/ jueves 5 de noviembre de 2020

La proyección presidencial en EU

El martes 3 de noviembre, la sociedad estadounidense salió a votar por el candidato que dirigirá la mayor potencia del mundo los próximos 4 años. Del lado republicano, el presidente Donald J. Trump que sigue hasta este momento buscando la reelección después de un primer cuatrienio iniciado en 2016; por el bando demócrata, el exvicepresidente Joe Biden, quién desde el senado representando a su natal Vermont, ha sido conocido, pero que al haber acompañado al presidente Barack Obama durante su mandato de 8 años, sin duda alguna alcanzada notoriedad, influencia y por supuesto poder político.

Esta elección quedó enmarcada por el azote de la pandemia sanitaria y el manejo a la misma que dio Trump. Además, se incluyeron en la narrativa el conflicto comercial con China, la tensa relación con Irán con tintes bélicos, la contracción económica que priva en la nación y que desencadena efectos en diversas latitudes tales como México que es su principal socio comercial, las acusaciones de injerencia del gobierno ruso en la presidencia trumpista, así como los desencuentros del inquilino de la Casa Blanca con parte de la comunidad europea, entre otros temas de coyuntura sociopolítica.

Fue así como se llevó a cabo la jornada electoral que tiene connotaciones muy relevantes: La conformación misma del método electivo es diametralmente opuesta a como los conocemos en México. Primero, no existe una autoridad electoral con las atribuciones y el marco de control y regulación que tiene el INE.

Asimismo, no necesariamente a pesar de haber alcanzado la mayoría del voto popular sea significativo para alzarse con el triunfo, La ecuación simple y compleja a la vez, es ganar cuando menos 270 votos de los 538 colegios electorales asentados a lo largo del país. Los colegios electorales se encuentran confeccionados en escala proporcional al número de habitantes de cada estado.

Es decir, California aporta por sí solo 55 votos electorales por su índice de población que es el mayor en el país, en contraste con el Distrito de Columbia, icónico por su capital la ciudad de Washington, sede de los poderes de la Unión pero que con una población diametralmente menor, entrega únicamente 3 votos. Hasta el momento, las mediciones arrojan una competencia reñida en cuanto a la obtención de los 270 colegios electorales. Debe advertirse también la alta participación ciudadana que alcanzó un promedio superior al 60%, circunstancia que no se había presentado antes.

Pronto conoceremos sí Joe Biden consigue constituirse como el presidente de EU número 46, o sí Donald Trump retiene la presidencia para un segundo mandato. La trascendencia de esta elección trastoca invariablemente la relación de México con Estados Unidos en la figura principal del Presidente de la República y su gobierno, así como también de Hidalgo en materia de inversiones.

Recordemos la visita reciente al estado del embajador Cristopher Landau quién en la compañía del gobernador Omar Fayad registró diversos parques industriales locales en los que empresarios de ese país tienen negocios estratégicos de manufactura y de procesamiento de alimentos como el caso de Cargill en Atitalaquia. En el contexto del nuevo tratado comercial (T-MEC) Hidalgo, con el liderazgo del gobernador, se ha perfilado como polo de atracción de inversión extranjera directa y por ello la importancia de la elección en el vecino país.

El martes 3 de noviembre, la sociedad estadounidense salió a votar por el candidato que dirigirá la mayor potencia del mundo los próximos 4 años. Del lado republicano, el presidente Donald J. Trump que sigue hasta este momento buscando la reelección después de un primer cuatrienio iniciado en 2016; por el bando demócrata, el exvicepresidente Joe Biden, quién desde el senado representando a su natal Vermont, ha sido conocido, pero que al haber acompañado al presidente Barack Obama durante su mandato de 8 años, sin duda alguna alcanzada notoriedad, influencia y por supuesto poder político.

Esta elección quedó enmarcada por el azote de la pandemia sanitaria y el manejo a la misma que dio Trump. Además, se incluyeron en la narrativa el conflicto comercial con China, la tensa relación con Irán con tintes bélicos, la contracción económica que priva en la nación y que desencadena efectos en diversas latitudes tales como México que es su principal socio comercial, las acusaciones de injerencia del gobierno ruso en la presidencia trumpista, así como los desencuentros del inquilino de la Casa Blanca con parte de la comunidad europea, entre otros temas de coyuntura sociopolítica.

Fue así como se llevó a cabo la jornada electoral que tiene connotaciones muy relevantes: La conformación misma del método electivo es diametralmente opuesta a como los conocemos en México. Primero, no existe una autoridad electoral con las atribuciones y el marco de control y regulación que tiene el INE.

Asimismo, no necesariamente a pesar de haber alcanzado la mayoría del voto popular sea significativo para alzarse con el triunfo, La ecuación simple y compleja a la vez, es ganar cuando menos 270 votos de los 538 colegios electorales asentados a lo largo del país. Los colegios electorales se encuentran confeccionados en escala proporcional al número de habitantes de cada estado.

Es decir, California aporta por sí solo 55 votos electorales por su índice de población que es el mayor en el país, en contraste con el Distrito de Columbia, icónico por su capital la ciudad de Washington, sede de los poderes de la Unión pero que con una población diametralmente menor, entrega únicamente 3 votos. Hasta el momento, las mediciones arrojan una competencia reñida en cuanto a la obtención de los 270 colegios electorales. Debe advertirse también la alta participación ciudadana que alcanzó un promedio superior al 60%, circunstancia que no se había presentado antes.

Pronto conoceremos sí Joe Biden consigue constituirse como el presidente de EU número 46, o sí Donald Trump retiene la presidencia para un segundo mandato. La trascendencia de esta elección trastoca invariablemente la relación de México con Estados Unidos en la figura principal del Presidente de la República y su gobierno, así como también de Hidalgo en materia de inversiones.

Recordemos la visita reciente al estado del embajador Cristopher Landau quién en la compañía del gobernador Omar Fayad registró diversos parques industriales locales en los que empresarios de ese país tienen negocios estratégicos de manufactura y de procesamiento de alimentos como el caso de Cargill en Atitalaquia. En el contexto del nuevo tratado comercial (T-MEC) Hidalgo, con el liderazgo del gobernador, se ha perfilado como polo de atracción de inversión extranjera directa y por ello la importancia de la elección en el vecino país.

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