, la prisión comunista María Nostra, es el testimonio de esta dura prueba de resistencia y esperanza para el artista… solo por una pequeña ventana podía ver la luz.

Luego de múltiples torturas Pal Kepenyes logró escapar, en el año de 1956. Huyó a París, ahí conoció a una mexicana, unió su vida a la de ella y como otros perseguidos, emigró a México.

Sus primeros años aquí no fueron fáciles. En su estancia en México, los barrios y calles de San Ángel conocieron sus andares y pasos que recorrían esa zona.

Era un hombre distinto, caminaba con un pequeño morral de la época al hombro, en el guardaba esculturas que él creaba para venderlas y ganarse unos pesos.

Los fines de semana se encaminaba a un bazar y luego a los círculos bohemios en donde vendía algunas piezas. Pero su espíritu anhelaba un espacio más amplio, en donde se respirara la libertad. Soñaba con el mar.

Sin brújula, únicamente con un pensamiento inercial se fue a vivir a Acapulco. En su vida acrisoló un pensamiento: Más allá de los límites del hombre.

Lector afanoso, fue descubriendo a México. Con ese caudal de conocimiento, sus manos dieron vida y presencia a esculturas que al margen del material con el que están realizadas, tienen movimiento. Cada una de sus obras contienen cuatro elementos fundamentales; poder, dinero, misterio y sexualidad. Un alquimista que le dota de forma a la emoción y los sueños.

El artista temeroso de que la embajada de Hungría en México lo detuviera, adquirió la nacionalidad mexicana, y dejó de sentirse fugitivo. Ya era mexicano.

En 1993, regresó a Hungría a saludar a quienes quedaban de su familia y a algunos amigos.

Al paso del tiempo; La República de Hungría le reconoció con la Cruz de oro al mérito y el ayuntamiento de Acapulco le otorgó una medalla por su aportación en la escultura al puerto, además de haber recibido reconocimientos nacionales e internacionales por su genial obra.

Existe el museo Pal Kepenyes en Acapulco que mantiene una muestra permanente del artista.

Kepenyes en sus escritos explicó acerca de la escultura: El movimiento, significa estar vivo, por lo que mi obra, principalmente en bronce, consiste en realizar esculturas que son capaces de ofrecer no solo un perfil estéticamente agradable sino también una serie de movimientos: Hay que tocarlas, jugar con ellas y transformarlas.

PASO A DESNIVEL


México se convirtió en su nueva y segunda patria. Nació en Hungría en 1926. Fue un preso político, la prisión comunista María Nostra, es el testimonio de esta dura prueba de resistencia y esperanza para el artista… solo por una pequeña ventana podía ver la luz.

Luego de múltiples torturas Pal Kepenyes logró escapar, en el año de 1956. Huyó a París, ahí conoció a una mexicana, unió su vida a la de ella y como otros perseguidos, emigró a México.

Sus primeros años aquí no fueron fáciles. En su estancia en México, los barrios y calles de San Ángel conocieron sus andares y pasos que recorrían esa zona.

Era un hombre distinto, caminaba con un pequeño morral de la época al hombro, en el guardaba esculturas que él creaba para venderlas y ganarse unos pesos.

Los fines de semana se encaminaba a un bazar y luego a los círculos bohemios en donde vendía algunas piezas. Pero su espíritu anhelaba un espacio más amplio, en donde se respirara la libertad. Soñaba con el mar.

Sin brújula, únicamente con un pensamiento inercial se fue a vivir a Acapulco. En su vida acrisoló un pensamiento: Más allá de los límites del hombre.

Lector afanoso, fue descubriendo a México. Con ese caudal de conocimiento, sus manos dieron vida y presencia a esculturas que al margen del material con el que están realizadas, tienen movimiento. Cada una de sus obras contienen cuatro elementos fundamentales; poder, dinero, misterio y sexualidad. Un alquimista que le dota de forma a la emoción y los sueños.

El artista temeroso de que la embajada de Hungría en México lo detuviera, adquirió la nacionalidad mexicana, y dejó de sentirse fugitivo. Ya era mexicano.

En 1993, regresó a Hungría a saludar a quienes quedaban de su familia y a algunos amigos.

Al paso del tiempo; La República de Hungría le reconoció con la Cruz de oro al mérito y el ayuntamiento de Acapulco le otorgó una medalla por su aportación en la escultura al puerto, además de haber recibido reconocimientos nacionales e internacionales por su genial obra.

Existe el museo Pal Kepenyes en Acapulco que mantiene una muestra permanente del artista.

Kepenyes en sus escritos explicó acerca de la escultura: El movimiento, significa estar vivo, por lo que mi obra, principalmente en bronce, consiste en realizar esculturas que son capaces de ofrecer no solo un perfil estéticamente agradable sino también una serie de movimientos: Hay que tocarlas, jugar con ellas y transformarlas.

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