/ jueves 17 de septiembre de 2020

La pandemia que no se va

Cuando pareciera que estábamos saliendo de la crisis por COVID 19, la realidad nos confronta y nos demuestra que aún estamos metidos en severos problemas de salud para enfrentar ese virus. A la fecha no existe una vacuna que muestre una efectividad absoluta, ya que, a pesar de que el gobierno ruso ya está en proceso de planeación de vacunación masiva, el tiempo tan corto para lanzarla al mercado puede tener otros riesgos.

En el mismo sentido, México ha apostado a sumarse a diferentes ensayos de diversas vacunas, siendo la de la farmacéutica Astra Zeneca la que parecía que tenía un nivel de avance mayor al grado de asumir que para inicios de 2021 ya podría ser utilizada en vacunación general, sin embargo, los ensayos médicos, que por cierto son a los que se debe someter todo medicamento, arrojaron problemas en una de las personas del grupo controlado, razón por la cual suspendieron por un tiempo el avance en la investigación.

A inicios de la semana se sumó otra mala noticia. La Organización Mundial de la Salud señaló que se había registrado nuevo récord en número de contagios a nivel mundial, lo cual, de permanecer así, podría confirmarse como un rebrote en aquellos países que parecía ya habían superado lo peor de la pandemia.

Esto se trata de ciencia y no es fácil de comprender desde la óptica política porque, incluso, lo enrarece. Con datos duros, el virus ha demostrado lo mucho que puede cambiar y lo fácil que le es mutar para evitar su control absoluto. Al día de hoy nadie estamos seguros hasta que no exista una vacuna que muestre efectos favorables y no otros daños que pueda traer consigo.

El rebrote, además, se da un escenario en que los países del hemisferio norte entran de lleno a la época de mayor número de contagios de influenza estacional, lo cual no sólo complica los diagnósticos, sino que puede recrudecer los tratamientos de tal manera que el número de decesos puede aumentar de manera considerable, incluso comparándolos con el primer brote de COVID19.

Así, la realidad nos demuestra que somos más vulnerables de lo que parecemos, ya que un nuevo confinamiento puede traer un derrumbe de la economía mayor, sin embargo, la vida normal traerá una serie de condiciones de salud que ni el sistema de salud más completo y sofisticado podrá sortear.

Lo cierto es que, como sociedad, no podemos ahogarnos en las ansias de una vacuna, sino en el cambio de mente para entender con claridad que debemos convivir con una condición de salud que estará presente por mucho tiempo con todo lo que ello implica, desde el sistema educativo hasta la forma de interactuar con las demás personas

Cuando pareciera que estábamos saliendo de la crisis por COVID 19, la realidad nos confronta y nos demuestra que aún estamos metidos en severos problemas de salud para enfrentar ese virus. A la fecha no existe una vacuna que muestre una efectividad absoluta, ya que, a pesar de que el gobierno ruso ya está en proceso de planeación de vacunación masiva, el tiempo tan corto para lanzarla al mercado puede tener otros riesgos.

En el mismo sentido, México ha apostado a sumarse a diferentes ensayos de diversas vacunas, siendo la de la farmacéutica Astra Zeneca la que parecía que tenía un nivel de avance mayor al grado de asumir que para inicios de 2021 ya podría ser utilizada en vacunación general, sin embargo, los ensayos médicos, que por cierto son a los que se debe someter todo medicamento, arrojaron problemas en una de las personas del grupo controlado, razón por la cual suspendieron por un tiempo el avance en la investigación.

A inicios de la semana se sumó otra mala noticia. La Organización Mundial de la Salud señaló que se había registrado nuevo récord en número de contagios a nivel mundial, lo cual, de permanecer así, podría confirmarse como un rebrote en aquellos países que parecía ya habían superado lo peor de la pandemia.

Esto se trata de ciencia y no es fácil de comprender desde la óptica política porque, incluso, lo enrarece. Con datos duros, el virus ha demostrado lo mucho que puede cambiar y lo fácil que le es mutar para evitar su control absoluto. Al día de hoy nadie estamos seguros hasta que no exista una vacuna que muestre efectos favorables y no otros daños que pueda traer consigo.

El rebrote, además, se da un escenario en que los países del hemisferio norte entran de lleno a la época de mayor número de contagios de influenza estacional, lo cual no sólo complica los diagnósticos, sino que puede recrudecer los tratamientos de tal manera que el número de decesos puede aumentar de manera considerable, incluso comparándolos con el primer brote de COVID19.

Así, la realidad nos demuestra que somos más vulnerables de lo que parecemos, ya que un nuevo confinamiento puede traer un derrumbe de la economía mayor, sin embargo, la vida normal traerá una serie de condiciones de salud que ni el sistema de salud más completo y sofisticado podrá sortear.

Lo cierto es que, como sociedad, no podemos ahogarnos en las ansias de una vacuna, sino en el cambio de mente para entender con claridad que debemos convivir con una condición de salud que estará presente por mucho tiempo con todo lo que ello implica, desde el sistema educativo hasta la forma de interactuar con las demás personas

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