/ sábado 22 de agosto de 2020

Carlos Reinoso Valdenegro

Jugar futbol en un estadio vació es lo más triste que le sucede a un futbolista.

Mirar un estadio vacío, es un sinsabor en el ánimo del aficionado.

Las gradas vacías son dueñas de un aburrimiento desgarrador, se adhiere a ellas solamente la facultad de la indiferencia.

Y sin embargo el futbol, sigue siendo futbol.


La pandemia ha vaciado los estadios. También lo estaban logrando los comportamientos de los jugadores, preocupados más porque “les marquen falta”, que por brindar un espectáculo en favor del respetable.

Por ello los viejos aficionados recurren a la memoria para contar las hazañas con las que algunos jugadores le dieron un toque distinto al balompié.


Destaca entre ellos, el de uno de los grandes futbolistas que llegaron de otras tierras a nuestro país y que jugaban los grandes “clásicos” con la misma entrega, que cuando no les pagaban. “¡Jugaban por amor a la camiseta!”


Nos referimos a Carlos Reinoso.


Llegó desde Santiago de Chile.

Carlos Reinoso se incorporó al futbol mexicano con el equipo América en 1970.

Ese año su equipo logró el campeonato y Reinoso fue considerado el mejor jugador de la temporada.

A Reinoso se le identificaba desde lejos por su forma de juego y por el incansable número 8 en la espalda.

Carlos fue el distintivo de toda la organización de Coapa, sus anotaciones, jugadas, pases y goles, están en la retina de los aficionados; “¡el golazo al Loco Gatti del Boca Juniors!” en tiro de castigo en el último minuto de juego, durante el cual, el cronista Ángel Fernández narró que ese era “el instante mágico, el instante de un mago del futbol… de un genio”. ¡Fue de lo mejor, recuerda la afición!


No se olvidan las anotaciones a su acérrimo rival: Las chivas. El gol de rabona a Ignacio Calderón en la final contra la UDG, los pases que le dio a Borja para que el delantero lograra ser campeón de goleo.

Todo ello lo hizo el distintivo del América. No es exagerado decir que cuando Reinoso jugaba, la mitad del estadio acudía a aplaudirle y a reconocerle, mientras la otra mitad acudía a mostrarle su rechazo; pero al final, se llenaban los estadios. Hoy ya no.


Carlos Reinoso salió de Coapa en 1979, de ahí se fue a jugar al “Coyotes Neza”. Y posteriormente inicio su carrera como entrenador.

Logró con el equipo América el título de campeón en la temporada 1983-1984 haciendo de ese conjunto futbolero un cuadro que salía a la cancha a jugar con garra, con entrega, con la pasión dominguera de quien juega la primer “cascarita en el barrio”.


Carlos Reinoso se quedó a vivir en México y su contribución al deporte más popular del mundo estará vigente… siempre.



Jugar futbol en un estadio vació es lo más triste que le sucede a un futbolista.

Mirar un estadio vacío, es un sinsabor en el ánimo del aficionado.

Las gradas vacías son dueñas de un aburrimiento desgarrador, se adhiere a ellas solamente la facultad de la indiferencia.

Y sin embargo el futbol, sigue siendo futbol.


La pandemia ha vaciado los estadios. También lo estaban logrando los comportamientos de los jugadores, preocupados más porque “les marquen falta”, que por brindar un espectáculo en favor del respetable.

Por ello los viejos aficionados recurren a la memoria para contar las hazañas con las que algunos jugadores le dieron un toque distinto al balompié.


Destaca entre ellos, el de uno de los grandes futbolistas que llegaron de otras tierras a nuestro país y que jugaban los grandes “clásicos” con la misma entrega, que cuando no les pagaban. “¡Jugaban por amor a la camiseta!”


Nos referimos a Carlos Reinoso.


Llegó desde Santiago de Chile.

Carlos Reinoso se incorporó al futbol mexicano con el equipo América en 1970.

Ese año su equipo logró el campeonato y Reinoso fue considerado el mejor jugador de la temporada.

A Reinoso se le identificaba desde lejos por su forma de juego y por el incansable número 8 en la espalda.

Carlos fue el distintivo de toda la organización de Coapa, sus anotaciones, jugadas, pases y goles, están en la retina de los aficionados; “¡el golazo al Loco Gatti del Boca Juniors!” en tiro de castigo en el último minuto de juego, durante el cual, el cronista Ángel Fernández narró que ese era “el instante mágico, el instante de un mago del futbol… de un genio”. ¡Fue de lo mejor, recuerda la afición!


No se olvidan las anotaciones a su acérrimo rival: Las chivas. El gol de rabona a Ignacio Calderón en la final contra la UDG, los pases que le dio a Borja para que el delantero lograra ser campeón de goleo.

Todo ello lo hizo el distintivo del América. No es exagerado decir que cuando Reinoso jugaba, la mitad del estadio acudía a aplaudirle y a reconocerle, mientras la otra mitad acudía a mostrarle su rechazo; pero al final, se llenaban los estadios. Hoy ya no.


Carlos Reinoso salió de Coapa en 1979, de ahí se fue a jugar al “Coyotes Neza”. Y posteriormente inicio su carrera como entrenador.

Logró con el equipo América el título de campeón en la temporada 1983-1984 haciendo de ese conjunto futbolero un cuadro que salía a la cancha a jugar con garra, con entrega, con la pasión dominguera de quien juega la primer “cascarita en el barrio”.


Carlos Reinoso se quedó a vivir en México y su contribución al deporte más popular del mundo estará vigente… siempre.



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