/ miércoles 27 de noviembre de 2019

El presupuesto contra la autonomía

La potestad tributaria del Estado se divide en tres actividades: el establecimiento de contribuciones manifestadas a través de la creación y aprobación de la Ley de Ingresos a cargo del Congreso de la Unión; la administración de las mismas a través de una autoridad como el SAT que determina quién ha cumplido o no con sus obligaciones, y la ejecución de lo recaudado a través el Presupuesto de Egresos que corresponde a la Cámara de Diputados.

A pesar de que todas son importantes, donde se materializa el poder financiero del Estado (que como sabemos es el poder originario del pueblo para decidir sobre su determinación y la forma en que cubrirá sus necesidades entendiendo las contribuciones como aportaciones ciudadanas para poder sostener a ese Estado), es en el ejercicio del gasto, ya que en él se plasma la postura económica, política y social de un gobierno y, sobre todo, es un medio para permitir el desarrollo del pueblo.

El Presupuesto de Egresos 2020 comenzó como terminó: mal. Un bloqueo del cual fue rehén la Cámara de Diputados obligó a no cumplir en tiempo con dicha obligación, orillando, incluso, a sesionar en una sede alterna ante la falta de acuerdos y toma de decisiones que permitieran preservar el Estado de Derecho.

En el contenido también quedaron cabos sueltos y una postura clara de la actual administración: más clientelismo, menos autonomía.

Para comenzar, se quitaron cantidades millonarias a órganos constitucionalmente autónomos como el INE, IFETEL, INAI y, preocupantemente, a la Fiscalía General de la República, sin importar que se encuentre en un complejo proceso de transición que requiere de todos los esfuerzos institucionales para operar adecuadamente, es decir, un claro desdén a la procuración de justicia en un país donde prevalece la impunidad.

Además, la amenaza se cumplió. La intención de apretar lo más posible al Poder Judicial de la Federación, alentada por legisladores y personas de la administración pública, para tenerlos donde ellos quieren, se materializó con reducciones históricas a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Consejo de la Judicatura Federal, quienes de por sí con la falta de recursos deberán arreglárselas para impartir justicia con menos.

Por otro lado, a este presupuesto podríamos llamarle el Presupuesto de los caprichos, ya que toda la fuerza financiera se fue para respaldar programas clientelares, como los que criticaban en el pasado, para poder entregar dádivas sin sentido y que, desde luego, no promueven el desarrollo. Habrá una Secretaría del Trabajo con mayores recursos, al igual que una Secretaría del Bienestar parcial, pero con más dinero que operar.

La infraestructura y obra pública brilló por su ausencia, pero sin olvidar proyectos como la refinería de Dos Bocas o el Tren Maya que, aún con su inviabilidad, se pueden jactar de sí tener recursos a diferencia de otras obras que incluso han quedado olvidadas por la falta de dinero para su culminación.

De la votación ya ni les platicamos. Lo mismo de siempre, ausencia de todo un grupo parlamentario, aplicación de mayorías, descalificación a la oposición, nula negociación y la sensación de creer que unos ganaron y otros perdieron cuando, en realidad, el único que pierde es el pueblo ante la ceguera de quienes hoy tienen la mayoría. El Presupuesto de Egresos 2020 es, simple y sencillamente, un golpe fuerte a las aspiraciones de soñar con un país más desarrollado y democrático.

La potestad tributaria del Estado se divide en tres actividades: el establecimiento de contribuciones manifestadas a través de la creación y aprobación de la Ley de Ingresos a cargo del Congreso de la Unión; la administración de las mismas a través de una autoridad como el SAT que determina quién ha cumplido o no con sus obligaciones, y la ejecución de lo recaudado a través el Presupuesto de Egresos que corresponde a la Cámara de Diputados.

A pesar de que todas son importantes, donde se materializa el poder financiero del Estado (que como sabemos es el poder originario del pueblo para decidir sobre su determinación y la forma en que cubrirá sus necesidades entendiendo las contribuciones como aportaciones ciudadanas para poder sostener a ese Estado), es en el ejercicio del gasto, ya que en él se plasma la postura económica, política y social de un gobierno y, sobre todo, es un medio para permitir el desarrollo del pueblo.

El Presupuesto de Egresos 2020 comenzó como terminó: mal. Un bloqueo del cual fue rehén la Cámara de Diputados obligó a no cumplir en tiempo con dicha obligación, orillando, incluso, a sesionar en una sede alterna ante la falta de acuerdos y toma de decisiones que permitieran preservar el Estado de Derecho.

En el contenido también quedaron cabos sueltos y una postura clara de la actual administración: más clientelismo, menos autonomía.

Para comenzar, se quitaron cantidades millonarias a órganos constitucionalmente autónomos como el INE, IFETEL, INAI y, preocupantemente, a la Fiscalía General de la República, sin importar que se encuentre en un complejo proceso de transición que requiere de todos los esfuerzos institucionales para operar adecuadamente, es decir, un claro desdén a la procuración de justicia en un país donde prevalece la impunidad.

Además, la amenaza se cumplió. La intención de apretar lo más posible al Poder Judicial de la Federación, alentada por legisladores y personas de la administración pública, para tenerlos donde ellos quieren, se materializó con reducciones históricas a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Consejo de la Judicatura Federal, quienes de por sí con la falta de recursos deberán arreglárselas para impartir justicia con menos.

Por otro lado, a este presupuesto podríamos llamarle el Presupuesto de los caprichos, ya que toda la fuerza financiera se fue para respaldar programas clientelares, como los que criticaban en el pasado, para poder entregar dádivas sin sentido y que, desde luego, no promueven el desarrollo. Habrá una Secretaría del Trabajo con mayores recursos, al igual que una Secretaría del Bienestar parcial, pero con más dinero que operar.

La infraestructura y obra pública brilló por su ausencia, pero sin olvidar proyectos como la refinería de Dos Bocas o el Tren Maya que, aún con su inviabilidad, se pueden jactar de sí tener recursos a diferencia de otras obras que incluso han quedado olvidadas por la falta de dinero para su culminación.

De la votación ya ni les platicamos. Lo mismo de siempre, ausencia de todo un grupo parlamentario, aplicación de mayorías, descalificación a la oposición, nula negociación y la sensación de creer que unos ganaron y otros perdieron cuando, en realidad, el único que pierde es el pueblo ante la ceguera de quienes hoy tienen la mayoría. El Presupuesto de Egresos 2020 es, simple y sencillamente, un golpe fuerte a las aspiraciones de soñar con un país más desarrollado y democrático.

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