/ sábado 23 de noviembre de 2019

Benita Galeana: forjadora de libertades

A lo largo de la historia se pretendió que el sexo marcara el género. Y en una sociedad machista, nacer mujer, “era nacer débil”. Era ser limitada. Era y debía permanecer callada. Era ser sombra del hombre. Era No ser. La lucha por manifestarse y hacerse escuchar, ha sido mucha por parte de las mujeres. Casi todas han sido “incómodas para la sociedad”. Incluso para sus familias. Pero aquí estamos ante un ser humano de talla elevada. De moral recia. De quien no tolerando el maltrato alzó la voz e irguió la figura. Benita Galeana. Su rebeldía ante la injusticia fue el duro sendero por el que fue apresada varias veces. Aspiraba a que las mujeres fuesen visibles, fuesen ciudadanas, con todos los derechos.

Benita Galeana nació en San Jerónimo, en el estado de Guerrero, el 10 de septiembre de 1907. Fue hija de un rico hacendado de nombre Genaro Galeana. A los dos años de edad, tras la muerte de su madre, fue llevada a vivir con su hermana mayor, Camila, quien la sometió a una vida de trabajo e insultos constantes. Un día Benita “agarró camino” y llegó a la ciudad de México en la década de los 20. Unida con Manuel Rodríguez, conoció al Partido Comunista Mexicano; ahí inició su militancia, en mítines de denuncia por la situación que vivían las y los trabajadores. Escuchando a los oradores, Benita se educó en la lucha política. Se convirtió en una oradora recia, rotunda, coherente, con enorme capacidad de arrastre.

Por sus actividades políticas fue detenida en 58 ocasiones, golpeada y descalabrada varias veces. Participó en 1935 en la creación del Frente Único ProDerechos de la Mujer, ayudando a la organización, defensa de las trabajadoras más desprotegidas y por el derecho al descanso materno. Benita aprendió a leer y escribir en 1936. Tuvo una hija llamada Lilia, quien murió a los 27 años. Ya casada con el periodista Mario Gil, Benita adoptó seis hijas. Fue amiga de grandes personajes: José Revueltas, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo, Diego Rivera y Fidel Castro, entre otros. En 1940 escribió su autobiografía: “Benita”, en una máquina de escribir prestada. Siempre estuvo con la causa de las mujeres. Diversas organizaciones de mujeres conformadas en coordinadoras adoptaron el nombre de la luchadora social. La aguerrida Benita murió a los 91 años de edad. Pero su vida y ejemplo resuenan aún hoy cada vez que una mujer defiende su derecho a la ciudadanía, a ejercer la libertad de expresión.

A lo largo de la historia se pretendió que el sexo marcara el género. Y en una sociedad machista, nacer mujer, “era nacer débil”. Era ser limitada. Era y debía permanecer callada. Era ser sombra del hombre. Era No ser. La lucha por manifestarse y hacerse escuchar, ha sido mucha por parte de las mujeres. Casi todas han sido “incómodas para la sociedad”. Incluso para sus familias. Pero aquí estamos ante un ser humano de talla elevada. De moral recia. De quien no tolerando el maltrato alzó la voz e irguió la figura. Benita Galeana. Su rebeldía ante la injusticia fue el duro sendero por el que fue apresada varias veces. Aspiraba a que las mujeres fuesen visibles, fuesen ciudadanas, con todos los derechos.

Benita Galeana nació en San Jerónimo, en el estado de Guerrero, el 10 de septiembre de 1907. Fue hija de un rico hacendado de nombre Genaro Galeana. A los dos años de edad, tras la muerte de su madre, fue llevada a vivir con su hermana mayor, Camila, quien la sometió a una vida de trabajo e insultos constantes. Un día Benita “agarró camino” y llegó a la ciudad de México en la década de los 20. Unida con Manuel Rodríguez, conoció al Partido Comunista Mexicano; ahí inició su militancia, en mítines de denuncia por la situación que vivían las y los trabajadores. Escuchando a los oradores, Benita se educó en la lucha política. Se convirtió en una oradora recia, rotunda, coherente, con enorme capacidad de arrastre.

Por sus actividades políticas fue detenida en 58 ocasiones, golpeada y descalabrada varias veces. Participó en 1935 en la creación del Frente Único ProDerechos de la Mujer, ayudando a la organización, defensa de las trabajadoras más desprotegidas y por el derecho al descanso materno. Benita aprendió a leer y escribir en 1936. Tuvo una hija llamada Lilia, quien murió a los 27 años. Ya casada con el periodista Mario Gil, Benita adoptó seis hijas. Fue amiga de grandes personajes: José Revueltas, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo, Diego Rivera y Fidel Castro, entre otros. En 1940 escribió su autobiografía: “Benita”, en una máquina de escribir prestada. Siempre estuvo con la causa de las mujeres. Diversas organizaciones de mujeres conformadas en coordinadoras adoptaron el nombre de la luchadora social. La aguerrida Benita murió a los 91 años de edad. Pero su vida y ejemplo resuenan aún hoy cada vez que una mujer defiende su derecho a la ciudadanía, a ejercer la libertad de expresión.

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