/ miércoles 29 de enero de 2020

La reacción al coronavirus

En el primer semestre del 2009 el mundo se vio envuelto en una situación delicada en términos de salubridad. En marzo de ese año, fueron detectados varios casos de personas infectadas con una nueva cepa del virus de influenza porcina denominada AH1N1, la cual, en apariencia se había debido a la proliferación de esa enfermedad en granjas de animales, siendo Estados Unidos el foco de atención por ser el lugar donde surgió.

Esas imágenes y momentos parecieron volver a finales del 2019 y principios de 2020 con una alerta derivada del llamado coronavirus; contagio que comenzó en China, particularmente en la provincia Wuhan y que ha sido mortífero en ese país, llegando a 81 defunciones hasta hace apenas unas horas y elevando el número de infectados a 2 mil 835 en todo ese país.

Desde luego, en un mundo globalizado las alertas de este tipo de situaciones se encienden derivado de los múltiples viajes, conexiones y hasta insumos que al día de hoy se comparten en todo el mundo. Se ha señalado que no existe razón para alarmarse y que solo se alerta de no viajar a dicho país y, en forma específica, a la ciudad de Wuhan, ya que eso aumenta el riesgo de contagio. De nuestro continente solo Estados Unidos de América con dos casos confirmados y Canadá con uno, son lo más cercano que nos enfrentamos a dicho virus.

Este tipo de circunstancias ponen a prueba a todo un sistema global de salud, prevención de enfermedades y hasta de instancias militares para saber reaccionar a enfermedades virales que tienen una letalidad seria. La relevancia de esta situación emergente radica en la experiencia de un mundo globalizado que ya para este momento histórico preveía el surgimiento de China como una potencia económica mundial con todo lo que ello implica: elaboración de productos, entrega de insumos, tránsito de personas de ese país a otros, es decir, todo el contacto del mundo.

No es para menos la alarma, ya que el riesgo es inminente para muchos países dado el contacto con aquella nación oriental, por ello, los organismos supranacionales en materia de salud, más que nunca, deben intervenir de forma mesurada y urgente para evitar una catástrofe de mayor magnitud.

Lo que se destaca de esta lamentable situación es la capacidad que tiene un país como China para encarar este tipo de adversidades, ya que lejos de las críticas por el sistema político que tiene donde se señalan rasgos de autoritarismo, ello también les ha posibilitado atender esta crisis de la mejor manera con una capacidad de reacción y organización impresionante.

Para empezar, han mantenido a la ciudad origen del brote en cuarentena, sino los ciudadanos de esa provincia los principales en acatar dichas instrucciones entendiendo la gravedad del problema.

Asimismo, las autoridades se han movilizado para permitir que las personas que tuvieran un viaje a China pudieran cancelarlo sin costo alguno y con reembolsos absolutos con la finalidad de que acepten la cuarentena que está viviendo esa enorme nación.

Finalmente, la capacidad en la infraestructura parece surgido de ciencia ficción, ya que se prevé la construcción en seis días de un hospital con todas las comodidades y seguridad para aislar a personas contagiadas de enfermedades altamente infecciosas incluyendo, desde luego, el coronavirus.

Así, China ha demostrado una vez más que, sin importar las circunstancias, tiene un poderío económico y una capacidad organizativa impresionante que, sin duda, todos los países debemos absorber en aras de apoyar a la ciudadanía.

En el primer semestre del 2009 el mundo se vio envuelto en una situación delicada en términos de salubridad. En marzo de ese año, fueron detectados varios casos de personas infectadas con una nueva cepa del virus de influenza porcina denominada AH1N1, la cual, en apariencia se había debido a la proliferación de esa enfermedad en granjas de animales, siendo Estados Unidos el foco de atención por ser el lugar donde surgió.

Esas imágenes y momentos parecieron volver a finales del 2019 y principios de 2020 con una alerta derivada del llamado coronavirus; contagio que comenzó en China, particularmente en la provincia Wuhan y que ha sido mortífero en ese país, llegando a 81 defunciones hasta hace apenas unas horas y elevando el número de infectados a 2 mil 835 en todo ese país.

Desde luego, en un mundo globalizado las alertas de este tipo de situaciones se encienden derivado de los múltiples viajes, conexiones y hasta insumos que al día de hoy se comparten en todo el mundo. Se ha señalado que no existe razón para alarmarse y que solo se alerta de no viajar a dicho país y, en forma específica, a la ciudad de Wuhan, ya que eso aumenta el riesgo de contagio. De nuestro continente solo Estados Unidos de América con dos casos confirmados y Canadá con uno, son lo más cercano que nos enfrentamos a dicho virus.

Este tipo de circunstancias ponen a prueba a todo un sistema global de salud, prevención de enfermedades y hasta de instancias militares para saber reaccionar a enfermedades virales que tienen una letalidad seria. La relevancia de esta situación emergente radica en la experiencia de un mundo globalizado que ya para este momento histórico preveía el surgimiento de China como una potencia económica mundial con todo lo que ello implica: elaboración de productos, entrega de insumos, tránsito de personas de ese país a otros, es decir, todo el contacto del mundo.

No es para menos la alarma, ya que el riesgo es inminente para muchos países dado el contacto con aquella nación oriental, por ello, los organismos supranacionales en materia de salud, más que nunca, deben intervenir de forma mesurada y urgente para evitar una catástrofe de mayor magnitud.

Lo que se destaca de esta lamentable situación es la capacidad que tiene un país como China para encarar este tipo de adversidades, ya que lejos de las críticas por el sistema político que tiene donde se señalan rasgos de autoritarismo, ello también les ha posibilitado atender esta crisis de la mejor manera con una capacidad de reacción y organización impresionante.

Para empezar, han mantenido a la ciudad origen del brote en cuarentena, sino los ciudadanos de esa provincia los principales en acatar dichas instrucciones entendiendo la gravedad del problema.

Asimismo, las autoridades se han movilizado para permitir que las personas que tuvieran un viaje a China pudieran cancelarlo sin costo alguno y con reembolsos absolutos con la finalidad de que acepten la cuarentena que está viviendo esa enorme nación.

Finalmente, la capacidad en la infraestructura parece surgido de ciencia ficción, ya que se prevé la construcción en seis días de un hospital con todas las comodidades y seguridad para aislar a personas contagiadas de enfermedades altamente infecciosas incluyendo, desde luego, el coronavirus.

Así, China ha demostrado una vez más que, sin importar las circunstancias, tiene un poderío económico y una capacidad organizativa impresionante que, sin duda, todos los países debemos absorber en aras de apoyar a la ciudadanía.

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