/ sábado 3 de octubre de 2020

El panteón de San Fernando

Ahí está la tumba de Isadora Duncan. Aunque los restos mortales de la gran bailarina no reposan en ese sitio… Dicen que fue idea de Plutarco Elías Calles, “El Turco” realizar ese nicho porque estaba enamorado de la bailarina. Eso dicen. El Panteón de San Fernando, que se encuentra en el centro de la Ciudad de México, es uno de los camposantos más antiguos del país. El cementerio funcionó como sitio de entierro entre 1823 y 1872. Panteón en el que, pese a ellos mismos, liberales y conservadores, descansan juntos hasta la eternidad.

Aquí se encuentra la tumba de Benito Juárez. En este sitio, originalmente también estuvieron los restos de Miguel Miramón, el presidente más joven de México, pero su esposa Concepción Lombardo, al saber que el benemérito sería sepultado en el camposanto, en el cual se hallaban los restos de su marido, decidió inhumarlo y no permitir que quién había decretado su fusilamiento, reposara ni tantito así de cerca de su marido. Los restos de Miramón fueron trasladados a Puebla. También estuvo la tumba de Ignacio Zaragoza, aunque luego fueron llevados a otro lugar.

Está la tumba de Tomás Mejía, fusilado al lado de Maximiliano y Miramón. Se dice que Juárez conmovido por la pobreza económica de la esposa de Mejía, envió a la viuda recursos para que pudiera enterrar a su esposo, ya que su cadáver embalsamado había permanecido durante tres meses en su hogar. Esa tumba está cerca de la de Benito Juárez. Este cementerio -sin duda- además de sus leyendas, es un ejemplo de la arquitectura funeraria del siglo XIX.

En 1832 comenzó la construcción del actual Panteón de San Fernando. En 1833, tras ser concluido, el presidente Antonio López de Santa Anna, decretó la apertura de los panteones privados a todo público por la epidemia de cólera que azotaba al país. Hasta 1859 el Panteón de San Fernando perteneció a los frailes fernandinos, sin embargo, las leyes de Reforma expedidas por Benito Juárez, ordenaron la secularización de todos los cementerios y, en 1860, el gobierno tomó posesión del sitio.

Tras observar la importancia que tuvieron en vida algunos de sus moradores, el gobierno declaró al cementerio como Panteón de Hombres Ilustres. A partir de ese año, 1860, personajes como Melchor Ocampo, Miguel Lerdo de Tejada, Ignacio Comonfort, Ignacio Zaragoza y otros, fueron sepultados ahí. El último entierro celebrado en San Fernando fue el del mismo Juárez, quien fue inhumado en 1872. ¡Un cementerio de leyenda…!

Ahí está la tumba de Isadora Duncan. Aunque los restos mortales de la gran bailarina no reposan en ese sitio… Dicen que fue idea de Plutarco Elías Calles, “El Turco” realizar ese nicho porque estaba enamorado de la bailarina. Eso dicen. El Panteón de San Fernando, que se encuentra en el centro de la Ciudad de México, es uno de los camposantos más antiguos del país. El cementerio funcionó como sitio de entierro entre 1823 y 1872. Panteón en el que, pese a ellos mismos, liberales y conservadores, descansan juntos hasta la eternidad.

Aquí se encuentra la tumba de Benito Juárez. En este sitio, originalmente también estuvieron los restos de Miguel Miramón, el presidente más joven de México, pero su esposa Concepción Lombardo, al saber que el benemérito sería sepultado en el camposanto, en el cual se hallaban los restos de su marido, decidió inhumarlo y no permitir que quién había decretado su fusilamiento, reposara ni tantito así de cerca de su marido. Los restos de Miramón fueron trasladados a Puebla. También estuvo la tumba de Ignacio Zaragoza, aunque luego fueron llevados a otro lugar.

Está la tumba de Tomás Mejía, fusilado al lado de Maximiliano y Miramón. Se dice que Juárez conmovido por la pobreza económica de la esposa de Mejía, envió a la viuda recursos para que pudiera enterrar a su esposo, ya que su cadáver embalsamado había permanecido durante tres meses en su hogar. Esa tumba está cerca de la de Benito Juárez. Este cementerio -sin duda- además de sus leyendas, es un ejemplo de la arquitectura funeraria del siglo XIX.

En 1832 comenzó la construcción del actual Panteón de San Fernando. En 1833, tras ser concluido, el presidente Antonio López de Santa Anna, decretó la apertura de los panteones privados a todo público por la epidemia de cólera que azotaba al país. Hasta 1859 el Panteón de San Fernando perteneció a los frailes fernandinos, sin embargo, las leyes de Reforma expedidas por Benito Juárez, ordenaron la secularización de todos los cementerios y, en 1860, el gobierno tomó posesión del sitio.

Tras observar la importancia que tuvieron en vida algunos de sus moradores, el gobierno declaró al cementerio como Panteón de Hombres Ilustres. A partir de ese año, 1860, personajes como Melchor Ocampo, Miguel Lerdo de Tejada, Ignacio Comonfort, Ignacio Zaragoza y otros, fueron sepultados ahí. El último entierro celebrado en San Fernando fue el del mismo Juárez, quien fue inhumado en 1872. ¡Un cementerio de leyenda…!

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