/ domingo 9 de junio de 2019

La violencia y la educación en México

La educación en México, ¿quién la imparte, las escuelas o la televisión? El enorme esfuerzo gubernamental y privado para educar es cada día menor comparado con la influencia social de la televisión privada que insiste en promover, proyectar, patrocinar y más, la violencia en todos sus géneros, es decir, la de las series, caricaturas, telenovelas, películas, programas de reportajes urbanos de nota roja etc. Decía un maestro de escuela que lo que ellos enseñan en seis horas en la mañana a un niño, la televisión se los estropea en media hora por la tarde.

Es una obligación de la sociedad el evitar que la cultura de la población sea inducida, mal inducida, porque se privilegia la violencia, por las empresas televisivas privadas de cadena nacional que funcionan gracias a concesiones otorgadas por el gobierno. A ver, que es más importante, que el negocio de los integrantes de la nomenclatura de la televisión privada funcione y sea rentable, a cualquier costo, o que se observen reglas en la programación que procuren una televisión sana, educativa, promotora de valores nacionales, morales, familiares. Tener la televisión encendida en casa decía un autor, es como recibir a un hombre de edad madura lleno de mañas, que va a sentarse diario a nuestra sala a platicar dos o tres horas con nuestros hijos y les habla indiscriminadamente de violencia, asaltos, muertes, consumismo, sexo, etc. Esa es la televisión que tenemos.

Aparte de la dosis de violencia que nuestra juventud y también los adultos recibimos por parte de algunos medios impresos amarillistas que también parece que quieren emparejarse en esa carrera en la presentación de las notas sangrientas producto de la activísima delincuencia.

Veo a los conductores de noticieros de las grandes cadenas nacionales criticar las acciones cotidianas de un pueblo que en ocasiones toma justicia por sí mismo (linchamientos) con gran violencia, de un enajenado automovilista que balea a otro por un accidente menor de tránsito, vemos como se extrañan de que afuera de los estadios o de las concentraciones de espectadores en eventos hay golpes, agresiones a camarógrafos y combates contra la policía, para no hablar de la violencia intrafamiliar que desgraciadamente es pan de todos los días, y preguntamos, ¿No es la misma televisión nacional e internacional la que proyecta los programas más cargados de dosis de violencia en todas sus formas que los comentaristas critican?

De nada nos va a servir el combate a la delincuencia y a la violencia por medios policíacos gastando mucho dinero en armas, patrullas y cámaras urbanas de tv si en la mente de los niños y jóvenes mexicanos se sigue sembrando a través de los medios el germen de la violencia. El combate a la violencia debe ser simultáneamente policial y cultural, si no, dentro de unos años en vez de disminuir habrá crecido este cáncer que se recrea en estos primeros años del siglo XXI.

La educación en México, ¿quién la imparte, las escuelas o la televisión? El enorme esfuerzo gubernamental y privado para educar es cada día menor comparado con la influencia social de la televisión privada que insiste en promover, proyectar, patrocinar y más, la violencia en todos sus géneros, es decir, la de las series, caricaturas, telenovelas, películas, programas de reportajes urbanos de nota roja etc. Decía un maestro de escuela que lo que ellos enseñan en seis horas en la mañana a un niño, la televisión se los estropea en media hora por la tarde.

Es una obligación de la sociedad el evitar que la cultura de la población sea inducida, mal inducida, porque se privilegia la violencia, por las empresas televisivas privadas de cadena nacional que funcionan gracias a concesiones otorgadas por el gobierno. A ver, que es más importante, que el negocio de los integrantes de la nomenclatura de la televisión privada funcione y sea rentable, a cualquier costo, o que se observen reglas en la programación que procuren una televisión sana, educativa, promotora de valores nacionales, morales, familiares. Tener la televisión encendida en casa decía un autor, es como recibir a un hombre de edad madura lleno de mañas, que va a sentarse diario a nuestra sala a platicar dos o tres horas con nuestros hijos y les habla indiscriminadamente de violencia, asaltos, muertes, consumismo, sexo, etc. Esa es la televisión que tenemos.

Aparte de la dosis de violencia que nuestra juventud y también los adultos recibimos por parte de algunos medios impresos amarillistas que también parece que quieren emparejarse en esa carrera en la presentación de las notas sangrientas producto de la activísima delincuencia.

Veo a los conductores de noticieros de las grandes cadenas nacionales criticar las acciones cotidianas de un pueblo que en ocasiones toma justicia por sí mismo (linchamientos) con gran violencia, de un enajenado automovilista que balea a otro por un accidente menor de tránsito, vemos como se extrañan de que afuera de los estadios o de las concentraciones de espectadores en eventos hay golpes, agresiones a camarógrafos y combates contra la policía, para no hablar de la violencia intrafamiliar que desgraciadamente es pan de todos los días, y preguntamos, ¿No es la misma televisión nacional e internacional la que proyecta los programas más cargados de dosis de violencia en todas sus formas que los comentaristas critican?

De nada nos va a servir el combate a la delincuencia y a la violencia por medios policíacos gastando mucho dinero en armas, patrullas y cámaras urbanas de tv si en la mente de los niños y jóvenes mexicanos se sigue sembrando a través de los medios el germen de la violencia. El combate a la violencia debe ser simultáneamente policial y cultural, si no, dentro de unos años en vez de disminuir habrá crecido este cáncer que se recrea en estos primeros años del siglo XXI.

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