/ sábado 29 de junio de 2019

El niño artillero

La estampa en color sepia atrae de inmediato. Es una batalla. Ahí está un niño de aproximadamente 12 años, con una antorcha acercándose a un cañón. La batalla en mención se desarrolló en Cuautla, Morelos. El ejército de Félix María Calleja estaba por tomar el barrio de San Diego. La resistencia insurgente fue brava. Sin embargo, las fuerzas reales dominaban en el campo de batalla y avanzaron hacia el centro de la ciudad; los rebeldes se retiraban en desorden. Nadie reparaba que en una calle despejada se encontraba un cañón abandonado. Ahí en ese lugar se escribió uno de los momentos más brillantes en la defensa de la insurgencia y de la independencia mexicana. Frente a ese cañón estaba Narciso Mendoza. El niño nació en el año 1800 en Cuautla, hoy Estado de Morelos. Narciso era uno de los niños que jugaba a ser soldado al lado de Juan Nepomuceno Almonte, hijo de José Ma. Morelos y Pavón. El generalísimo de los ejércitos insurgentes les llamó: la tropa infantil de Los Emulantes. Y quien estaba al frente de esta escuadra era el hijo de El Siervo de la Nación. Pues frente a ese niño estaba el cañón. Cuautla parecía ganada por los realistas de Calleja. La defensa realizada por los Galeana, Los Bravo y Matamoros, sucumbía. Y cuando ya gritaban con entusiasmo los realistas, Narciso Mendoza acercó la tea a la mecha y prendió el cañón, haciendo blanco ante los soldados. Varios realistas cayeron y los demás, desconcertados, creyendo que los insurgentes se habían reorganizado, retrocedieron. Hermenegildo Galeana reacomodó sus tropas y con el auxilio de Morelos y Leonardo Bravo rechazaron al ejército, derrotándolo. Morelos mismo felicitó al niño Narciso frente a la tropa, ante la que le dio el grado de alférez. Años después la historia perdió de vista al “niño artillero”, sin embargo, se sabe que en 1863 Narciso Mendoza vivió y trabajó en la población de Juan Bautista, hoy Villahermosa, Tabasco. Las autoridades municipales le dieron empleo como guardafaroles, siendo la persona encargada de encender y apagar esas luminarias en la pequeña comunidad. Narciso Mendoza escribió a Juan Nepomuceno, con quien había sido compañero de batallas, pidiéndole apoyo para regresar a su natal Cuautla, ayuda que nunca llegó. Sin embargo, con el apoyo de las autoridades municipales, Narciso Mendoza abandonó Ciudad del Carmen en septiembre de 1864. En la casa que habitó Narciso Mendoza se encuentra una lápida de mármol en la que se indica que en ese predio habitó el héroe de Cuautla, El Niño Artillero.

La estampa en color sepia atrae de inmediato. Es una batalla. Ahí está un niño de aproximadamente 12 años, con una antorcha acercándose a un cañón. La batalla en mención se desarrolló en Cuautla, Morelos. El ejército de Félix María Calleja estaba por tomar el barrio de San Diego. La resistencia insurgente fue brava. Sin embargo, las fuerzas reales dominaban en el campo de batalla y avanzaron hacia el centro de la ciudad; los rebeldes se retiraban en desorden. Nadie reparaba que en una calle despejada se encontraba un cañón abandonado. Ahí en ese lugar se escribió uno de los momentos más brillantes en la defensa de la insurgencia y de la independencia mexicana. Frente a ese cañón estaba Narciso Mendoza. El niño nació en el año 1800 en Cuautla, hoy Estado de Morelos. Narciso era uno de los niños que jugaba a ser soldado al lado de Juan Nepomuceno Almonte, hijo de José Ma. Morelos y Pavón. El generalísimo de los ejércitos insurgentes les llamó: la tropa infantil de Los Emulantes. Y quien estaba al frente de esta escuadra era el hijo de El Siervo de la Nación. Pues frente a ese niño estaba el cañón. Cuautla parecía ganada por los realistas de Calleja. La defensa realizada por los Galeana, Los Bravo y Matamoros, sucumbía. Y cuando ya gritaban con entusiasmo los realistas, Narciso Mendoza acercó la tea a la mecha y prendió el cañón, haciendo blanco ante los soldados. Varios realistas cayeron y los demás, desconcertados, creyendo que los insurgentes se habían reorganizado, retrocedieron. Hermenegildo Galeana reacomodó sus tropas y con el auxilio de Morelos y Leonardo Bravo rechazaron al ejército, derrotándolo. Morelos mismo felicitó al niño Narciso frente a la tropa, ante la que le dio el grado de alférez. Años después la historia perdió de vista al “niño artillero”, sin embargo, se sabe que en 1863 Narciso Mendoza vivió y trabajó en la población de Juan Bautista, hoy Villahermosa, Tabasco. Las autoridades municipales le dieron empleo como guardafaroles, siendo la persona encargada de encender y apagar esas luminarias en la pequeña comunidad. Narciso Mendoza escribió a Juan Nepomuceno, con quien había sido compañero de batallas, pidiéndole apoyo para regresar a su natal Cuautla, ayuda que nunca llegó. Sin embargo, con el apoyo de las autoridades municipales, Narciso Mendoza abandonó Ciudad del Carmen en septiembre de 1864. En la casa que habitó Narciso Mendoza se encuentra una lápida de mármol en la que se indica que en ese predio habitó el héroe de Cuautla, El Niño Artillero.

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